Las consecuencias de la inacción se aceleran cada día
En las cumbres del Himalaya y el Hindu Kush, donde el hielo ha guardado silencio durante milenios, la humanidad contempla ahora su propia fragilidad. Un informe del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas advierte que estos glaciares podrían perder hasta el 80% de su volumen antes de 2100, poniendo en riesgo el agua dulce de la que dependen 2.000 millones de personas en 16 países. Lo que se derrite en las alturas no es solo hielo: es el fundamento de civilizaciones enteras construidas río abajo, a lo largo de siglos de confianza en ese flujo constante.
- Los glaciares del Himalaya se derriten un 65% más rápido que en los años noventa, una aceleración que supera incluso las predicciones más pesimistas de la ciencia climática.
- Doce ríos alimentados por este hielo sostienen la vida de 2.000 millones de personas en países como China, India y Pakistán, y su colapso amenaza con desencadenar primero inundaciones devastadoras y luego sequías prolongadas.
- Las comunidades de montaña ya sufren la desincronización de las estaciones: los pastos quedan cubiertos de nieve en momentos equivocados, los yaks mueren de hambre y los agricultores pierden sus medios de vida sin red de protección.
- Científicos y líderes del ICIMOD advierten que la ventana para actuar se cierra rápidamente, mientras los tres pilares de la acción climática —mitigación, adaptación y compensación por pérdidas— permanecen estancados o retroceden.
En las alturas del Himalaya y el Hindu Kush, una transformación silenciosa amenaza con reconfigurar la vida de miles de millones de personas. Un informe publicado esta semana por el Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas en Nepal advierte que los glaciares de la región podrían perder hasta el 80% de su volumen antes de que termine el siglo, dependiendo de cuánto se permita que suban las temperaturas globales.
La escala del problema es difícil de asimilar: 4,1 millones de kilómetros cuadrados de hielo y nieve que alimentan doce ríos principales y proveen agua dulce a aproximadamente 2.000 millones de personas en 16 países. Durante la década de 2010, el derretimiento se aceleró un 65% respecto a los años noventa. Los escenarios proyectados son progresivamente más sombríos: con un calentamiento de 1,5 grados se perdería al menos un tercio de los glaciares; con 4 grados, hasta el 80%.
Para los 240 millones de personas que viven directamente en la región, el impacto ya es tangible. Los patrones de nieve se han desincronizado con las estaciones naturales, arruinando pastos y cultivos. En India, Nepal y Bután, yaks han muerto de hambre, dejando a familias enteras sin ingresos. El ciclo destructivo es cruel: primero llegan las inundaciones que arrasan las tierras, luego la sequía cuando las fuentes se agotan, y entre medias, deslizamientos de tierra en laderas cada vez más inestables.
Los ecosistemas tampoco escapan: catorce especies de mariposas ya se han extinguido en las colinas Murree de Pakistán, y las ranas endémicas enfrentan deformidades reproductivas. Especialistas como Amina Maharjan del ICIMOD subrayan que la agricultura, la ganadería y el turismo de montaña no son solo economía para estas comunidades, sino la base misma de su existencia cultural.
Frente a este panorama, voces como la de Saleemul Huq advierten que la acción climática global está estancada en sus tres frentes fundamentales. Izabella Koziell, del ICIMOD, lo resume sin rodeos: las consecuencias de perder esta criosfera son demasiado grandes para contemplarlas, y el tiempo para actuar no es el futuro. Es ahora.
En las alturas del Himalaya y el Hindu Kush, donde los picos más altos del mundo tocan el cielo, ocurre una transformación silenciosa y devastadora. Los glaciares que han permanecido durante milenios están desapareciendo a una velocidad que ha sorprendido incluso a los científicos más pesimistas. Un informe publicado esta semana por el Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas en Nepal advierte que estos glaciares podrían perder hasta el 80% de su volumen antes de que termine el siglo, una perspectiva que tiene implicaciones catastróficas para miles de millones de personas.
La magnitud del área en cuestión es difícil de comprender: 4,1 millones de kilómetros cuadrados que se extienden desde Afganistán en occidente hasta Myanmar en oriente. Durante la década de 2010, los glaciares de esta región se derritieron un 65% más rápido que en los años noventa, una aceleración que refleja el calentamiento ya en marcha. Los números son alarmantes, pero lo que realmente importa es lo que significa para la vida humana. Doce ríos principales nacen de este hielo y nieve, y esos ríos son la fuente de agua dulce para aproximadamente 2.000 millones de personas distribuidas en 16 países, entre ellos China, India y Pakistán. Cuando el hielo desaparece, primero viene el exceso de agua en forma de inundaciones devastadoras, y después, el silencio seco de la sequía.
Los escenarios que los científicos contemplan son cada vez más sombríos. En 2019, el mismo grupo publicó proyecciones que sugerían que incluso en el mejor de los casos, si el calentamiento global se limitaba a 1,5 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales, la región perdería al menos un tercio de sus glaciares. Esas proyecciones ya han empeorado. Con un calentamiento de entre 1,5 y 2 grados, la pérdida sería de entre 30% y 50% del volumen total para 2100. Si el mundo permite que las temperaturas suban más de 3 grados centígrados, los glaciares de Nepal y Bután en el este del Himalaya corren el riesgo de perder el 75% de su hielo, y si se alcanza un aumento de 4 grados, esa cifra sube hasta el 80%. La Organización Meteorológica Mundial proyecta que entre 2023 y 2027, la temperatura media anual global será entre 1,1 y 1,8 grados centígrados más alta que el promedio de 1850 a 1900, lo que significa que ya estamos en territorio peligroso.
La vida en las montañas del Hindu Kush Himalaya es frágil y está profundamente conectada a los ciclos del hielo y el agua. Alrededor de 240 millones de personas viven directamente en la región, muchas de ellas en comunidades cuyas culturas se remontan miles de años atrás. Otros 1.650 millones viven río abajo, dependiendo del agua que fluye desde estas alturas. Las comunidades de alta montaña utilizan las aguas glaciales para regar sus cultivos y mantener su ganado. Pero el derretimiento acelerado trae consigo un ciclo destructivo: primero inundaciones que arasan las tierras de cultivo, luego sequías prolongadas cuando las fuentes de agua se secan. La erosión de las laderas de los glaciares aumenta además la probabilidad de deslizamientos de tierra y avalanchas, multiplicando los peligros para millones de personas.
Amina Maharjan, especialista sénior en medios de vida y migración en el ICIMOD, explica que para estas comunidades, la agricultura, la ganadería, el turismo y las plantas medicinales y aromáticas no son simplemente actividades económicas, sino la base de su existencia. Lo que el análisis reveló es que todos estos sectores son extremadamente sensibles a cambios leves en las condiciones climáticas. Los patrones de nieve ya están fuera de sincronización con las estaciones naturales, cubriendo los pastos en momentos inapropiados y reduciendo las tierras disponibles para que el ganado paste. En los últimos años, yaks han muerto de hambre en India, Nepal y Bután, dejando a los agricultores con pérdidas de ingresos devastadoras. La lejanía y el terreno accidentado de estas regiones significa que cuando ocurren desastres, las comunidades a menudo carecen de acceso a respuestas inmediatas.
Los ecosistemas de la región también están bajo asedio. Catorce especies de mariposas ya se han extinguido de las colinas Murree en Pakistán. Las ranas endémicas, que viven únicamente en estas montañas, enfrentan problemas de reproducción y deformidades en el desarrollo. Los bosques tropicales y subtropicales, los bosques templados de coníferas y los desiertos fríos que caracterizan la región están experimentando cambios adversos que amenazan la vida silvestre única que depende de estos ecosistemas.
Saleemul Huq, director del Centro Internacional para el Cambio Climático y el Desarrollo en Bangladesh, ofrece una evaluación desgarradora de la situación global: en los tres pilares de la acción climática, en mitigación, adaptación y pérdidas y daños, estamos estancados o yendo por el camino equivocado, mientras que las consecuencias de la inacción se aceleran cada día. Izabella Koziell, subdirectora general del ICIMOD, es más directa: con 2.000 millones de personas en Asia que dependen del agua contenida en estos glaciares y esta nieve, las consecuencias de perder esta criosfera son demasiado grandes para contemplarlas. Necesitamos líderes que actúen ahora para prevenir catástrofes. El tiempo para la acción no es el futuro. Es ahora.
Citas Notables
En los tres pilares de la acción climática estamos estancados o yendo por el camino equivocado; mientras que las consecuencias de la inacción se aceleran día a día— Saleemul Huq, director del Centro Internacional para el Cambio Climático y el Desarrollo en Bangladesh
Con 2.000 millones de personas en Asia que dependen del agua que contienen los glaciares y la nieve aquí, las consecuencias de perder esta criosfera son demasiado grandes para contemplarlas. Necesitamos líderes que actúen ahora para prevenir catástrofes— Izabella Koziell, subdirectora general del ICIMOD
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué estos glaciares específicos importan más que otros en el mundo?
Porque alimentan a más gente. Doce ríos principales nacen de este hielo. Dos mil millones de personas dependen de esa agua. Es una concentración de vulnerabilidad humana que no existe en muchos otros lugares.
¿Qué significa realmente perder el 80% del hielo para una persona que vive en una aldea de montaña?
Significa que primero habrá inundaciones que destruirán sus cultivos. Luego, cuando el hielo se agote, vendrá la sequía. Sus yaks morirán de hambre. No podrá regar sus campos. Su forma de vida desaparecerá.
¿Hay algo que pueda detener esto?
Técnicamente, sí. Si limitamos el calentamiento a 1,5 grados, perdemos solo un tercio de los glaciares. Pero ya estamos en 1,1 a 1,8 grados. Cada décima de grado cuenta ahora.
¿Por qué las especies como las ranas endémicas son importantes en esta historia?
Porque son un indicador. Si las ranas no pueden reproducirse, si las mariposas desaparecen, significa que el ecosistema entero está colapsando. Y los humanos dependen de ese ecosistema, aunque no lo vean.
¿Qué diferencia hay entre este informe y el de 2019?
Las proyecciones han empeorado. En 2019 pensaban que en el mejor escenario perderíamos un tercio. Ahora saben que perderemos más. La realidad está superando las predicciones más pesimistas.