Conservación de aves, redes de hongos y vitivinicultura del sur marcan avances en transición verde

Las aves no conocen fronteras, ni tampoco los hongos ni el carbono
La protección ambiental requiere coordinación entre países porque los ecosistemas no respetan límites políticos.

Conserva Aves abre convocatoria con fondos de hasta US$107 mil para crear áreas protegidas privadas que resguarden rutas migratorias continentales desde Alaska a Tierra del Fuego. Estudio global revela red de hongos micorrícicos de 110 cuatrillones de kilómetros que transporta 4 mil millones de toneladas de CO₂ anuales, pero pastizales permanecen desprotegidos.

  • Conserva Aves abre convocatoria con fondos de hasta US$107 mil para áreas protegidas privadas que resguarden rutas migratorias desde Alaska a Tierra del Fuego
  • Red global de hongos micorrícicos alcanza 110 cuatrillones de kilómetros y transporta 4 mil millones de toneladas de CO₂ anuales hacia los suelos
  • Valparaíso postula para albergar Secretaría del Acuerdo BBNJ, decisión en enero de 2027
  • Ñuble y Biobío emergen como regiones más resilientes para vitivinicultura hacia mediados de siglo, pero requieren inversión urgente en infraestructura hídrica

Chile impulsa múltiples iniciativas de conservación: áreas protegidas para aves migratorias, mapeo de redes de hongos subterráneos y candidatura de Valparaíso como sede de gobernanza oceánica, mientras el sur emerge como refugio vitivinícola ante cambio climático.

Chile está moviendo piezas en varios frentes de la transición ambiental casi simultáneamente. No son anuncios aislados sino iniciativas que convergen en una dirección: reconocer que la protección de la naturaleza requiere acción coordinada, financiamiento real y decisiones que atraviesan fronteras.

Conserva Aves acaba de abrir su primera convocatoria en el país con fondos de hasta 107 mil dólares por proyecto. El dinero está destinado a crear, ampliar y fortalecer áreas protegidas privadas que funcionen como refugios para aves residentes y migratorias en peligro. Pueden postular organizaciones comunitarias, asociaciones indígenas, cooperativas y ONG hasta el 10 de julio. Lo que hace diferente este programa es su escala: no piensa en Chile aislado sino en corredores ecológicos que conectan Alaska con Tierra del Fuego. Las aves migratorias no respetan líneas en un mapa. Javiera Ferreyra, directora de National Audubon Society en Chile, lo resumió así: la biodiversidad se pierde porque los esfuerzos de conservación están fragmentados. Coordinar acciones entre países y comunidades es la única forma de enfrentar esa pérdida.

Mientras tanto, un equipo internacional publicó en Science el primer mapa global de las redes de hongos micorrícicos, esos organismos subterráneos que viven en simbiosis con cerca del 70 por ciento de las plantas terrestres. Los números son casi incomprensibles: estas redes alcanzan unos 110 cuatrillones de kilómetros y transportan anualmente alrededor de 4 mil millones de toneladas de dióxido de carbono hacia los suelos. Son infraestructura viva de almacenamiento de carbono. El estudio identificó a los pastizales como los principales reservorios de esta red invisible, pero también como los ecosistemas menos protegidos y más amenazados por la expansión agrícola. Es decir: donde más necesitamos que funcione este sistema, es donde menos lo estamos cuidando.

En el frente oceánico, el Gobierno reafirmó su apoyo a la candidatura de Valparaíso para albergar la Secretaría del Acuerdo BBNJ, conocido como el Tratado de Alta Mar. Es el instrumento internacional para conservar y usar de forma sostenible la biodiversidad marina fuera de las jurisdicciones nacionales. La campaña se extiende hasta diciembre de 2026 y la decisión se adoptará en enero de 2027. Si Chile gana, Valparaíso tendría el primer organismo de la ONU con membresía universal con sede en América Latina. La Cancillería lo presenta como reflejo de la vocación marítima histórica del país, pero también como consolidación de su rol en ciencia oceánica y gobernanza marina.

En el sur, la vitivinicultura está siendo reconfigurada por el cambio climático de una manera que podría ser ventajosa. Un estudio de la Universidad de Chile y Bionostra proyecta que hacia mediados de siglo, Ñuble y Biobío serán las regiones más resilientes para la producción de uvas, mientras que las zonas vitivinícolas tradicionales entre Atacama y Maule enfrentarán condiciones cada vez menos favorables. El aumento de temperaturas está desplazando las condiciones óptimas para el cultivo de la vid hacia el sur, donde los climas mediterráneos y templados ofrecen mejor refugio. Pero aquí está el pero: esa ventaja no viene de mayor capacidad de adaptación o desarrollo tecnológico, sino simplemente de geografía climática. Para que Ñuble y Biobío se consoliden como nuevo polo vitivinícola, necesitan inversión urgente en infraestructura hídrica, embalses y sistemas de riego tecnificado. El agua es el cuello de botella. Sin ella, la oportunidad se desmorona.

Las aves no conocen fronteras, destacando la necesidad de coordinar acciones entre países y comunidades para enfrentar la pérdida de biodiversidad
— Javiera Ferreyra, directora de National Audubon Society en Chile
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué estas cuatro iniciativas aparecen juntas en una misma semana? ¿Hay una conexión real o es solo coincidencia editorial?

Model

No es coincidencia. Todas responden a la misma pregunta: ¿cómo protegemos la naturaleza en un planeta que está cambiando? Cada una toca un nivel diferente: aves, suelos, océanos, agricultura. Pero todas requieren lo mismo: dinero, coordinación entre actores, y aceptar que los límites políticos no significan nada para los ecosistemas.

Inventor

El estudio de los hongos suena casi abstracto. ¿Por qué importa que sepamos que existen esas redes?

Model

Porque durante décadas actuamos como si los suelos fueran inertes, como si la vida estuviera solo en lo que podemos ver. Ese mapa dice que bajo nuestros pies hay una infraestructura de carbono que transporta miles de millones de toneladas anuales. Si no la protegemos, no protegemos nada.

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¿Y los pastizales? El texto dice que son los menos protegidos.

Model

Exacto. Son ecosistemas que no generan dinero visible, que no atraen turismo, que la gente ve como tierra vacía. Pero resulta que son los reservorios principales de esa red de hongos. Hemos estado destruyendo lo que más necesitábamos preservar.

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Sobre Valparaíso y el Tratado de Alta Mar, ¿qué cambiaría si Chile gana la candidatura?

Model

Tendría la primera secretaría de la ONU con membresía universal en América Latina. Eso es poder político y científico. Pero también es algo más: reconocimiento de que Chile tiene algo que decir sobre gobernanza oceánica en un momento en que los océanos están bajo presión extrema.

Inventor

Y el sur con la vitivinicultura, ¿es una buena noticia o un problema disfrazado?

Model

Es una oportunidad que podría no materializarse. Ñuble y Biobío tienen el clima correcto, pero sin agua no hay viñedos. El cambio climático los favorece geográficamente pero los castiga con sequía. Necesitan inversión masiva en infraestructura hídrica ahora, no en diez años.

Inventor

¿Entonces la transición verde en Chile es real o es solo comunicación?

Model

Es ambas cosas. Hay iniciativas concretas con dinero real. Pero también hay un desfase: sabemos qué proteger, pero no siempre tenemos la infraestructura o la voluntad política para hacerlo a la escala que se necesita.

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