Seis años después de que Francia prometiera abrir su mercado ferroviario, la liberalización sigue siendo más un ideal que una realidad: SNCF controla el 98% del tráfico nacional, mientras operadores como Renfe y Trenitalia apenas rozan el 1% de cuota. La historia de este monopolio persistente no es solo la de una empresa dominante, sino la de cómo las estructuras heredadas —tarifas de acceso, procedimientos de homologación, visibilidad comercial— pueden vaciar de contenido una reforma sin necesidad de prohibirla formalmente. Europa observa en Francia un espejo incómodo sobre los límites de la