La próxima pandemia podría ser una infección resistente a los medicamentos
El virus Nipah, con tasa de mortalidad del 40-75%, es identificado como potencial próxima amenaza pandémica sin preparación farmacéutica actual. Diez de dieciséis enfermedades de alto riesgo identificadas por la OMS carecen de proyectos en las tuberías de las grandes farmacéuticas.
- Virus Nipah: tasa de mortalidad del 40-75%, sin proyectos farmacéuticos en desarrollo
- Diez de dieciséis enfermedades de alto riesgo de la OMS carecen de proyectos en tuberías de grandes farmacéuticas
- Sesenta y cuatro de ciento cincuenta y cuatro productos no tienen estrategia de acceso en ciento seis países examinados
- Países de bajos y medianos ingresos enfrentan más del 80% de la carga mundial de enfermedades
Un informe de la Access to Medicine Foundation advierte que las principales empresas farmacéuticas no están preparadas para futuras pandemias, con al menos diez enfermedades infecciosas mortales identificadas por la OMS sin proyectos de desarrollo.
Mientras el mundo aún lucha contra el COVID-19, una organización independiente holandesa acaba de publicar un diagnóstico inquietante: las farmacéuticas más grandes del planeta no están preparadas para la próxima pandemia. El informe de la Access to Medicine Foundation, financiado por gobiernos europeos y la Fundación Bill & Melinda Gates, examina a veinte de las principales compañías farmacéuticas y su capacidad para responder a amenazas de salud global. Lo que encontró fue un vacío preocupante.
De las dieciséis enfermedades infecciosas que la Organización Mundial de la Salud ha identificado como los mayores riesgos para la salud pública, al menos diez no tienen ni un solo proyecto en desarrollo en los laboratorios de estas gigantes. Entre ellas está el virus Nipah, un patógeno que causa inflamación cerebral y problemas respiratorios graves, con una tasa de mortalidad que oscila entre el 40 y el 75 por ciento dependiendo de dónde brote. Jayasree K Iyer, director ejecutivo de la fundación, señaló que Nipah podría "explotar en cualquier momento". Los brotes documentados en Bangladesh e India probablemente estuvieron vinculados al consumo de jugo de palmera datilera contaminado. Los murciélagos frugívoros son el reservorio natural del virus.
La lista de enfermedades desatendidas incluye también la fiebre del valle del Rift, común en el África subsahariana, así como el MERS y el SARS, dos enfermedades respiratorias causadas por coronavirus que tienen tasas de mortalidad mucho más altas que el COVID-19, aunque son menos transmisibles. La paradoja es evidente: durante años los expertos advirtieron que nuevos coronavirus podrían desencadenar una emergencia sanitaria global, pero cuando llegó el COVID-19, la industria farmacéutica no tenía ni un solo proyecto sobre enfermedades coronavirales en sus tuberías de desarrollo. Solo cuando la pandemia se convirtió en realidad global, las compañías movilizaron recursos y desarrollaron en cuestión de meses varias vacunas. Hoy hay sesenta y tres vacunas y medicamentos contra el COVID-19 aprobados o en desarrollo.
La amenaza que preocupa más a Iyer, sin embargo, podría ser aún más silenciosa: la resistencia antimicrobiana. Las superbacterias resistentes a los medicamentos están proliferando, en parte porque muchos países de bajos ingresos carecen de acceso a antibióticos básicos. La tuberculosis, una enfermedad que alguna vez se creyó erradicable, ahora se está propagando en algunas comunidades en forma de cepas resistentes a múltiples fármacos. "Tenemos antibióticos que aún funcionan, pero se está acabando el tiempo para desarrollar reemplazos", advirtió Iyer. Sin una acción decidida de la industria farmacéutica, una "pandemia de resistencia antimicrobiana" no solo es impensable, sino inevitable.
El informe monitorea cómo veinte compañías farmacéuticas distribuyen sus medicamentos para ochenta y dos enfermedades en países de ingresos bajos a medianos. Los esfuerzos de desarrollo continúan concentrándose en un puñado de enfermedades: VIH/SIDA, tuberculosis, malaria, COVID-19 y cáncer. GSK encabeza el índice de acceso, seguida por Novartis, Johnson & Johnson y AstraZeneca. Pfizer, bajo el liderazgo de Albert Bourla, ingresó al top cinco por primera vez este año, después de comenzar a planificar el acceso a todos sus productos dos años antes del lanzamiento. Takeda, la compañía japonesa, incluye en su estrategia para la vacuna del dengue el compromiso de registrar el producto en países endémicos, licencias voluntarias y precios escalonados.
Pero los compromisos no siempre se traducen en realidad. De los ciento cincuenta y cuatro productos analizados, sesenta y cuatro no están cubiertos por ninguna estrategia de acceso —precios equitativos, licencias voluntarias o donaciones— en ninguno de los ciento seis países examinados. Esto significa que incluso años después de su lanzamiento, muchos medicamentos no llegan a las poblaciones que más los necesitan. Los países de bajos y medianos ingresos enfrentan más del ochenta por ciento de la carga mundial de enfermedades, pero son los últimos en recibir tratamientos nuevos.
Iyer planea una gira virtual en febrero para alertar a los inversores de las farmacéuticas sobre estos hallazgos, esperando presionar a las compañías para que actúen. Emma Walmsley, directora ejecutiva de GSK, respondió con un comunicado reafirmando el compromiso de su empresa con la investigación y el acceso a medicamentos para enfermedades de salud global, pandemias futuras y resistencia antimicrobiana. Pero el informe sugiere que las palabras deben convertirse en acción urgente. La próxima pandemia no espera a que la industria esté lista.
Citas Notables
Nipah podría explotar en cualquier momento. La próxima pandemia podría ser una infección resistente a los medicamentos.— Jayasree K Iyer, director ejecutivo de Access to Medicine Foundation
Una pandemia de resistencia antimicrobiana no solo es impensable, es inevitable, a menos que la industria farmacéutica se comprometa seriamente a desarrollar antibióticos de reemplazo.— Jayasree K Iyer, Access to Medicine Foundation
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué una organización holandesa está monitoreando lo que hacen las farmacéuticas estadounidenses y europeas?
Porque el acceso a medicamentos es un problema global. La Access to Medicine Foundation fue creada precisamente para presionar a la industria a pensar más allá de los mercados ricos. Si una enfermedad emerge en Bangladesh o en el Sahel, no podemos esperar años para que llegue un tratamiento.
El informe dice que diez de dieciséis enfermedades de alto riesgo no tienen proyectos en desarrollo. ¿Eso significa que nadie está trabajando en ellas?
Exactamente. Significa que si el Nipah brota mañana en una ciudad grande, no hay una vacuna lista, no hay un medicamento en fase avanzada. Tenemos que empezar desde cero. Con el COVID pasó lo mismo: no había nada en las tuberías hasta que fue demasiado tarde.
Pero las farmacéuticas dicen que están comprometidas con la salud global. ¿No es suficiente?
Los compromisos son fáciles. Lo difícil es que sesenta y cuatro de ciento cincuenta y cuatro productos no llegan a ciento seis países examinados, incluso años después de lanzarse. El dinero sigue yendo a donde está el dinero: cáncer, VIH en países ricos. Las enfermedades que matan a los pobres no son rentables.
¿Qué es lo que más asusta del informe?
La resistencia antimicrobiana. Porque no es una enfermedad nueva que podamos no ver venir. Ya está aquí. La tuberculosis resistente a múltiples fármacos ya está matando gente. Y si no desarrollamos antibióticos nuevos ahora, en veinte años cualquier infección podría ser mortal. Es como si estuviéramos desarmándonos a nosotros mismos.
¿Qué debería pasar ahora?
La industria necesita repensar cómo asigna recursos. No solo en respuesta a crisis, sino anticipándose. Y los gobiernos necesitan presionar, con dinero y regulación. Iyer va a hablar con inversores en febrero. Eso importa porque el dinero es lo que habla en estos espacios.