En un momento en que la inteligencia artificial redefine las prioridades industriales a escala global, Google anunció subidas de precio de entre 50 y 100 dólares en su línea Pixel y recortó la memoria RAM en modelos básicos, trasladando al consumidor el costo de una escasez de componentes que los gigantes tecnológicos han provocado al acaparar la capacidad mundial de fabricación. Lo que antes era una tensión invisible entre bastidores —la competencia feroz por silicio entre centros de datos y fabricantes de dispositivos— se convierte ahora en una cifra concreta en el recibo del comprador. Este