Fabiola Martínez, consternada por el terremoto en Venezuela: "No puedo contactar con mi familia"

Al menos 32 fallecidos y más de 700 heridos reportados hasta el momento, con cifra esperada a aumentar drásticamente; colapso de viviendas y desplazamientos en barrios caraqueños.
No he podido contactar con la familia que tengo allí
Fabiola Martínez expresa la angustia de miles de venezolanos en el extranjero tras el terremoto.

En la tarde del 24 de junio, dos terremotos sucesivos de magnitudes 7,2 y 7,5 sacudieron el norte y centro de Venezuela, dejando al menos 32 muertos y más de 700 heridos en lo que ya se perfila como uno de los desastres naturales más graves del país en décadas. La tierra no solo derrumbó edificios y paralizó ciudades: también rompió los hilos invisibles que unen a una diáspora dispersa por el mundo con sus seres queridos, convirtiendo el silencio de las comunicaciones en una forma particular de sufrimiento. Mientras los equipos de rescate avanzan entre los escombros, miles de venezolanos en el extranjero enfrentan la angustia más antigua de todas: esperar sin saber.

  • Dos sismos de gran magnitud golpearon Venezuela en cuestión de minutos, desencadenando el colapso de viviendas, el cierre del aeropuerto de Maiquetía y la suspensión del metro en Caracas.
  • Con al menos 32 muertos y más de 700 heridos, las autoridades advierten que las cifras aumentarán drásticamente a medida que los equipos de rescate alcancen zonas aún inaccesibles.
  • Las redes de comunicación quedaron severamente dañadas, dejando a miles de venezolanos en el extranjero sin poder confirmar si sus familias están vivas.
  • Figuras públicas como Fabiola Martínez y el cantante Carlos Baute encarnan el dolor colectivo de la diáspora: ella espera noticias de Maracaibo sin poder llamar; él moviliza a sus seguidores para que ayuden en los barrios afectados.
  • Las próximas horas serán decisivas: el balance de víctimas crecerá, las historias de pérdida se multiplicarán y la impotencia de quienes están lejos seguirá siendo una herida abierta.

El miércoles 24 de junio, Venezuela fue sacudida por dos terremotos consecutivos —magnitudes 7,2 y 7,5— con epicentro en el estado de Yaracuy. La violencia fue inmediata: barrios caraqueños como Altamira y Los Palos Grandes vieron desmoronarse viviendas, el aeropuerto internacional de Maiquetía cerró por daños estructurales y el metro suspendió operaciones. Las autoridades reportan al menos 32 muertos y más de 700 heridos, cifras que todos saben que seguirán subiendo.

Para la diáspora venezolana, la tragedia adquirió una dimensión particular: las comunicaciones quedaron gravemente afectadas, y los teléfonos y mensajes simplemente no funcionan. Fabiola Martínez, venezolana residente en España, lo vive en carne propia. Tiene familia en Maracaibo y no ha podido contactarlos. "No sé cómo se ha sentido allí", dice. No es la distancia lo que más duele, sino la imposibilidad de confirmar que sus seres queridos están vivos.

Otros venezolanos en España comparten ese calvario. El cantante Carlos Baute expresó su dolor en redes sociales y lanzó un llamado directo a los vecinos del barrio caraqueño de La Pastora para que salieran a ayudar. Mientras tanto, en el terreno, los equipos de rescate avanzan contra el reloj. Las próximas horas serán cruciales, y en cualquier lugar del mundo donde haya un venezolano lejos de casa, la impotencia de no poder hacer nada seguirá siendo el dolor más profundo.

El miércoles 24 de junio, Venezuela experimentó uno de los terremotos más devastadores de su historia reciente. No fue un solo temblor, sino dos: primero una sacudida de magnitud 7,2 que sirvió como aviso, seguida casi inmediatamente por una más violenta aún de 7,5, con epicentro en el estado de Yaracuy. El norte y centro del país entraron en estado de emergencia nacional.

La violencia fue inmediata y total. En barrios caraqueños como Altamira y Los Palos Grandes, las viviendas se desmoronaron. El pánico se apoderó de las calles. El aeropuerto internacional de Maiquetía cerró por daños estructurales. El metro suspendió completamente sus operaciones. Las escuelas cerraron. Hasta el momento, las autoridades reportan al menos 32 muertos y más de 700 heridos, aunque todos saben que esas cifras subirán drásticamente conforme avancen las labores de rescate en los próximos días.

Para los venezolanos dispersos por el mundo, la tragedia se vuelve aún más angustiante por la distancia y el silencio. Las comunicaciones están severamente dañadas. Los teléfonos no funcionan. Los mensajes no llegan. Fabiola Martínez, expareja del presentador español Bertín Osborne, vive esa angustia en carne propia. Desde España, se describe a sí misma como "consternada" por lo que está sucediendo en su país natal. Tiene familia en Venezuela, principalmente en Maracaibo, una ciudad algo alejada del epicentro pero aún dentro de la zona afectada. No sabe cómo están. No puede llamarlos. No puede escribirles. Solo puede ver las noticias como todos los demás y esperar.

"No he podido contactar con la familia que tengo allí", explica Martínez. "Las comunicaciones están afectadas, no son buenas". Aunque Maracaibo no fue el centro del desastre, eso no la tranquiliza. "No sé cómo se ha sentido allí", dice. La incertidumbre es lo que más pesa. No es la distancia física lo que duele, sino la imposibilidad de confirmar que sus seres queridos están vivos.

No está sola en esta angustia. Otros venezolanos en España también están viviendo el mismo calvario. El cantante Carlos Baute ha expresado su dolor públicamente a través de las redes sociales, utilizando esas plataformas no solo para lamentar lo sucedido sino para canalizar información útil. Ha hecho un llamado directo a los vecinos del barrio caraqueño de La Pastora: si tienen la capacidad de ayudar, que vayan. Que colaboren. Que hagan algo.

Mientras miles de venezolanos en el extranjero permanecen pegados a sus pantallas, esperando noticias, intentando comunicarse una y otra vez con números que no responden, sus compatriotas en el terreno enfrentan la realidad inmediata del desastre. Las próximas horas serán cruciales. Los números de víctimas seguirán subiendo. Las historias de pérdida se multiplicarán. Y en España, en otros países, en cualquier lugar donde haya un venezolano lejos de casa, la impotencia de no poder hacer nada seguirá siendo el dolor más profundo.

Estoy consternada por la tragedia y no he podido contactar con la familia que tengo allí porque las comunicaciones están afectadas
— Fabiola Martínez
Por favor, acudan si están en la condición de colaborar con los afectados en La Pastora
— Carlos Baute
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué un terremoto en Venezuela afecta tanto a alguien que vive en España?

Model

Porque la distancia no borra los lazos. Fabiola tiene familia allí. Cuando pasa algo así, la geografía se vuelve una cárcel. Quieres estar, quieres ayudar, quieres saber que están vivos. Y no puedes.

Inventor

Las comunicaciones están caídas. ¿Eso es lo más frustrante?

Model

Es lo que convierte la tragedia en angustia personal. Puedes ver en las noticias que hay 32 muertos, 700 heridos. Pero no sabes si tu madre está entre los que sobrevivieron. Eso es lo que te consume.

Inventor

¿Por qué menciona específicamente a Maracaibo si está "alejada del epicentro"?

Model

Porque alejada no significa segura. Un terremoto de 7,5 se siente en todo el país. Ella necesita saber cómo fue la experiencia allí, si hubo daños, si su familia está bien. La distancia del epicentro es una esperanza frágil.

Inventor

Carlos Baute hace un llamado a colaborar. ¿Eso es lo que pueden hacer los venezolanos en el extranjero?

Model

Es lo único que pueden hacer. No pueden estar allí físicamente, así que usan sus voces, sus plataformas, para movilizar a quienes sí están en el terreno. Es una forma de no sentirse completamente impotentes.

Inventor

¿Qué pasará cuando las comunicaciones se restablezcan?

Model

Entonces vendrá la verdad. Algunos descubrirán que sus familias están bien. Otros descubrirán lo peor. Pero al menos sabrán. La incertidumbre es lo que mata en estos momentos.

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