Se pusieron enfermos, con fiebre, llorando por su padre
Tres familias comparten historias de separación: padres arrestados en redadas migratorias, algunos deportados tras décadas en EE.UU., dejando hijos y cónyuges atrás. Los afectados cumplieron requisitos legales (asilo, permisos de trabajo) pero enfrentan detenciones prolongadas en centros como Krome, con trauma emocional severo en menores.
- Tres familias separadas por detenciones y deportaciones en Florida entre junio y septiembre de 2025
- Antonio Laverde detenido en junio tras tres meses en Broward, luego rogó regresar a Venezuela
- Esposo de Yaoska deportado a Nicaragua tras pasar tres meses en Centro de Detención de Krome
- Edgar deportado a Guatemala el 8 de junio, dejando a Amavilia con dos hijos sin poder pagar alquiler de 950 dólares
Las nuevas medidas migratorias de Trump están separando familias dentro de Estados Unidos mediante arrestos y deportaciones prolongadas, dejando a padres e hijos divididos entre países.
En los últimos meses, mientras los cruces fronterizos alcanzan sus niveles más bajos en años, una nueva ola de detenciones y deportaciones está fracturando familias que ya vivían dentro de Estados Unidos. No se trata de separaciones en la frontera, sino de arrestos en las calles, en los trabajos, en las citas con inmigración, dejando a padres deportados y a hijos sin saber cuándo volverán a verlos.
Antonio Laverde llegó a Miami desde Venezuela en 2022, cruzó la frontera sin documentos y solicitó asilo. Obtuvo permiso de trabajo y licencia de conducir. Conducía Uber, compartía casa con otros migrantes, enviaba dinero a su familia. Su esposa Jakelin Pasedo y sus dos hijos lo alcanzaron en diciembre de 2024 desde Venezuela. Ella y los niños obtuvieron estatus de refugiados. Laverde, de 39 años, no lo consiguió. Una mañana de principios de junio, cuando se dirigía al trabajo, agentes federales lo detuvieron. Pasedo dice que fue un caso de confusión de identidad, que los oficiales buscaban a otro sospechoso en su vivienda compartida. Recuerda a los agentes esposando a Laverde a punta de pistola frente a sus hijos de 3 y 5 años. "Se pusieron enfermos, con fiebre, llorando por su padre, preguntando por él", dijo. Laverde pasó tres meses en el Centro de Transición Broward en Pompano Beach, Florida. En septiembre, rogó regresar a Venezuela. Pasedo, de 39 años, no tiene planes de regresar. Teme ser arrestada o secuestrada por criticar al régimen de Nicolás Maduro y su activismo político. Trabaja limpiando oficinas. Espera reunirse algún día con su esposo en Estados Unidos.
Yaoska, quien pidió anonimato para proteger a su familia, huyó de Nicaragua con su esposo en 2022. Él era activista político, recibió amenazas de muerte, fue golpeado por la policía cuando se negó a participar en una marcha a favor del Gobierno. La pareja cruzó la frontera con su hijo de 10 años, obtuvieron libertad condicional, se establecieron en Miami y solicitaron asilo. Tuvieron un segundo hijo que es ciudadano estadounidense. Yaoska estaba embarazada de cinco meses cuando acudió a una cita en la oficina del ICE a finales de agosto. Su familia la acompañó. Su esposo, de 35 años, fue detenido. No superó la entrevista de temor creíble. Pasó tres meses en el Centro de Detención de Krome, el recinto de detención de inmigrantes más antiguo de Estados Unidos, antes de ser deportado a Nicaragua. Yaoska fue puesta en libertad bajo supervisión con un reloj GPS que no puede quitarse. Ahora comparte noticias familiares con su esposo por teléfono. Los niños lo están pasando mal. "Es muy duro ver a mis hijos así. Lo arrestaron delante de ellos", dijo con voz temblorosa. No quieren comer y a menudo están enfermos. El más pequeño se despierta por la noche preguntando por él. Su permiso de trabajo es válido hasta 2028, pero el futuro es aterrador e incierto. Ha solicitado trabajo en varias agencias de empleo, pero nadie la llama.
Edgar se fue de Guatemala hace más de dos décadas. Trabajando en la construcción, formó una familia en el sur de Florida con Amavilia, una compañera migrante guatemalteca indocumentada. Tuvieron un hijo. "Estaba tan feliz con el bebé, lo quería mucho", recordó Amavilia, de 31 años. "Me dijo que iba a verlo crecer y caminar". Pero a los pocos días, Edgar fue detenido por una orden judicial de 2016 por conducir sin licencia en Homestead, una pequeña ciudad agrícola en el sur de Florida. Amavilia esperaba que lo liberaran en 48 horas. En cambio, fue entregado a las autoridades migratorias y trasladado a Krome. "Caí en la desesperación. No sabía qué hacer", recordó. Edgar, de 45 años, fue deportado a Guatemala el 8 de junio.
Tras la detención de Edgar, Amavilia no pudo pagar los 950 dólares de alquiler del departamento de dos habitaciones que comparte con otra inmigrante. Durante los primeros tres meses, recibió donaciones de defensores de inmigrantes. Hoy, mientras amamanta y cuida a sus dos hijos, se despierta a las 3 de la madrugada para preparar almuerzos que vende a 10 dólares. Camina con su hijo en un cochecito para llevar a su hija a la escuela. Pasa las tardes vendiendo helados caseros y plátanos cubiertos de chocolate de puerta en puerta con sus dos hijos. Amavilia cruzó la frontera en septiembre de 2023 y no solicitó asilo ni ningún tipo de estatus legal. Su hija se pone nerviosa cuando ve a la policía. Ella la anima a mantener la calma, sonreír y caminar con confianza. "Tengo miedo de salir, pero siempre salgo confiando en Dios", dijo. "Cada vez que regreso a casa, me siento feliz y agradecida".
La Administración Trump y sus partidarios antiinmigración ven un "éxito sin precedentes". Tom Homan, el zar de la frontera, dijo en abril: "Vamos a seguir haciéndolo, a toda velocidad". Pero para estas tres familias, la migración supuso el posible inicio de una separación permanente entre padres e hijos, fuente de profundo dolor e incertidumbre. Sus sueños de una vida mejor y más libre se toparon con la nueva política migratoria. Su día a día es angustioso al no saber si volverán a ver a sus seres queridos.
Citas Notables
Es muy duro ver a mis hijos así. Lo arrestaron delante de ellos— Yaoska, madre de dos hijos cuyo esposo fue deportado a Nicaragua
Tengo miedo de salir, pero siempre salgo confiando en Dios. Cada vez que regreso a casa, me siento feliz y agradecida— Amavilia, madre de dos hijos cuyo esposo fue deportado a Guatemala
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Cómo es posible que familias que cumplieron con los requisitos legales terminen separadas?
Porque el estatus legal no es uniforme dentro de una familia. Uno puede tener asilo, otro permiso de trabajo, otro nada. Y cuando llega una redada o una cita con inmigración, el sistema no ve a una familia. Ve a individuos con papeles diferentes.
¿Por qué estos padres no simplemente se van con sus hijos?
Porque muchos de sus hijos son ciudadanos estadounidenses o tienen estatus legal. Y porque regresar a Venezuela o Nicaragua o Guatemala significa peligro real. Yaoska teme ser secuestrada por criticar a Maduro. Edgar ya fue deportado. Sus hijos no pueden irse con él.
¿Qué pasa con los niños mientras sus padres están detenidos?
Trauma. Fiebre, insomnio, dejan de comer. Los hijos de Yaoska se despiertan por la noche preguntando por su padre. Los hijos de Laverde lloraban cuando lo esposaron frente a ellos. No hay preparación para eso.
¿Y después de la deportación?
Después es más complicado. Amavilia se despierta a las 3 de la madrugada para preparar almuerzos que vende a 10 dólares. Vende helados de puerta en puerta con sus dos hijos. Su hija tiene miedo de la policía. Ella le dice que sonría y camine con confianza.
¿Hay algún camino legal para reunirse?
Teóricamente sí, pero es lento, caro y no garantizado. Yaoska tiene permiso de trabajo hasta 2028, pero no sabe qué pasará. Pasedo espera reunirse con su esposo algún día en Estados Unidos, pero no hay certeza. Mientras tanto, viven en el limbo.
¿Esto es nuevo?
La separación en la frontera ocurrió en el primer mandato de Trump. Ahora es diferente. Ahora es dentro del país. Padres que llevan años aquí, que tienen trabajos, que tienen hijos ciudadanos. Y aun así, desaparecen.