La microbiota intestinal podría influir en el riesgo de cáncer de mama, según estudio pionero

Las bacterias intestinales pueden reactivar estrógenos que el cuerpo eliminó
La Dra. Fernández-Murga explica el mecanismo biológico central del estudio BRIANNA sobre microbiota y cáncer de mama.

En el cruce entre la biología invisible y los hábitos cotidianos, el proyecto BRIANNA explora si las bacterias que habitan nuestro intestino pueden inclinar la balanza hacia el cáncer de mama hormonodependiente, el más común entre las mujeres. Presentado en el Hospital General Universitario de Elche por la Dra. María Leonor Fernández-Murga, el estudio propone que un ecosistema microbiano alterado —el llamado estroboloma— podría reactivar estrógenos ya eliminados y elevar el riesgo tumoral en tejidos sensibles. La ciencia, una vez más, nos recuerda que lo que comemos, cómo nos movemos y cómo vivimos no son decisiones neutras: son conversaciones silenciosas con nuestra propia biología.

  • El cáncer de mama hormonodependiente afecta a miles de mujeres cada año, y la ciencia aún no comprende del todo por qué algunas lo desarrollan y otras no.
  • Ciertas bacterias intestinales pueden reactivar estrógenos que el cuerpo ya había desechado, manteniéndolos circulando en sangre y actuando sobre tejidos vulnerables a las hormonas.
  • Los primeros datos de BRIANNA revelan una brecha clara: las mujeres sanas comen más fibra, hacen más ejercicio intenso y fuman menos que las diagnosticadas con este tipo de cáncer.
  • El estudio aún necesita completar su muestra de 300 participantes y superar retos técnicos como el alto coste de los análisis y la falta de estandarización entre investigaciones similares.
  • Si la hipótesis se confirma, la prevención podría volverse personalizada: perfiles de microbiota que complementen la mamografía con recomendaciones concretas de dieta y estilo de vida.

Durante un congreso reciente en el Hospital General Universitario de Elche, la Dra. María Leonor Fernández-Murga presentó los primeros hallazgos de BRIANNA, una investigación coordinada desde la Fundación Fisabio junto al Hospital Arnau de Vilanova de Valencia. El proyecto parte de una pregunta aparentemente sencilla: ¿influye lo que comemos y cómo vivimos en la aparición del cáncer de mama hormonodependiente?

El mecanismo bajo estudio es el estroboloma, un conjunto de bacterias intestinales capaces de reactivar estrógenos que el organismo ya había eliminado, permitiéndoles volver al torrente sanguíneo y actuar sobre tejidos sensibles a las hormonas. La hipótesis central es que las mujeres con este tipo de cáncer podrían tener un estroboloma más activo o distinto al de mujeres sanas postmenopáusicas, y que esa diferencia estaría moldeada por el estilo de vida.

Los datos preliminares apuntan en esa dirección: las participantes sanas consumen más fibra y alimentos fermentados, realizan actividad física intensa con mayor frecuencia y fuman menos que las diagnosticadas. Aunque el análisis continúa, los patrones refuerzan la idea de que microbiota, metabolismo, inmunidad y hábitos deben estudiarse de forma integrada.

Para avanzar, el equipo colabora con la Universitat Politècnica de València mediante una aplicación móvil que recoge datos de hábitos de vida y los cruza con información clínica, microbiológica y metabólica. El estudio busca reunir 300 participantes —150 con cáncer y 150 sanas— y actualmente recluta mujeres postmenopáusicas para el grupo control, quienes deben cumplir criterios precisos y realizar una única visita para entregar muestras de sangre, orina y heces.

La investigadora advierte que los desafíos son reales: análisis costosos, bioinformática especializada y necesidad de cohortes amplias. Pero el horizonte es claro: no reemplazar la mamografía, sino enriquecerla con prevención personalizada. Su mensaje es preventivo, no culpabilizador: hay factores de riesgo que no podemos cambiar, pero otros sí, y entenderlos mejor puede mejorar la salud de muchas mujeres.

En un congreso reciente celebrado en el Hospital General Universitario de Elche, la Dra. María Leonor Fernández-Murga presentó los primeros resultados de BRIANNA, un proyecto de investigación que examina una conexión poco explorada: la relación entre nuestras bacterias intestinales, nuestros hábitos de vida y el desarrollo del cáncer de mama hormonodependiente, el subtipo más frecuente entre las mujeres españolas y a nivel mundial. La pregunta fundamental que impulsa este trabajo es deceptivamente simple: ¿qué relación existe entre lo que comemos, cómo vivimos y la aparición de ciertos tumores?

La investigación, coordinada desde la Fundación Fisabio en colaboración con el Hospital Arnau de Vilanova de Valencia, se centra en un mecanismo biológico específico. Algunas bacterias intestinales poseen la capacidad de modificar el metabolismo del estrógeno, reactivando moléculas que el cuerpo ya había eliminado y permitiendo que vuelvan a circular en la sangre, donde pueden ejercer sus efectos en tejidos sensibles a las hormonas. Este conjunto de bacterias y sus funciones relacionadas con el metabolismo estrogénico se conoce como «estroboloma». La hipótesis central es que las mujeres con cáncer de mama hormonodependiente podrían presentar un estroboloma más activo o diferente al de las mujeres sanas postmenopáusicas, y que esta diferencia podría estar vinculada a factores del estilo de vida.

Los datos preliminares ya revelan patrones interesantes. Las mujeres sanas postmenopáusicas del estudio muestran una alimentación más saludable, con mayor consumo de fibra y alimentos fermentados, realizan actividad física intensa con mayor frecuencia y fuman menos que las mujeres diagnosticadas con cáncer de mama hormonodependiente. Aunque estos resultados aún están en fase de análisis, refuerzan la idea de que la microbiota, el metabolismo, la inmunidad y el estilo de vida deben estudiarse de manera conjunta. La alimentación, el sedentarismo, el sobrepeso, el consumo de tabaco y alcohol pueden modificar directamente ese entorno biológico que influye en el equilibrio hormonal e inflamatorio.

Si la hipótesis se confirma, las implicaciones podrían ser transformadoras. No se trata de reemplazar los programas actuales de detección, como la mamografía, sino de complementarlos. El objetivo es identificar mujeres con perfiles de riesgo específicos y ofrecer recomendaciones más precisas sobre alimentación, actividad física y hábitos saludables. Para avanzar hacia este futuro, el equipo colabora con la Universitat Politècnica de València, utilizando una aplicación móvil que recopila información sobre los hábitos de vida de las participantes, integrando datos clínicos, microbiológicos, metabólicos y de comportamiento. Esta herramienta podría eventualmente diseñar intervenciones personalizadas basadas en el perfil biológico individual de cada mujer.

Actualmente, BRIANNA está reclutando mujeres sanas postmenopáusicas para el grupo de control. El estudio busca incluir 300 participantes en total: 150 mujeres con cáncer de mama hormonodependiente y 150 mujeres sanas. Para el grupo control, se requieren criterios muy específicos: las participantes no deben haber tomado antibióticos ni probióticos en los tres meses previos, deben llevar al menos un año en menopausia y contar con una mamografía reciente que confirme la ausencia de enfermedad. La participación es relativamente simple: una única visita inicial en la que se recopilan muestras de sangre, orina y heces, junto con un cuestionario sobre estilo de vida. Aunque la recolección de muestras fecales puede generar cierto pudor, es científicamente valiosa para analizar la composición de la microbiota intestinal y su actividad relacionada con el metabolismo estrogénico.

La Dra. Fernández-Murga enfatiza que estamos ante un cambio importante en la forma de entender muchas enfermedades. Durante años, los microorganismos que viven en nuestro cuerpo no recibieron suficiente atención, pero la evidencia crece constantemente sobre su influencia en la inmunidad, el metabolismo, la inflamación y la respuesta a tratamientos. Sin embargo, quedan desafíos significativos: los análisis son costosos, la interpretación de datos requiere bioinformática especializada, falta estandarización entre estudios y se necesitan cohortes amplias para obtener resultados sólidos. Este es precisamente el tamaño que BRIANNA espera alcanzar.

Sobre la prevención, la investigadora subraya un mensaje importante: el cribado mediante mamografía es fundamental, pero la prevención no termina ahí. Hay factores de riesgo relacionados con el estilo de vida que merecen atención. Observamos cambios sociales relevantes: mayor sedentarismo, aumento del sobrepeso, cambios en la alimentación, mayor estrés y alteraciones en los patrones reproductivos. Todo esto puede influir en el metabolismo hormonal e inflamatorio. El cáncer de mama es una enfermedad multifactorial donde intervienen factores genéticos, hormonales, metabólicos, ambientales y de estilo de vida. Una dieta poco saludable, el sedentarismo, el estrés, el consumo de alcohol y tabaco, junto con exposiciones ambientales como contaminantes y pesticidas, pueden contribuir a crear un entorno biológico menos favorable. El mensaje no debe ser culpabilizador, sino preventivo: hay factores que no podemos modificar, pero otros sí, y comprender mejor esos factores puede ayudarnos a reducir riesgo y mejorar la salud de las mujeres.

Estamos observando diferencias interesantes entre mujeres sanas postmenopáusicas y mujeres con cáncer de mama hormonodependiente, especialmente en hábitos de vida
— Dra. María Leonor Fernández-Murga, coordinadora del proyecto BRIANNA
La prevención no termina con la mamografía. Hay factores de riesgo relacionados con el estilo de vida que también debemos tener en cuenta
— Dra. María Leonor Fernández-Murga
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Inventor

¿Por qué la microbiota intestinal tiene tanto poder sobre algo que sucede en la mama, tan lejos del intestino?

Model

Porque el intestino es donde se absorben nutrientes y donde viven bacterias que pueden modificar moléculas clave como el estrógeno. Esas moléculas viajan por la sangre a todo el cuerpo, incluyendo el tejido mamario. Es un sistema conectado.

Inventor

Entonces, si alguien come mucha fibra y hace ejercicio, ¿está literalmente cambiando sus bacterias intestinales?

Model

Exactamente. La alimentación y la actividad física modifican directamente qué bacterias prosperan en el intestino. Es por eso que vemos diferencias tan claras entre las mujeres sanas del estudio y las diagnosticadas con cáncer.

Inventor

¿Esto significa que el cáncer de mama es, en parte, evitable?

Model

Potencialmente sí, en algunos casos. Pero hay que ser cuidadoso: el cáncer es multifactorial. Hay genes, hormonas, metabolismo, ambiente. Lo que decimos es que el estilo de vida es una parte importante de esa ecuación que sí podemos influir.

Inventor

¿Qué pasa si alguien ya tiene un estroboloma "malo"? ¿Se puede cambiar?

Model

Esa es una de las preguntas que esperamos responder. Si confirmamos que ciertos perfiles de microbiota se asocian con riesgo, entonces podríamos diseñar intervenciones para modificarlos. Pero primero necesitamos los datos.

Inventor

¿Por qué necesitan específicamente mujeres postmenopáusicas sanas?

Model

Porque necesitamos un grupo de comparación riguroso. Sin saber qué es "normal" en mujeres sanas, no podemos identificar qué diferencias en las mujeres con cáncer son realmente relevantes para el riesgo.

Inventor

¿Cuándo podríamos ver recomendaciones personalizadas reales basadas en esto?

Model

Es a largo plazo. Primero necesitamos completar el estudio con 300 participantes, analizar los datos, validar los hallazgos. Pero la aplicación móvil que estamos desarrollando es un paso hacia ese futuro.

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