Cada mañana, millones de personas abren los ojos y se encuentran con un vacío donde antes había imágenes, voces y emociones. La psicología del sueño revela que esta diferencia no es azarosa: el cerebro humano varía profundamente en su capacidad de retener la vida nocturna, y esa variación habla tanto de nuestra biología como de nuestra manera de habitar el mundo interior. Quienes recuerdan sus sueños no son más afortunados, sino que poseen una arquitectura cerebral, emocional y atencional que tiende naturalmente hacia la introspección.