En Colombia, el gobierno de De la Espriella retoma una vieja apuesta del Estado: arrancar a los capos de sus redes cortando el único hilo que aún los une a ellas, la comunicación. Al trasladar a los extorsionistas más peligrosos del país a buques adaptados en el Caribe y el Pacífico, la administración replica una fórmula ensayada en 2007 con jefes paramilitares, reconociendo que las rejas convencionales no bastan cuando el crimen se gobierna desde adentro. La medida abre, una vez más, la tensión permanente entre la eficacia del Estado y los límites que la dignidad humana le impone.
Gobierno trasladaría a capos de extorsión a buques cárcel en Caribe y Pacífico
La estrategia afectaría directamente a decenas de reclusos trasladados a buques cárcel, limitando sus derechos a visitas familiares, comunicaciones y procesos de resocialización.