Patagonia enfrenta temporada de incendios récord: sequía extrema y focos intencionales agravan la crisis

Más de 3.000 personas evacuadas de sus hogares en Puerto Patriada y Epuyén; fauna local enfrenta riesgos graves con desplazamiento de hábitats y pérdida de fuentes de alimento.
Ya no se queman miles de hectáreas, sino decenas de miles
Investigadores del CONICET describen la "nueva normalidad" en la Patagonia Norte, donde los incendios anuales han alcanzado magnitudes sin precedentes.

Dieciséis provincias argentinas están bajo alerta extrema por incendios, con más de 3.000 personas evacuadas en Chubut y más de 100.000 hectáreas arrasadas en La Pampa desde noviembre. Investigadores del CONICET señalan una 'nueva normalidad' donde la Patagonia Norte quema decenas de miles de hectáreas anuales, impulsada por sequía prolongada, olas de calor y tormentas eléctricas más frecuentes.

  • Dieciséis provincias argentinas bajo alerta extrema por incendios
  • Más de 3.000 personas evacuadas en Chubut; más de 100.000 hectáreas arrasadas en La Pampa desde noviembre
  • 31.722 hectáreas de bosques quemadas entre octubre 2024 y marzo 2025, cuatro veces más que el período anterior
  • Lago Menéndez: aproximadamente 9.000 hectáreas quemadas; Río Turbio: más de 3.000 hectáreas; Puerto Patriada: más de 3.000 hectáreas

La Patagonia argentina enfrenta una de sus peores temporadas de incendios, con miles de hectáreas consumidas y evacuaciones masivas. Expertos advierten que la sequía extrema, calor intenso e incendios intencionales crearán un panorama desafiante hasta marzo.

La Patagonia argentina está atravesando lo que podría ser su peor temporada de incendios en años. El fuego ha obligado a evacuar pueblos enteros, consumido decenas de miles de hectáreas y encendido alarmas de riesgo extremo en dieciséis provincias del país, desde el norte hasta el sur. Los especialistas advierten que lo que está sucediendo ahora podría igualar o superar los números devastadores del año pasado, cuando el fuego arrasó áreas protegidas, zonas rurales y urbanas por igual.

En Chubut, la situación es particularmente grave. Más de tres mil personas tuvieron que abandonar sus hogares en Puerto Patriada y Epuyén, mientras brigadistas y bomberos voluntarios luchan contra llamas que avanzan sin control en la región norte de la provincia. El gobernador Ignacio Torres confirmó que al menos uno de los principales focos fue intencional, hallazgo que derivó en una investigación judicial donde se encontraron artefactos explosivos y amenazas previas. Las autoridades provinciales y el Ministerio de Seguridad de la Nación vincularon los incendios con la presencia de grupos radicalizados, aunque sin realizar imputaciones directas. Lo que sí está claro es que el noventa y cinco por ciento de los focos en la región tienen origen humano. En La Pampa, la situación no es menos crítica: más de cien mil hectáreas de tierras rurales han sido arrasadas desde noviembre, obligando a desplegar a más de veinte asociaciones de bomberos voluntarios en distintos puntos.

Los números revelan la magnitud de la crisis. Thomas Kitzberger, investigador superior del CONICET, señala que la temporada actual comenzó muy temprano con una serie de focos iniciados por tormentas eléctricas. Dos de ellos derivaron en incendios de grandes dimensiones: uno en el valle del Río Turbio con más de tres mil hectáreas quemadas y aún activo, y otro en Lago Menéndez que se reactivó recientemente con alrededor de nueve mil hectáreas quemadas extraoficialmente. El incendio intencional en Puerto Patriada superó las tres mil hectáreas en pocos días. Kitzberger subraya que apenas comenzada la temporada ya se ha alcanzado la mitad del área quemada del año pasado. El contexto es aún más preocupante cuando se considera que entre octubre de 2024 y marzo de 2025, según un informe de Greenpeace, el fuego consumió treinta y uno mil setecientos veintidós hectáreas de bosques en la región, una cifra cuatro veces mayor a la del mismo período del año anterior.

Lo que está ocurriendo responde a lo que los expertos llaman la "nueva normalidad" en la zona andina de la Patagonia Norte. Ya no se queman cientos o miles de hectáreas, sino decenas de miles. Este fenómeno está directamente vinculado al cambio climático, la prolongación de sequías, olas de calor cada vez más intensas y la frecuencia creciente de tormentas eléctricas. La sequía actual es incluso más marcada que la del año anterior, aumentando la cantidad de días con condiciones propicias para la propagación intensiva del fuego. Julieta Vallejo, ingeniera ambiental, explica que entre los factores más relevantes están la sequía del suelo y el estado de la vegetación, que actúa como combustible disponible: hojas, ramas, pastos secos. Cuando hay sequía y mucho calor, estos elementos se secan y se vuelven mucho más inflamables. Los organismos técnicos utilizan el Fire Weather Index para definir cuándo el riesgo es extremo. Kitzberger menciona la regla "30/30/30": temperaturas superiores a treinta grados Celsius, humedad relativa por debajo del treinta por ciento y vientos de más de treinta kilómetros por hora, condiciones que favorecen la propagación e intensidad del fuego.

El impacto ecológico es profundo y duradero. Tras un incendio, los suelos pueden permanecer calientes durante días o semanas, lo que dificulta la regeneración natural y expone las raíces y semillas a daños irreversibles. La fauna local enfrenta riesgos graves: muchos animales no logran escapar del fuego, mientras que otros quedan desplazados de sus hábitats sin fuentes de alimento ni refugio adecuados, comprometiendo la supervivencia de diversas especies. Dieciséis provincias argentinas permanecen bajo alerta extrema por riesgo de incendios, desde Tucumán hasta Tierra del Fuego. Las autoridades han extremado restricciones y prohibido el uso de fuego al aire libre en espacios públicos, privados y campings, mientras se multiplican los llamados a la prevención y la denuncia de focos.

La perspectiva para los próximos meses es desalentadora. El Servicio Meteorológico Nacional proyecta que las condiciones desfavorables persistirán durante enero y febrero, con temperaturas por encima del promedio y escasas precipitaciones. La temporada de incendios en la Patagonia norte suele extenderse hasta mediados o fines de marzo, cuando llegan las lluvias otoñales. Sin embargo, Kitzberger advierte que si esas lluvias fallan y se mantienen las condiciones secas, existe la posibilidad de enfrentarse a una temporada más larga con combustibles que se han desecado durante todo el verano y están listos para arder. Vallejo agrega que existe una preocupación creciente de que las temporadas de incendios se vuelvan más largas y menos predecibles, con distintos estudios mostrando que el calentamiento global está generando períodos más largos de calor y falta de lluvias. Las autoridades y expertos insisten en la importancia de fortalecer la prevención, aumentar la cantidad de brigadistas y mejorar la infraestructura para el combate temprano del fuego. El senador por Río Negro, Martín Soria, presentó un proyecto de ley que busca declarar la emergencia ambiental y destinar fondos extraordinarios a las provincias afectadas.

Esta temporada va en línea con la 'nueva normalidad' que indica que anualmente en la zona Andina de Patagonia Norte ya no se queman cientos o miles de hectáreas, sino decenas de miles de hectáreas
— Thomas Kitzberger, investigador superior del CONICET
Existe una preocupación de que las temporadas de incendios se vuelvan más largas y menos predecibles. El calentamiento global está generando períodos más largos de calor y falta de lluvias
— Julieta Vallejo, ingeniera ambiental
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué esta temporada es diferente a las anteriores?

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No es solo que haya más fuego. Es que el fuego se comporta de manera completamente distinta. Antes quemaban miles de hectáreas; ahora estamos hablando de decenas de miles. Y eso es porque la sequía es más profunda, el calor más sostenido, y hay más tormentas eléctricas que encienden focos simultáneamente.

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¿Qué significa esa "nueva normalidad" que mencionan los investigadores?

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Significa que lo que antes era una excepción ahora es lo esperado cada año. La Patagonia Norte ya no va a tener temporadas tranquilas. El cambio climático ha reconfigurado completamente el ciclo de sequía y calor. Es como si el territorio hubiera entrado en un estado permanente de vulnerabilidad.

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¿Cuál es el rol de los incendios intencionales en todo esto?

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Son el acelerador de una situación que ya es crítica. En Chubut encontraron artefactos explosivos y amenazas previas. Pero incluso sin esos focos intencionales, las condiciones climáticas por sí solas garantizarían una temporada desastrosa. Lo intencional agrava un panorama que ya es grave.

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¿Qué sucede con los animales y los ecosistemas?

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Quedan atrapados o desplazados sin refugio ni alimento. Los suelos permanecen calientes durante semanas después del fuego, lo que impide que las plantas se regeneren. Es un daño que se extiende mucho más allá de las llamas visibles.

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¿Hay alguna esperanza en los próximos meses?

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Depende de las lluvias de marzo. Si llegan, la temporada termina. Si no, nos enfrentamos a meses adicionales de fuego con combustibles completamente secos. El pronóstico meteorológico no es alentador: temperaturas altas y pocas precipitaciones hasta febrero.

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