En las montañas del norte de Iraq, donde la historia de la violencia extremista aún no ha cerrado su último capítulo, combatientes de las Fuerzas de Movilización Popular volvieron a demostrar el lunes que la victoria declarada en 2017 sobre el Daesh fue un hito, no un final. El ataque repelido en Tuz Khurmatu es un recordatorio de que las derrotas territoriales rara vez extinguen las ideologías que las alimentan, y que la seguridad, en tierras tan marcadas por el conflicto, se conquista día a día, montaña a montaña.