No entregamos las armas rusas para que las llevaran a Ucrania a seguir una guerra
A miles de kilómetros de sus hogares, dos colombianos que eligieron combatir en una guerra ajena murieron el 18 de enero en la región de Donetsk, dejando atrás familias que ahora exigen no solo la palabra oficial, sino la evidencia visual de una pérdida que aún no pueden tocar. La Cancillería colombiana y la Legión Internacional trabajan para entregar fotografías y certificados que conviertan la noticia en certeza, y la certeza en el inicio del duelo. Es el antiguo dilema de quienes mueren lejos: la distancia no solo separa los cuerpos, sino también la posibilidad de creer.
- Dos colombianos integrados al ejército ucraniano apenas un mes antes cayeron en combate el 18 de enero, y sus familias en Colombia recibieron la noticia sin poder verlo con sus propios ojos.
- La confirmación oficial de la Cancillería no bastó: las familias exigen fotografías de los cuerpos antes de aceptar cualquier trámite de repatriación.
- Los restos están siendo trasladados a una morgue en Donetsk, donde un proceso de reconocimiento formal los mantiene en espera burocrática mientras el dolor no encuentra dónde posarse.
- La Legión Internacional y la embajada colombiana en Polonia coordinan el envío de evidencias fotográficas y certificados de defunción, previstos para la semana siguiente al reporte.
- En paralelo, el presidente Petro rechaza entregar armamento ruso a Ucrania invocando la Constitución, mientras Rusia felicita su postura, subrayando la tensión geopolítica que rodea incluso el duelo privado de estas familias.
El 24 de enero de 2023, la Cancillería colombiana confirmó que dos de sus ciudadanos habían muerto en combate en Ucrania. Ambos se habían incorporado al Batallón de Infantería 49 del ejército ucraniano apenas en diciembre, y el 18 de enero resultaron heridos de gravedad durante un enfrentamiento en la provincia de Terny Kramatorsk, en la región de Donetsk. Las heridas fueron fatales.
La noticia llegó a Colombia a través de la Legión Internacional, unidad de voluntarios extranjeros dentro de las fuerzas ucranianas. El Ministerio de Relaciones Exteriores notificó a los allegados, pero la confirmación oficial no fue suficiente. Las familias exigieron pruebas tangibles: fotografías que corroboraran la identidad de los cuerpos, evidencia visual de que sus seres queridos realmente habían muerto en ese campo de batalla a miles de kilómetros de casa.
Los cuerpos fueron trasladados a una morgue en Donetsk para su reconocimiento formal. La Cancillería anunció que, una vez completado ese proceso, se enviarían las fotografías solicitadas y, aproximadamente el miércoles siguiente, los certificados de defunción y la apostilla necesaria para iniciar los trámites de repatriación con apoyo de la Legión Internacional.
Mientras tanto, en Bogotá, el presidente Gustavo Petro enfrentaba una presión distinta: Estados Unidos había solicitado formalmente que Colombia entregara armamento de fabricación rusa para ser trasladado a Ucrania. Petro se negó, argumentando que la Constitución colombiana ordena la paz como principio rector, e instó a América Latina a abstenerse de tomar partido entre bloques militares. La embajada rusa respondió con un comunicado felicitando la decisión, subrayando la neutralidad que Petro buscaba mantener.
Pero para las familias de los dos soldados, la geopolítica era secundaria. Esperaban las fotografías, los certificados, los trámites que transformarían el dolor en un proceso de repatriación. La próxima semana traería esas pruebas. Y después, el largo camino de traer a los muertos de vuelta.
El 24 de enero de 2023, la Cancillería colombiana confirmó lo que las familias temían: dos ciudadanos colombianos habían muerto en combate en territorio ucraniano. Los hombres formaban parte del Batallón de Infantería 49 del ejército ucraniano, al que se habían incorporado apenas un mes antes, en diciembre. El 18 de enero, durante un enfrentamiento en la provincia de Terny Kramatorsk, en la región de Donetsk, ambos resultaron heridos de gravedad. Las heridas fueron fatales.
La noticia llegó a Colombia a través de la Legión Internacional, la unidad de voluntarios extranjeros que opera dentro de las fuerzas armadas ucranianas. El Ministerio de Relaciones Exteriores estableció contacto inmediato con la unidad militar y notificó a los allegados de los fallecidos. Pero la confirmación oficial no fue suficiente para las familias. Exigieron pruebas tangibles: fotografías que corroboraran la identidad de los cuerpos, evidencia visual de que sus seres queridos realmente habían muerto en ese campo de batalla a miles de kilómetros de casa.
Los cuerpos ya estaban en manos de las autoridades ucranianas. La embajada de Colombia en Polonia confirmó que habían sido trasladados desde el lugar del ataque hacia una morgue en la región de Donetsk, donde serían alojados temporalmente mientras se realizaba el proceso de reconocimiento formal. Era un procedimiento administrativo necesario, pero también una espera angustiante para familias que querían certeza absoluta.
La Cancillería anunció el cronograma: una vez los cuerpos llegaran a la morgue, se enviarían las evidencias fotográficas que las familias habían solicitado. Aproximadamente el miércoles siguiente se remitirían los certificados de defunción y la apostilla necesaria para tramitar el certificado de defunción colombiano. Solo después de esa confirmación visual y documental se procedería a consultar con la Legión Internacional sobre las vías para repatriar los restos a Colombia.
Mientras tanto, en Bogotá, el presidente Gustavo Petro enfrentaba presiones internacionales sobre un tema relacionado pero distinto. Estados Unidos había solicitado formalmente que Colombia entregara armamento de fabricación rusa para que fuera trasladado a Ucrania y utilizado en la guerra contra la invasión. Petro se negó categóricamente. Argumentó que la Constitución colombiana ordena la paz como principio rector en asuntos internacionales, y que no permitiría que armas rusas almacenadas en el país fueran usadas para prolongar un conflicto. Extendió su llamado a toda América Latina, instando a los países de la región a abstenerse de tomar partido entre bloques militares y a exigir, en cambio, diálogos que condujesen a la paz.
La postura de Petro generó una respuesta inesperada: la embajada de Rusia en Colombia emitió un comunicado felicitando al presidente por su decisión, calificándola como realista y acorde con los intereses nacionales colombianos. Era un gesto diplomático que subrayaba la neutralidad que Petro buscaba mantener frente a la guerra europea.
Pero para las familias de los dos soldados colombianos, la política internacional era secundaria. Lo que importaba era la confirmación de lo que ya sabían en sus corazones: que sus hijos, hermanos o esposos no volverían a casa. Esperaban las fotografías, los certificados, los trámites administrativos que transformarían el dolor en un proceso burocrático de repatriación. La próxima semana traería esas pruebas. Y después, el largo camino de traer a los muertos de vuelta.
Citações Notáveis
Estados Unidos me pidió que entregáramos armas rusas para llevarlas a Ucrania, pero nuestra Constitución tiene como orden la paz— Presidente Gustavo Petro
Valoramos las declaraciones del Presidente Petro de que los equipamientos militares rusos no serán entregados a Ucrania. Consideramos que tal postura es realista y corresponde plenamente a los intereses nacionales de Colombia— Embajada de Rusia en Colombia
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué las familias insisten en pruebas fotográficas si ya la Cancillería confirmó las muertes?
Porque una confirmación oficial desde una oficina en Bogotá no es lo mismo que ver con tus propios ojos. Necesitaban saber que esos cuerpos eran realmente los de sus seres queridos, no solo creer en un reporte.
¿Cuánto tiempo llevaban estos hombres en el ejército ucraniano?
Apenas un mes. Se incorporaron en diciembre y murieron en enero. Fueron voluntarios que decidieron unirse a la Legión Internacional, sabiendo el riesgo que corrían.
¿Qué rol jugó la Legión Internacional en todo esto?
Fueron el canal de comunicación. Sin ellos, la Cancillería colombiana no habría sabido qué pasó. Y ahora son el puente para coordinar la repatriación de los cuerpos.
¿Por qué Petro rechazó enviar armas a Ucrania?
Porque considera que Colombia debe mantener una posición de paz, no alinearse con ningún bloque militar. Para él, entregar armas rusas sería participar indirectamente en la prolongación de la guerra.
¿Fue sorprendente que Rusia felicitara a Petro?
Sí, pero también lógico desde su perspectiva. Cualquier país que se niegue a enviar armas al enemigo es un aliado potencial, aunque sea solo por omisión.
¿Qué viene después de que las familias reciban las fotografías?
Los trámites administrativos para repatriar los cuerpos. Pero primero, ese acto de reconocimiento visual que las familias necesitaban para poder empezar a despedirse.