Gaspar: cese al fuego en Irán es "regreso sin gloria" para Estados Unidos

regresa a casa con las manos vacías, como en Afganistán
Gaspar compara la retirada estadounidense de Irán con el fracaso de dos décadas en Afganistán.

Tras tres meses de hostilidades entre Estados Unidos e Irán, el cese al fuego anunciado no cierra ninguna herida de fondo: los asuntos nucleares, las reparaciones y los fondos congelados permanecen intactos. El exembajador Gabriel Gaspar observa en este desenlace el patrón de una potencia que desplegó su fuerza aeronaval sin atreverse a comprometer su ejército de tierra, y que regresa sin victorias tangibles. Mientras tanto, China —sin disparar un solo proyectil— emerge como la gran beneficiaria de un conflicto que Washington no supo ni ganar ni evitar.

  • El acuerdo anunciado es apenas una pausa: devuelve a las partes a las negociaciones que Omán facilitaba antes del ataque del 28 de febrero, sin resolver el programa nuclear iraní ni las reparaciones exigidas.
  • El bloqueo del Estrecho de Ormuz desencadenó una crisis económica global que tardó semanas en absorberse, y ningún aliado europeo, japonés ni surcoreano se sumó a la flota multinacional convocada por Trump.
  • Israel continúa bombardeando el Líbano y ocupando su frontera sur incluso tras los anuncios de alto al fuego, cosechando victorias propias sobre Hamas y Hezbolá que superan los logros obtenidos por Washington.
  • Gaspar traza un paralelo directo con Afganistán: veinte años de ocupación terminaron con las manos vacías, y este conflicto de tres meses replica esa misma lógica de retirada sin gloria.
  • China ganó posiciones estratégicas sin intervenir, lo que convierte el balance estadounidense en especialmente amargo si se considera que Pekín es el desafío central que Washington declaraba prioritario.

Gabriel Gaspar, exembajador y exsubsecretario de Guerra, no ve en el cese al fuego entre Estados Unidos e Irán ningún motivo de celebración. Lo que se ha anunciado, sostiene, es apenas una pausa: un regreso a las negociaciones que Omán facilitaba antes de que el ataque estadounidense-israelí del 28 de febrero las interrumpiera. Los detalles completos se conocerán el viernes próximo, pero los temas de fondo —el programa nuclear iraní, las reparaciones, los fondos congelados en bancos occidentales— permanecen sin resolver.

Tras tres meses de conflicto, el balance para Washington es desolador. Estados Unidos no derrotó a Irán ni provocó el colapso del régimen de los ayatolas. El bloqueo del Estrecho de Ormuz desencadenó una crisis económica global, y la administración Trump regresa sin haber comprometido sus fuerzas terrestres y sin nada concreto que mostrar. Gaspar lo compara con Afganistán: veinte años de ocupación terminaron de la misma manera, con las manos vacías.

Israel, en cambio, opera en una lógica distinta. Netanyahu ha golpeado severamente a Hamas y Hezbolá, los aliados regionales de Irán, y continúa bombardeando el Líbano incluso tras los anuncios de alto al fuego. Sus victorias superan en concreción a las de Trump, aunque carece de capacidad para proseguir solo una ofensiva sobre Teherán.

La soledad de Washington resulta igualmente reveladora. Cuando Trump convocó una flota multinacional para sostener el bloqueo, ningún país europeo respondió, tampoco Japón ni Corea del Sur. Los pequeños Estados del Golfo Pérsico comparten ahora el desengaño que ya conocen los europeos: la promesa de seguridad estadounidense se reveló frágil. Gaspar cierra su análisis con una paradoja que pesa sobre todo lo demás: China ganó una guerra sin pelear, mientras Estados Unidos perdió una en la que desplegó su poder aeronaval pero se abstuvo de jugarse del todo.

Gabriel Gaspar, exembajador y exsubsecretario de Guerra, observa el cese al fuego entre Estados Unidos e Irán con escepticismo profundo. Lo que se ha anunciado, sostiene, no es un acuerdo de paz sino apenas una pausa en las hostilidades, un regreso a las negociaciones que Omán había estado facilitando antes de que el ataque estadounidense-israelí del 28 de febrero las interrumpiera. El viernes próximo se revelarán los detalles completos, pero los temas de fondo —el programa nuclear iraní, las reparaciones, la liberación de fondos congelados en bancos occidentales— permanecen sin resolver.

Tras tres meses de conflicto, el balance para Washington es desolador. Estados Unidos no derrotó a Irán ni logró el colapso del régimen de los ayatolas. En cambio, el bloqueo del Estrecho de Ormuz desencadenó una crisis económica global de la cual el país tardó semanas en recuperarse. La administración Trump, atrapada en una guerra que nunca se atrevió a librar con sus fuerzas terrestres, regresa a casa sin nada que mostrar. Gaspar lo compara con Afganistán: veinte años de ocupación terminaron de la misma manera, con las manos vacías.

Esta retirada ocurre envuelta en incertidumbre. Israel, cuyo primer ministro Benjamin Netanyahu ya ha tenido fricciones públicas con Trump, continúa bombardeando el Líbano y ocupando su frontera sur como respuesta a los anuncios de alto al fuego. Netanyahu, de hecho, está cosechando mayores victorias que Trump: ha golpeado severamente a Hamas y Hezbolá, los aliados de Irán en su entorno, y opera sin obstáculos en los cielos de Siria. Pero carece de la capacidad para proseguir solo una ofensiva sobre Teherán.

La desconfianza de los aliados tradicionales de Estados Unidos marca otro fracaso diplomático. Cuando Trump convocó a una flota multinacional para sostener el bloqueo del Estrecho de Ormuz, ningún país europeo respondió. Tampoco Japón ni Corea del Sur. Según fuentes no oficiales, uno de los pocos mandatarios que habría dado su aprobación fue Javier Milei. Los pequeños países del Golfo Pérsico viven ahora el mismo desengaño que ya experimentaron los europeos: la promesa de seguridad estadounidense se reveló frágil.

Gaspar resume el costo total: un esfuerzo bélico gigantesco, un elevado precio diplomático, y un descrédito en la opinión pública estadounidense. Si el principal desafío de Washington es China, el balance es particularmente amargo. China ganó una guerra sin pelear, mientras que Estados Unidos perdió una en la que desplegó su fuerza aeronaval pero se abstuvo de usar su ejército de tierra. Lo que quedó atrás es un regreso sin gloria, un retorno a las negociaciones sin haber avanzado, y la pregunta abierta de quién realmente ganó en Oriente Medio.

Lo que se ha anunciado no es un acuerdo de paz, solo es un alto al fuego que permite volver a la situación anterior al ataque estadounidense-israelí del 28 de febrero
— Gabriel Gaspar
China ganó una guerra sin pelear, y Estados Unidos perdió una guerra en la que ocupó su fuerza aeronaval, pero se cuidó de usar su ejército de tierra
— Gabriel Gaspar
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Inventor

¿Por qué Gaspar insiste en que esto no es un acuerdo de paz?

Model

Porque regresa exactamente al punto donde estaban antes del ataque. Los temas nucleares, las reparaciones, los fondos congelados: todo sigue sin resolverse. Es solo una pausa.

Inventor

¿Qué significa que Trump "no se atrevió" a usar fuerzas terrestres?

Model

Significa que la guerra fue limitada desde el inicio. Bombardeos, bloqueos, pero sin la invasión terrestre que habría sido necesaria para derrocar el régimen. Eso es lo que lo hace comparable a Afganistán.

Inventor

¿Netanyahu está ganando donde Trump está perdiendo?

Model

Exactamente. Netanyahu golpea a Hamas y Hezbolá, controla los cielos de Siria. Pero tampoco puede atacar Teherán solo. Ambos están limitados, pero Netanyahu al menos tiene victorias tácticas.

Inventor

¿Qué pasó con los aliados europeos?

Model

No vinieron. Cuando Trump pidió una flota multinacional para el bloqueo, Europa se negó. Japón, Corea del Sur, tampoco. Solo Milei en Argentina habría dado su visto bueno.

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¿Quién ganó realmente?

Model

China. Sin disparar un tiro. Estados Unidos se gastó recursos enormes, perdió credibilidad diplomática, y China simplemente observó cómo su rival se debilitaba solo.

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