Periodista palestino relata "verdadero infierno" tras año en prisión israelí sin cargos

Ali al-Samoudi sufrió desnutrición severa (pérdida de 60 kilos), abusos físicos y psicológicos durante un año de detención. Un compañero de celda, Louay Turkman de 22 años, murió sin recibir atención médica mientras estaba bajo detención administrativa.
Mi trabajo periodístico es mi vida. Es mi misión en esta vida.
Al-Samoudi afirma que continuará su labor como periodista a pesar del riesgo de nuevas detenciones.

Samoudi perdió 60 kilos durante su año en prisión, recibiendo raciones mínimas de comida. Describe palizas durante traslados y visitas legales, además de negación de atención médica a compañeros de celda. Es uno de 105 periodistas palestinos detenidos desde octubre de 2023, la mayoría sin cargos. Israel es ahora el tercer país con más periodistas encarcelados en 2025, solo tras China y Myanmar.

  • Ali al-Samoudi, periodista palestino de 59 años, detenido un año sin cargos formales
  • Perdió 60 kilos durante su encarcelamiento por desnutrición extrema
  • 105 periodistas palestinos detenidos desde octubre de 2023; Israel es tercer país con más periodistas presos en 2025
  • Louay Turkman, compañero de celda de 22 años, murió sin recibir atención médica

Ali al-Samoudi, periodista palestino de 59 años, fue liberado tras un año de detención administrativa en prisión israelí sin ser acusado de delito alguno. Relata abusos físicos, desnutrición extrema y condiciones inhumanas durante su encarcelamiento.

Ali al-Samoudi desciende lentamente los escalones de su casa en Yenín, cada movimiento cuidadoso revelando el costo físico de un año encerrado. A los 59 años, el periodista palestino está irreconocible: demacrado, con el cabello gris cortado muy corto, envejecido de manera que solo el tiempo en una celda puede lograr. Quienes lo conocen desde hace años casi no lo reconocen en persona después de más de doce meses sin verlo.

Al-Samoudi fue liberado hace poco de una prisión israelí donde pasó un año completo sin ser acusado de ningún crimen. Su detención se basó en órdenes administrativas, un mecanismo legal que permite a las fuerzas israelíes encarcelar a palestinos sin juicio durante períodos de hasta seis meses, renovables indefinidamente. "Fue un verdadero infierno", dice al-Samoudi en su casa. "La cárcel hoy es un infierno en todo sentido. Todo lo que practicaban con nosotros era castigo y venganza".

Su caso no es aislado. Desde el 7 de octubre de 2023, ciento cinco periodistas palestinos han sido detenidos y encarcelados, la mayoría sin cargos formales. Esta cifra ha convertido a Israel en el tercer país con mayor número de periodistas presos en 2025, superado solo por China y Myanmar, según el Comité para la Protección de los Periodistas. Treinta y tres de esos periodistas permanecen actualmente en cárceles israelíes. Al-Samoudi es un profesional reconocido que ha trabajado como productor local y colaborador para CNN y otros medios internacionales. Estuvo junto a Shireen Abu Akleh cuando la periodista palestino-estadounidense fue asesinada por disparos de tropas israelíes en 2022; en ese mismo incidente, él recibió una herida en el hombro.

Lo que más impacta en el relato de al-Samoudi es la escala de su deterioro físico. Perdió sesenta kilos, aproximadamente la mitad de su peso corporal, durante el año de encarcelamiento. Las raciones de comida eran mínimas: desayuno consistía en una cucharada de labneh y un cuarto de cucharada de mermelada; almuerzo, cuatro cucharadas de arroz con dos rodajas de pepino, tomate o pimiento. La cena era descrita como "de lujo": dos cucharadas de hummus, una de tahini y un huevo. Solo los martes, miércoles y sábados añadían un pequeño trozo de pollo o carne. "Básicamente nos daban comida solo para mantenernos con vida", denuncia. Decenas de otros presos palestinos han salido de las cárceles en estado de desnutrición extrema. El Tribunal Supremo de Israel ordenó mejorar las condiciones carcelarias en septiembre tras dictaminar que el Estado no satisfacía las necesidades nutricionales básicas. Sin embargo, Itamar Ben Gvir, ministro de Seguridad Nacional de extrema derecha que supervisa las prisiones, ha intensificado su política draconiana, alardeando públicamente de la mala calidad de la comida y de que se proporciona "lo mínimo indispensable".

Los abusos físicos eran sistemáticos. Los libros, bolígrafos y papel estaban prohibidos. El champú que recibía cada semana estaba etiquetado para perros. Cada traslado dentro o entre prisiones conllevaba maltrato. Las visitas a audiencias de detención y a la clínica resultaban en palizas. "En una ocasión, después de regresar de una visita con el abogado, nos tiraron al suelo boca abajo y comenzaron a golpearnos", relata al-Samoudi. "Un oficial israelí se puso de pie y me pisó la cabeza, presionando mi cara contra el suelo durante cuatro minutos hasta que me asfixié".

Pero lo que más le cuesta relatar es lo que presenció en otros. Louay Turkman, un joven de 22 años de Yenín bajo detención administrativa, enfermó gravemente una noche. "Les pedimos que lo llevaran a la clínica, pero se negaron", cuenta al-Samoudi. A la mañana siguiente, cuando los guardias seguían sin llevarlo, al-Samoudi y otros prisioneros lo sacaron al patio en un colchón. Turkman murió allí, frente a sus compañeros. "No hizo nada", dice al-Samoudi con la voz quebrada. "¿Por qué? ¿Acaso no somos humanos?" El Servicio Penitenciario de Israel no respondió a preguntas sobre la muerte de Turkman.

Cuando fue detenido en abril de 2025, las fuerzas israelíes lo acusaron de ser sospechoso de financiar a la Yihad Islámica, designada como organización terrorista. Sin embargo, al-Samoudi nunca fue acusado formalmente de ningún delito, y afirma que durante los interrogatorios nunca mencionaron la posibilidad de financiamiento a ninguna organización. En cambio, dice, los interrogadores le preguntaban sobre sus reportajes y alegaban que estaba poniendo en peligro la seguridad israelí. "Mi arresto forma parte de la guerra israelí contra la prensa y los medios de comunicación palestinos. Silenciar mi voz, bloquear mi cámara y quebrar mi pluma", declara. Cuando se le pregunta si teme que hablar públicamente lo lleve de vuelta a prisión, al-Samoudi ríe. "Sí, correcto. Desde luego, temo que me arresten. Hay muchos periodistas que fueron liberados y luego arrestados de nuevo". Pero afirma que eso no lo disuadirá. "Mi trabajo periodístico forma parte de mi vida. Es mi misión en esta vida".

Fue un verdadero infierno. La cárcel hoy en día es un infierno en todo el sentido de la palabra. Todo lo que practicaban con nosotros era castigo y venganza.
— Ali al-Samoudi
Mi arresto forma parte de la guerra israelí contra la prensa y los medios de comunicación palestinos. Silenciar mi voz, bloquear mi cámara y quebrar mi pluma.
— Ali al-Samoudi
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Cómo es posible que alguien permanezca un año completo en prisión sin ser acusado de nada?

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Las órdenes de detención administrativa permiten exactamente eso. Son renovables indefinidamente, así que técnicamente pueden mantener a alguien encerrado sin juicio de forma indefinida. Es un mecanismo legal que existe, pero la escala aquí es lo que sorprende.

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¿Y por qué un periodista? ¿Qué lo hace diferente de otros detenidos?

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Nada lo hace diferente legalmente. Pero al-Samoudi es reconocido internacionalmente, ha trabajado para CNN. Su caso es visible. Hay 105 periodistas palestinos detenidos desde octubre de 2023. La mayoría sin cargos. Israel es ahora el tercer país con más periodistas presos.

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La pérdida de sesenta kilos en un año es casi incomprensible. ¿Eso es deliberado?

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Según al-Samoudi, sí. Describe raciones que apenas mantienen a alguien vivo. Una cucharada de mermelada para desayuno. Cuatro cucharadas de arroz para almuerzo. El Tribunal Supremo de Israel tuvo que ordenar mejoras porque las condiciones nutricionales eran tan malas que violaban lo básico. Pero el ministro de Seguridad Nacional se jacta de ello.

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¿Y los abusos físicos? ¿Eso también está documentado?

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Al-Samoudi lo relata en detalle. Palizas durante traslados, durante visitas legales. Un oficial pisándole la cabeza contra el suelo durante cuatro minutos. Pero lo que realmente lo quiebra es hablar de Louay Turkman, su compañero de celda de 22 años, que murió sin recibir atención médica.

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¿Murió en la prisión?

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Murió en el patio, en un colchón, después de que los guardias se negaran a llevarlo a la clínica. Al-Samoudi y otros prisioneros lo sacaron allí porque no había otra opción. El Servicio Penitenciario no respondió a preguntas sobre eso.

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¿Y ahora al-Samoudi tiene miedo de volver a ser arrestado?

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Claramente. Dice que muchos periodistas liberados han sido arrestados de nuevo. Pero también dice que no le importa. Que su trabajo periodístico es su vida, su misión. Así que seguirá hablando, aunque sepa que eso podría llevarlo de vuelta.

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