Cada vez que un viajero se conecta a una red desconocida, retira dinero en un cajero turístico o escanea un código QR en una calle extranjera, abre una pequeña puerta a quienes han aprendido a explotar la distancia y la urgencia. El Instituto Nacional de Ciberseguridad de España advierte que los destinos turísticos se han convertido en ecosistemas de fraude digital donde la comodidad y la confianza son las vulnerabilidades más explotadas. No se trata de una amenaza abstracta: es la intersección entre la condición humana del viajero —desprevenido, apurado, lejos de lo familiar— y la precisión c