En los laboratorios de Cambridge, un fármaco antiepiléptico de décadas de uso ha revelado una capacidad inesperada: reprogramar las células del sistema inmunitario para que recuerden mejor a sus enemigos. El valproato de sodio, administrado en dosis mínimas junto a una vacuna, duplicó anticuerpos y multiplicó por diez los linfocitos defensores en experimentos celulares y animales. Este hallazgo no solo abre una nueva vida para una molécula conocida, sino que plantea una pregunta más profunda sobre cuántos remedios familiares guardan todavía secretos sin descubrir.