En la política, las lealtades tienen fecha de vencimiento. Cinco meses después de prometer luchar sin descanso por la liberación de Nicolás Maduro, el gobierno interino de Delcy Rodríguez lo ha borrado silenciosamente de la agenda diplomática venezolana, omitiendo su nombre en cinco rondas de negociación con la oposición. Lo que guía este giro no es la traición por principio, sino la aritmética del poder: Rodríguez necesita el respaldo de Washington para sobrevivir, y Washington no negocia por Maduro.