¿Para quién es este homenaje? ¿Qué memoria honra?
Cuando una institución convoca la memoria de uno de sus fundadores sin consultar a quienes lo conocieron más íntimamente, el homenaje corre el riesgo de convertirse en espejo de quienes lo organizan, no de quien se pretende honrar. Francisco Vélez Pliego, arquitecto, urbanista y fundador del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP, murió el 11 de junio de 2026 a los 74 años; semanas después, su familia rechazó públicamente el acto luctuoso organizado por la universidad, argumentando que contradecía sus últimas voluntades y servía a propósitos ajenos a su legado. En la tensión entre el reconocimiento institucional y la integridad de una vida dedicada al bien colectivo, la familia eligió el silencio como forma de fidelidad.
- La familia de Vélez Pliego recibió la invitación al homenaje apenas dos días antes del acto, sin haber sido consultada en ningún momento sobre su organización, rompiendo una tradición histórica de la BUAP.
- El homenaje planeaba develar una placa con el nombre del arquitecto en los edificios del instituto, contradiciendo directamente su voluntad expresa ante el Consejo de Unidad de no ser reconocido de esa manera.
- Entre los participantes del presídium figuraban personas con quienes Vélez Pliego había roto vínculos o que, según la familia, habían actuado en su contra durante su enfermedad, incluyendo a quien lo llamó 'un cadáver político' tras conocerse su diagnóstico de cáncer.
- La familia denunció que el homenaje podría estar siendo utilizado para amparar candidaturas y posicionamientos políticos bajo la imagen de un hombre reconocido por su congruencia y rectitud.
- Como respuesta, la familia anunció un homenaje alternativo en noviembre en la Universidad de Valencia, en el marco de un encuentro iberoamericano al que Vélez Pliego dedicó parte de sus últimos esfuerzos académicos.
Francisco Manuel Vélez Pliego murió el 11 de junio de 2026, a los 74 años. Arquitecto, urbanista, sociólogo y fundador del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP, dejó tras de sí décadas de trabajo académico guiado por una convicción clara: el bienestar colectivo por encima del reconocimiento personal. El 16 de julio, la universidad organizó un homenaje luctuoso en su honor. Su familia no asistió.
Un día antes del acto, la esposa e hijos de Vélez Pliego enviaron una carta a la institución explicando su ausencia. La invitación había llegado apenas el 14 de julio, sin consulta previa y sin el consenso familiar que, según escribieron, siempre había caracterizado los homenajes a figuras distinguidas en la historia de la BUAP. Pero el problema no era solo de protocolo.
Vélez Pliego había manifestado en vida, ante el Consejo de Unidad del instituto, que no deseaba que los edificios llevaran placas con su nombre. El homenaje planeaba develar exactamente eso. La familia señaló también que el presídium incluía a personas con quienes el arquitecto había roto comunicación, a quienes habían retirado su colaboración de su último libro, y a quien, tras conocerse su diagnóstico de cáncer, había circulado en la universidad la frase de que 'Francisco Vélez es un cadáver político'. La única persona con quien Vélez Pliego había mantenido una amistad profunda y duradera no estaba en el presídium.
La carta de la familia formuló preguntas directas: ¿para quién es este homenaje, qué memoria honra, qué propósitos políticos encubre, qué candidaturas buscan cobijarse bajo su imagen? Reconocieron la intención genuina de colegas y alumnos, pero se negaron a legitimar un acto que, a su juicio, los había convocado como espectadores de última hora para que quienes lo organizaban pudieran presentarse como víctimas de su ausencia.
Como alternativa, la familia anunció un homenaje institucional propio y destacó su participación en un encuentro en la Universidad de Valencia en noviembre, en el marco del proyecto iberoamericano de patrimonio universitario al que Vélez Pliego dedicó parte de sus últimos meses. Ese, dijeron, sería el espacio para recordarlo como él habría querido ser recordado.
Francisco Manuel Vélez Pliego murió el 11 de junio de 2026. Tenía 74 años. Fue arquitecto, urbanista, sociólogo y durante años director del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP, que él mismo fundó. El jueves 16 de julio, la universidad organizó un homenaje luctuoso en su honor en la Casa de las Culturas Contemporáneas. Su familia no fue.
La ausencia no fue casual ni silenciosa. El 15 de julio, un día antes del acto, la esposa y los hijos de Vélez Pliego enviaron una carta a la universidad explicando por qué no asistirían. El tono era directo: habían recibido la invitación apenas el 14 de julio, con apenas dos días de anticipación. Más importante aún, nadie los había consultado sobre la organización del homenaje. En la historia de la BUAP, escribieron, los homenajes a figuras distinguidas siempre se hacían con el conocimiento, la aprobación y el consenso de sus familias. Este no fue así.
Pero la objeción de la familia iba más allá de los protocolos incumplidos. Vélez Pliego había dejado claro, en vida, que no quería que los edificios del instituto llevaran placas con su nombre. Lo había dicho explícitamente ante el Consejo de Unidad del instituto. Su convicción era que su trabajo como director siempre estuvo guiado por el bienestar colectivo, no por la búsqueda de reconocimiento personal. Sin embargo, el homenaje planeaba develar una placa con su nombre. Era, escribió la familia, un contraste claro con su voluntad expresa.
Hubo más. La familia cuestionó quiénes participarían en el homenaje. En la lista había una persona con la que Vélez Pliego no había sostenido comunicación en más de un año. Otra que había retirado su artículo del último libro que Vélez Pliego coordinaba y que se publicaría próximamente. Una tercera que no se había presentado a dictar su ponencia en el último evento académico que él organizó. Y una cuarta que, después de que se conociera el diagnóstico de cáncer de Vélez Pliego en julio del año anterior, había estado diciendo a varias personas en la universidad que "Francisco Vélez es un cadáver político". La familia sí reconoció a Graciela Mota Botello, con quien Vélez Pliego siempre tuvo una amistad profunda y una colaboración de muchos años, pero ella no estaba en el presídium.
La carta de la familia planteaba preguntas que iban al corazón del conflicto: ¿Para quién es este homenaje? ¿Qué memoria honra? ¿De qué se pretende hablar y desde quiénes? ¿Qué propósitos políticos busca? ¿Qué candidaturas y qué dignidades buscan cobijarse bajo la imagen recta y congruente de Francisco Vélez Pliego? Reconocían la intención genuina de investigadores, colegas y alumnos de celebrar la vida de su compañero y profesor. Pero no iban a legitimar un presídium integrado por las personas que habían descrito, especialmente cuando habían sido invitados como espectadores y con la prisa de quienes sospechaban que querían que no asistieran para poder presentarse a sí mismos como víctimas.
La familia anunció que honrar la memoria de Vélez Pliego exigía hacerlo desde el respeto a su trayectoria, sus convicciones y el sentido profundo de su trabajo como académico, pensador y universitario excepcional. Adelantaron que se organizaría un homenaje institucional en la universidad. Pero también señalaron que habían sido convocados a otro homenaje que se celebraría en noviembre en la Universidad de Valencia, en el marco del tercer Encuentro Iberoamericano de Patrimonio Universitario, del cual Vélez Pliego había sido director en Puebla el año anterior y que formó parte de los últimos proyectos a los que dedicó su trabajo, entusiasmo y compromiso en vida. Ese sería el espacio para recordarlo como él habría querido ser recordado.
Notable Quotes
Su labor como director siempre fue guiada por el bienestar colectivo y no por la búsqueda de reconocimiento personal— Familia de Francisco Vélez Pliego, citando sus palabras ante el Consejo de Unidad
Para honrar su memoria exige hacerlo desde el respeto a su trayectoria, a sus convicciones y al sentido profundo de su trabajo como académico, pensador y universitario excepcional— Familia de Francisco Vélez Pliego
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué la familia decidió hacer pública su ausencia en lugar de simplemente no asistir en silencio?
Porque el silencio habría permitido que otros escribieran la historia. Al enviar la carta, la familia estaba diciendo: esto no es un homenaje, es algo más, y queremos que se sepa por qué no podemos estar presentes.
¿Crees que la universidad cometió un error al no consultar con la familia, o fue deliberado?
La carta sugiere que fue deliberado. El timing es sospechoso: invitación con dos días de anticipación, después de que todo ya estaba organizado. Es difícil no pensar que querían evitar objeciones.
¿Qué significa que alguien haya llamado a Vélez Pliego "un cadáver político" después de su diagnóstico de cáncer?
Significa que en la universidad hay gente que vio su enfermedad como una oportunidad política. Es un acto de crueldad institucional. La familia no lo olvida.
¿Por qué es tan importante que la placa lleve su nombre si él ya está muerto?
Porque una placa es permanente. Es una declaración de que la institución decide quién merece ser recordado de esa manera. Vélez Pliego quería que su legado fuera el trabajo colectivo, no su nombre en una pared.
¿Crees que el homenaje en Valencia será diferente?
Probablemente. Será en una institución donde Vélez Pliego trabajó en un proyecto que lo apasionaba, rodeado de gente que lo eligió por su trabajo, no por lo que pueden ganar de su nombre. Eso es lo que la familia quiere preservar.