Cada octubre, los cubanos dispersos por Europa buscan un punto de encuentro donde la distancia no borre la pertenencia. Este año, París acoge la decimoctava edición de ese ritual colectivo, convocado para los días 23 y 24 de octubre en la región de Île de France, en un momento cargado de simbolismo: el centenario del nacimiento de Fidel Castro y dos décadas desde que este encuentro echó raíces en la misma ciudad. La diáspora, lejos de ser un silencio, se reúne para deliberar sobre economía, identidad y el papel que los de afuera pueden jugar en el destino de los de adentro.