No va a haber chimeneas, pero sí habrá transformación
En un momento en que Europa busca distribuir su capacidad tecnológica más allá de los grandes centros urbanos, Galicia ha conseguido albergar una de las seis nuevas fábricas de inteligencia artificial aprobadas por la Comisión Europea. Con 65 millones de euros destinados a la investigación sanitaria y biotecnológica, la región atlántica se sitúa junto a Alemania y Polonia como territorios con dos instalaciones de este tipo en el continente. La anécdota de los alcaldes que imaginaban chimeneas donde habrá algoritmos no es una curiosidad menor: recuerda que el ritmo del cambio tecnológico siempre supera, al menos por un instante, la capacidad humana de comprenderlo.
- Galicia logra una de las seis nuevas fábricas europeas de IA, convirtiéndose en la segunda región española con esta distinción, tras Barcelona.
- La confusión de algunos alcaldes gallegos —que ofrecieron terrenos industriales imaginando chimeneas y cadenas de montaje— expone la brecha digital que persiste en las administraciones locales.
- La fábrica 1HealthAI, liderada por el Cesga y el CSIC, combinará un supercomputador de última generación con acceso gratuito para empresas e investigadores del sector sanitario y biotecnológico.
- Con 41 millones de euros europeos, 24 del Estado y 17 de la Xunta, el proyecto promete atraer talento, impulsar startups y acelerar la innovación en ciencias de la vida en toda la región.
Galicia acaba de asegurar algo que pocos territorios europeos logran: una de las seis nuevas fábricas de inteligencia artificial que la Comisión Europea ha decidido distribuir por el continente. Son 65 millones de euros destinados a impulsar la investigación sanitaria, y un reconocimiento que coloca a la región junto a Alemania y Polonia como los únicos países con dos instalaciones de este tipo. España ya tenía la del Barcelona Supercomputing Center; ahora tiene una segunda, en el noroeste atlántico.
Pero la historia tiene una escena reveladora. Cuando se supo que Galicia presentaba candidatura, algún alcalde llamó a la Xunta para ofrecer los terrenos industriales de su municipio. Imaginaba empleo, desarrollo, oportunidades. No le faltaba intuición, pero sí información. Carmen Cotelo, directora de la Agencia Gallega de Innovación, lo cuenta con humor e inquietud: hubo que explicar a varios regidores que una fábrica de IA no tiene chimeneas. La materia prima son los datos; el producto, software. No hay obreros en cadena de montaje, sino investigadores, computadores potentes y algoritmos. La confusión es comprensible, y Cotelo reconoce que la alfabetización digital en las administraciones locales sigue siendo una asignatura pendiente, aunque mejora.
La propuesta fue presentada en junio por la Xunta y el CSIC, y aprobada en octubre. La nueva instalación se llamará 1HealthAI y estará especializada en salud. La lidera el Centro de Supercomputación de Galicia (Cesga), participado al 70% por la Xunta y al 30% por el CSIC, con el respaldo de las tres universidades públicas gallegas, varios centros de investigación, el hub europeo DATAlife y el centro tecnológico Gradiant. La Xunta construye además una nueva sede del Cesga en el polígono de la Sionlla para ampliar capacidades.
Las implicaciones son concretas: acceso gratuito a herramientas avanzadas de IA para empresas e investigadores del sector sanitario y biotecnológico, impulso a startups, atracción de talento y creación de empleo. Lo que comenzó como una confusión en algunos despachos municipales se convierte en una oportunidad real para transformar el ecosistema científico y empresarial de toda una región.
Galicia acaba de asegurar algo que pocos territorios en Europa logran: una de las seis nuevas fábricas de inteligencia artificial que la Comisión Europea ha decidido distribuir por el continente. Es un reconocimiento de peso, una inversión de 65 millones de euros que llegará a la región para impulsar la investigación y la innovación en el sector sanitario. Pero hay un detalle que revela algo más profundo sobre cómo experimentamos el cambio tecnológico: algunos alcaldes de pueblos gallegos aún no entienden qué es exactamente lo que su región ha ganado.
La anécdota es reveladora. Un alcalde se entera de que Galicia ha presentado candidatura para albergar una de estas fábricas de IA, promovidas por la Empresa Común de Computación de Altas Prestaciones Europea (EuroHPC JU), una iniciativa conjunta entre la Unión Europea, varios países y socios privados. Sin dudarlo, llama a la Xunta para ofrecer los terrenos industriales de su municipio. Imagina oportunidades, empleo, desarrollo. No le falta razón en el fondo, pero su visión es incompleta. Carmen Cotelo, directora de la Agencia Gallega de Innovación, cuenta la historia con una mezcla de humor e inquietud: "Hemos tenido que sentar a algunos alcaldes para explicarles qué es una fábrica de inteligencia artificial; remarcarles que no, que no se trata de una fábrica tal y como la imaginamos, que no va a haber chimeneas". La confusión es comprensible. Una fábrica de IA no es un edificio con máquinas ruidosas. Es un espacio, incluso potencialmente virtual, donde la materia prima son los datos y el producto final es software: programas de inteligencia generativa, agéntica, reconocimiento de voz o de imágenes. No hay humo, no hay obreros en cadena de montaje. Hay investigadores, computadores potentes, y algoritmos.
Esta brecha de comprensión entre lo que los cargos públicos imaginan y lo que realmente es la tecnología moderna no es una crítica mordaz, sino una realidad que Cotelo reconoce con cierta preocupación. Afortunadamente, dice, la situación está mejorando. La preparación en asuntos tecnológicos es cada vez mejor en las administraciones locales. Aun así, anécdotas como esta persisten, especialmente en municipios pequeños donde la educación digital sigue siendo una asignatura pendiente.
Pero esta confusión no debe eclipsar lo que realmente importa: Galicia ha ganado. En octubre de este año se conoció que la propuesta presentada conjuntamente por la Xunta de Galicia y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en junio había sido aceptada. Actualmente existen 13 fábricas de IA distribuidas en 12 países europeos. Con las seis nuevas concesiones, Galicia se suma a un selecto grupo. Ahora hay un total de 19 fábricas en el continente, y Alemania, España y Polonia son los únicos tres países que cuentan con dos instalaciones cada uno. Barcelona ya tenía la suya a través del Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS). Ahora Galicia tiene la segunda española.
La nueva fábrica, llamada 1HealthAI, estará especializada en salud. Incluirá un supercomputador de última generación específicamente diseñado para inteligencia artificial y una plataforma de supercomputación avanzada optimizada para experimentación con IA. Las empresas y centros de investigación del sector sanitario y biotecnológico tendrán acceso gratuito a estos servicios de apoyo integral. La financiación es sustancial: 65 millones de euros en total, de los cuales 41 provienen de fondos europeos y 24 del Estado español. La Xunta añadirá otros 17 millones de sus propios fondos.
El proyecto está liderado por el Centro de Supercomputación de Galicia (Cesga), una fundación participada al 70% por la Xunta y al 30% por el CSIC, y coliderado por el CSIC. Detrás hay un ecosistema completo: las tres universidades públicas gallegas, varios centros de investigación de la Red CIGUS, el Hub Europeo de Innovación Digital DATAlife, y el centro tecnológico Gradiant, entre otros agentes del sistema de investigación, desarrollo e innovación regional.
Román Rodríguez, consejero de Educación, Ciencia, Universidades y Formación Profesional, ha calificado esto como un "hito histórico", un proyecto insignia que vincula biotecnología e inteligencia artificial y posiciona a Galicia en la élite europea en este campo. La Xunta está construyendo además una nueva sede del Cesga en el polígono de la Sionlla para ampliar capacidades y consolidar a Galicia como referente internacional. Eloísa del Pino, presidenta del CSIC, subraya que la institución refuerza sus capacidades en servicios científicos de alto valor añadido, aprovechando el ecosistema de datos que ya genera.
Las implicaciones son amplias. La fábrica impulsará la creación y fortalecimiento de startups, mejorará la competitividad de empresas existentes, atraerá talento tecnológico y creará empleo. El acceso gratuito a herramientas avanzadas de IA beneficiará a todos los agentes en sectores vinculados a las ciencias de la vida: investigación sanitaria, biotecnología, farmacéutica. En esencia, acelerará enormemente la innovación y la investigación en estos ámbitos. Lo que comenzó como una confusión en algunos despachos municipales se convierte en una oportunidad real para transformar el ecosistema científico y empresarial de una región entera.
Notable Quotes
Hemos tenido que sentar a algunos alcaldes para explicarles qué es una fábrica de inteligencia artificial; remarcarles que no va a haber chimeneas— Carmen Cotelo, directora de la Agencia Gallega de Innovación
Un hito histórico, un proyecto insignia que vincula las áreas de la biotecnología y la inteligencia artificial y que nos sitúa en la élite en este ámbito en Europa— Román Rodríguez, consejero de Educación, Ciencia, Universidades e Formación Profesional
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué algunos alcaldes pensaban que esto sería una fábrica tradicional con chimeneas?
Porque es lo que conocen. Una fábrica de IA no produce nada que se pueda tocar o ver salir por una puerta. Es intangible, abstracta. Los datos entran, el software sale. Para alguien acostumbrado a pensar en industria como edificios con máquinas, es difícil de visualizar.
¿Qué diferencia hay entre tener una fábrica de IA en Barcelona y tener otra en Galicia?
Especialización. Barcelona es pionera, pero Galicia enfoca la suya en salud y biotecnología. Son ecosistemas distintos. Barcelona puede servir a sectores más amplios; Galicia se posiciona como referente en ciencias de la vida. Es como tener dos hospitales especializados en diferentes áreas.
¿Por qué es importante que España tenga dos y no una?
Porque demuestra que el país tiene capacidad distribuida. No es un centro único de poder tecnológico. Galicia, con sus universidades y su CSIC, puede competir a nivel europeo. Eso atrae inversión, talento, startups. Es descentralización real.
¿Qué pasa con esos alcaldes que no entienden? ¿Se quedan sin beneficios?
No exactamente. Los beneficios llegarán igual: empleo en investigación, startups que se crean, empresas que crecen usando las herramientas. Pero es verdad que si no entienden qué es, es más difícil que se preparen para aprovecharla. La educación digital en administraciones locales sigue siendo débil.
¿Cuál es el riesgo real aquí?
Que la fábrica sea excelente pero que el territorio no esté preparado para usarla. Que las empresas locales no sepan que pueden acceder gratis a supercomputadores. Que los talentos se vayan porque no hay ecosistema que los retenga. La tecnología es solo la mitad de la ecuación.