En las proximidades de Bedminster, Nueva Jersey, donde el presidente Donald Trump descansaba un domingo de verano, dos aeronaves comerciales cruzaron sin autorización el perímetro aéreo que la nación reserva para la protección de sus líderes. El Norad respondió con la precisión que exige su mandato, despachando cazas F-16 que escoltaron a los pilotos infractores de regreso a espacio permitido. El episodio, resuelto sin consecuencias, recuerda que la seguridad presidencial no es solo un asunto de tierra firme, sino también de cielos vigilados.