El Niño amenaza a Colombia con crisis sanitaria, ambiental y económica

Adultos mayores y niños enfrentan mayor riesgo de deshidratación y golpes de calor; poblaciones vulnerables expuestas a enfermedades transmitidas por vectores como dengue, chikungunya, zika y malaria.
Los ecosistemas dañados terminan impactando la calidad de vida de las personas
Cómo el deterioro ambiental causado por El Niño se convierte en una crisis humana directa.

Colombia enfrenta la llegada de El Niño no como un simple período seco, sino como una crisis que se ramifica simultáneamente en la salud pública, los ecosistemas, la seguridad alimentaria y la economía doméstica. Expertos de distintas disciplinas coinciden en que las poblaciones más vulnerables —niños, adultos mayores, comunidades rurales— absorberán el golpe más duro, mientras el país entero pagará tarifas más altas y precios de alimentos más elevados. Lo que el clima anuncia es, en el fondo, una prueba de la fragilidad de los sistemas humanos cuando la naturaleza retira su abundancia habitual.

  • El calor extremo ya amenaza con desencadenar una ola de deshidrataciones, golpes de calor y descompensaciones en adultos mayores y niños, los eslabones más frágiles de la cadena humana.
  • El ambiente seco crea condiciones ideales para que el dengue, el chikungunya, el zika y la malaria se expandan hacia regiones donde antes tenían menor presencia.
  • Los incendios forestales se multiplican en zonas estratégicas como los Cerros Orientales, destruyendo hábitats, erosionando suelos y deteriorando la calidad del aire que respiran millones de personas.
  • Los ríos, humedales y acuíferos pierden caudal, concentran contaminantes y reducen el oxígeno disuelto, desencadenando una mortandad en cascada de peces y fauna acuática.
  • El arroz, la papa y el plátano liderarán un alza de precios que podría replicar la inflación alimentaria del 18,9% registrada durante El Niño de 2015-2016, mientras las tarifas eléctricas suben por el mayor uso de plantas térmicas.
  • Autoridades sanitarias, ambientales y económicas buscan anticipar el impacto, pero la simultaneidad de frentes abiertos pone a prueba la capacidad de respuesta institucional del país.

Colombia no enfrenta simplemente una temporada de menos lluvia. El Niño que avanza sobre el país arrastra consigo una cadena de consecuencias que toca la salud, los ecosistemas, la comida y la electricidad al mismo tiempo. Los expertos advierten que la crisis se ramifica en múltiples direcciones y que sus efectos ya son inevitables.

La amenaza más inmediata es el calor extremo. Liliana Rojas, médica de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas, explica que las temperaturas elevadas provocan deshidratación, agotamiento y descompensaciones físicas, con adultos mayores y niños como los más expuestos. A quienes ya padecen enfermedades renales o cardíacas, la sequedad ambiental puede deteriorarles gravemente la salud. El calor también favorece la proliferación de vectores: el dengue, el chikungunya, el zika y la malaria encontrarán condiciones propicias para expandirse.

En paralelo, Martha Melizza Ordoñez, de Uniagraria, advierte que los incendios forestales se multiplicarán. La vegetación seca se convierte en combustible; zonas como los Cerros Orientales y los bosques del Caribe están especialmente expuestas. Las llamas destruyen hábitats, erosionan suelos y reducen la capacidad del terreno para retener agua. Con menos vegetación, los ecosistemas capturan menos carbono y la calidad del aire empeora.

El sistema hídrico sufre un colapso en cascada: los ríos pierden caudal, los contaminantes se concentran y el oxígeno disuelto disminuye. Los peces mueren, las algas proliferan y la fauna terrestre recorre distancias cada vez mayores en busca de agua y alimento. La cadena alimenticia se quiebra y algunas especies migran hacia territorios donde históricamente no habitaban.

Finalmente, la presión llega a los bolsillos. El economista Jhon Torres, de la Uniagustiniana, señala que el arroz, la papa y el plátano serán los alimentos más golpeados, y que el sector pecuario también encarecerá sus productos. El antecedente es claro: durante El Niño de 2015-2016, la inflación anual de alimentos alcanzó el 18,9%. A eso se suma que Colombia depende fuertemente de la hidroelectricidad; con menos agua, el país recurrirá más a plantas térmicas, y ese costo adicional llegará directamente a la factura de luz de cada hogar.

Colombia se enfrenta a una tormenta convergente. El fenómeno de El Niño, que ya está avanzando sobre el país, no traerá simplemente menos lluvia. Traerá una cascada de consecuencias que tocará cada aspecto de la vida cotidiana: la salud de las personas, la estabilidad de los ecosistemas, el costo de la comida, el precio de la electricidad. Los expertos advierten que lo que está por venir es una crisis que se ramifica en múltiples direcciones simultáneamente.

La amenaza más inmediata es el calor extremo. Liliana Rojas, médica y docente de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas, explica que las temperaturas elevadas desencadenan deshidratación, agotamiento físico y descompensaciones en el cuerpo humano. Pero el riesgo no se distribuye de manera uniforme. Los adultos mayores y los niños enfrentan la vulnerabilidad más aguda. Para quienes ya padecen enfermedades renales o cardíacas, la deshidratación puede deteriorar gravemente su estado de salud. Junto al calor viene otro peligro: las condiciones climáticas secas favorecen la proliferación de insectos vectores. El dengue, el chikungunya y el zika encontrarán un ambiente propicio para expandirse. En algunas regiones, incluso la malaria podría resurgir con mayor intensidad.

El daño ambiental se despliega en paralelo. Martha Melizza Ordoñez, directora del Programa de Ingeniería Ambiental de Uniagraria, señala que los incendios forestales se multiplicarán. La falta de lluvia y el aumento de temperaturas secan la vegetación hasta convertirla en combustible altamente inflamable. Las zonas estratégicas como los Cerros Orientales y los bosques de la región Caribe están particularmente expuestas. Pero los incendios son solo el síntoma visible de un daño más profundo. Las llamas destruyen hábitats para la fauna silvestre, erosionan los suelos y eliminan la capacidad del terreno para infiltrar y retener agua. La vegetación estresada por la sequía pierde hojas prematuramente y crece menos. Con menos árboles y plantas, los ecosistemas capturan menos dióxido de carbono. La calidad del aire se deteriora, generando problemas respiratorios en la población.

El sistema hídrico sufre un colapso en cascada. Los caudales de ríos, quebradas, humedales y acuíferos caen drásticamente. Menos agua disponible significa menos oxígeno disuelto en los ecosistemas acuáticos. Al mismo tiempo, los contaminantes se concentran porque el agua tiene menor capacidad para diluirlos naturalmente. Los peces y otras especies acuáticas mueren. Las algas proliferan sin control. En tierra firme, la fauna enfrenta una doble presión: menos agua para beber y menos alimento, porque la reducción de lluvia afecta la floración y la fructificación de las plantas. Los animales deben recorrer distancias cada vez mayores para encontrar lo que necesitan. La cadena alimenticia se quiebra. Aumenta la mortalidad animal. Las especies compiten violentamente por acceso al agua y al alimento. Algunas migran hacia zonas donde históricamente no habitaban. El daño a los ecosistemas, finalmente, impacta la calidad de vida de los humanos que dependen de ellos.

La presión económica es la última onda expansiva. Jhon Torres, economista de la Uniagustiniana, advierte que los precios de los alimentos básicos se acelerarán hacia arriba. El arroz, la papa y el plátano serán los más expuestos. El sector pecuario también sufrirá: la carne de res, la leche y el pescado se encarecerán. El antecedente es elocuente. Durante El Niño de 2015 a 2016, la inflación anual de alimentos alcanzó el 18,9%. Además, Colombia depende fuertemente de la hidroelectricidad para generar electricidad. Con menos agua disponible, el país tendrá que recurrir más a plantas térmicas, que son más costosas de operar. Ese costo adicional se trasladará directamente a las tarifas de servicios públicos que pagan los hogares. La sequía, en otras palabras, llegará a la factura de luz de cada familia.

La deshidratación puede agravar mucho más el estado de salud de personas con enfermedades renales o cardíacas, y los adultos mayores y niños enfrentan el mayor riesgo
— Liliana Rojas, médica de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas
El aumento de incendios forestales ocurre por la disminución de lluvias y el incremento de temperaturas, que secan la vegetación y la convierten en material altamente combustible
— Martha Melizza Ordoñez, directora del Programa de Ingeniería Ambiental de Uniagraria
The Hearth Conversation Another angle on the story
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¿Por qué El Niño afecta tan profundamente a Colombia en particular?

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Porque Colombia es un país donde el agua es central en casi todo. Dependemos de ríos para beber, de lluvia para cultivar, de agua en las represas para generar electricidad. Cuando El Niño llega, toca todos esos puntos de una vez.

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¿Quiénes sufren más?

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Los adultos mayores y los niños. Sus cuerpos no regulan la temperatura como los adultos sanos. Y luego están los pobres, que viven en zonas sin servicios de agua confiables, sin aire acondicionado, sin acceso fácil a atención médica.

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¿Es reversible el daño a los ecosistemas?

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Parcialmente. Los incendios destruyen décadas de crecimiento forestal en semanas. Los suelos erosionados tardan años en recuperarse. Los peces mueren cuando falta oxígeno en el agua. Algunos daños se recuperan, otros dejan cicatrices permanentes.

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¿Cuánto tiempo durará esto?

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El fenómeno de El Niño típicamente dura entre uno y tres años. Pero sus efectos económicos persisten más tiempo. Los precios de alimentos no bajan rápidamente cuando la lluvia regresa.

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¿Hay algo que se pueda hacer ahora?

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Prepararse. Reforzar sistemas de agua potable, mejorar riego para cultivos, diversificar fuentes de energía. Pero la mayoría de esas medidas requieren inversión que muchas regiones no tienen.

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