Expertos advierten que el mundo sigue sin prepararse para otra pandemia

Aproximadamente dos millones de personas en España padecen COVID persistente, con impacto significativo en calidad de vida y costos sanitarios derivados.
Normalizar es quitarle la importancia al riesgo que nunca desapareció
Jiménez advierte que la sociedad ha dejado de lado medidas de protección básicas seis años después del COVID-19.

Seis años después del COVID-19, la humanidad sigue sin haber aprendido del todo la lección que la pandemia intentó enseñarle. Expertos como el profesor José Luis Jiménez advierten que los grandes organismos de salud pública —y la sociedad en su conjunto— han normalizado el riesgo en lugar de transformarlo en acción sostenida. La transmisión aérea, el aire que respiramos en espacios cerrados, sigue siendo una vulnerabilidad colectiva que gobiernos y ciudadanos prefieren ignorar, mientras millones de personas conviven con las secuelas invisibles de aquella crisis.

  • Los organismos de salud más influyentes del mundo —OMS, CDC, ministerios nacionales— no han mejorado sustancialmente su preparación pandémica desde el COVID-19, según expertos que siguen de cerca la evidencia científica.
  • Dos millones de personas en España padecen COVID persistente, una cifra que revela el costo humano y económico de no haber actuado con mayor rigor preventivo durante y después de la pandemia.
  • Un error fundamental de física —confundir la gravedad de la enfermedad con la dilución del virus en el aire— llevó a subestimar la transmisión aérea como principal vía de contagio, distorsionando las políticas de salud pública durante años.
  • Medidas concretas y asequibles como medidores de CO2, ventilación adecuada y mascarillas de sellado real siguen sin implementarse de forma sistemática en hospitales y escuelas, dejando expuestos los espacios más vulnerables.
  • La responsabilidad de cambiar este panorama recae tanto en los gobiernos como en los profesionales sanitarios y la ciudadanía, quienes tienen el poder de cuestionar lo que se ha normalizado y exigir una protección colectiva más honesta.

Seis años después de la pandemia de COVID-19, el diagnóstico de quienes estudian la preparación sanitaria global es incómodo: poco ha cambiado. José Luis Jiménez, profesor distinguido de la Universidad de Colorado, lo expresó sin rodeos durante un seminario organizado por la Red Española de Investigación en COVID persistente: la OMS, los CDC, los ministerios de salud y la sociedad en general siguen mal preparados para enfrentar una nueva emergencia de este tipo.

El problema no es la falta de conocimiento, sino la distancia entre lo que sabemos y lo que hacemos. Se han abandonado medidas básicas —mascarillas de calidad, filtración del aire, ventilación adecuada— y se han normalizado riesgos que deberían seguir siendo motivo de atención. En España, las consecuencias son palpables: aproximadamente dos millones de personas viven con COVID persistente, con un impacto profundo en su calidad de vida y en el sistema sanitario.

Uno de los errores más graves de la pandemia fue conceptual: confundir la gravedad de la enfermedad con la dilución del virus en el aire. La transmisión aérea fue la principal vía de contagio, no el contacto con superficies. Jiménez lo explicó con claridad: el hecho de que la enfermedad se propague más en la proximidad es evidencia directa de que viaja por el aire, algo válido para la mayoría de las enfermedades respiratorias.

La ventilación y la calidad del aire siguen siendo los grandes ignorados. Los espacios cerrados, mal ventilados y con mucha actividad vocal multiplican el riesgo. Las mascarillas quirúrgicas convencionales no sellan bien; solo las que dejan marca en la cara ofrecen protección real. Y los medidores de CO2 en hospitales y escuelas —herramientas sencillas para monitorear el aire en tiempo real— fueron ampliamente promovidos durante la pandemia pero apenas se han instalado.

Jiménez subrayó que la responsabilidad es compartida. Los profesionales sanitarios, aunque no dicten la regulación, sí pueden influir en las decisiones que se toman. Lo que está en juego, insistió, es la vida y la calidad de vida de millones de personas en los años que vienen.

Seis años después de que el mundo se viera sacudido por la pandemia de COVID-19, los expertos en salud pública advierten que poco ha cambiado en términos de preparación real. José Luis Jiménez, profesor distinguido de la Universidad de Colorado, fue directo en su diagnóstico durante un seminario en línea organizado por la Red Española de Investigación en COVID persistente: los organismos encargados de proteger la salud —la Organización Mundial de la Salud, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades estadounidenses, los ministerios de salud nacionales, y la sociedad en general— siguen estando mal preparados para enfrentar una emergencia sanitaria similar.

La brecha entre lo que sabemos y lo que hacemos es el problema central. Jiménez señaló que hemos normalizado ciertos riesgos, lo que equivale a quitarles importancia. Hemos dejado de lado las medidas básicas de protección: mascarillas de calidad, higiene rigurosa, filtración del aire y ventilación adecuada. Esto no es un asunto académico. En España, aproximadamente dos millones de personas padecen COVID persistente, una condición que afecta profundamente su calidad de vida y genera costos sanitarios significativos. La doctora Pilar Rodríguez Ledo, presidenta de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia, enfatizó que nadie está a salvo de desarrollar una forma complicada o persistente de COVID, sin que esto implique alarmar innecesariamente.

Uno de los errores fundamentales cometidos durante la pandemia fue la confusión sobre cómo se transmitía el virus. Los médicos confundieron la gravedad de la enfermedad con la dilución del virus en el aire, un error básico de física. La transmisión aérea fue la causa principal de los contagios, no el contacto con superficies contaminadas. Jiménez fue claro: cuando nos alejamos de alguien, hay menos transmisión; el hecho de que la enfermedad se propague más cuando estamos cerca es evidencia sólida de que viaja por el aire. Esto es cierto para la mayoría de las enfermedades respiratorias.

La ventilación y la calidad del aire son factores críticos que siguen siendo ignorados. Cuanto más tiempo pasamos en espacios cerrados, cuanto peor sea la ventilación, cuanto más hablemos o cantemos, mayor es el riesgo de contagio. Las mascarillas quirúrgicas, aunque comúnmente usadas, permiten que el aire escape por los lados. Solo las mascarillas que sellan bien —las que dejan marca en la cara— ofrecen protección real. Pero incluso estas medidas son solo parte de la solución.

Lo que falta es infraestructura básica. Los medidores de dióxido de carbono en hospitales y escuelas siguen siendo una asignatura pendiente. Estos dispositivos permiten monitorear la calidad del aire y la ventilación en tiempo real, información esencial para prevenir la transmisión aérea. Jiménez subrayó que esto se promovió ampliamente durante la pandemia pero se ha implementado muy poco. Seis años después, sigue siendo una medida crítica no adoptada.

La responsabilidad no recae únicamente en los gobiernos o en los organismos de salud. Jiménez enfatizó que existe un compromiso ético que toda la población, especialmente los profesionales sanitarios, debe adquirir. Se trata de reflexionar sobre lo que hemos normalizado y reconocer que la prevención de una nueva pandemia requiere cambios sostenidos en cómo vivimos, trabajamos y nos protegemos mutuamente. Aunque la regulación sanitaria no depende de los clínicos, estos sí pueden influir en las decisiones que se tomen. Lo que está en juego es la vida de millones de personas y su calidad de vida en los años venideros.

La mejor manera de prevenir la COVID persistente es no contagiarnos de la Covid aguda, pero parece que hemos normalizado ciertas cosas
— José Luis Jiménez, profesor de la Universidad de Colorado
Nadie se encuentra a salvo de desarrollar una Covid persistente o una Covid complicada
— Doctora Pilar Rodríguez Ledo, presidenta de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué cree que después de seis años seguimos sin aprender las lecciones básicas?

Model

Porque la pandemia fue tan traumática que una vez pasó la emergencia aguda, la sociedad quiso olvidar. Normalizar significa dejar de ver el riesgo. Es más cómodo que mantener la vigilancia.

Inventor

Pero los expertos sabían cómo se transmitía el virus. ¿Cómo es posible que haya habido tanta confusión?

Model

Incluso los médicos cometieron errores de física fundamental. Confundieron la gravedad de la enfermedad con cómo se dispersaba en el aire. Eso no es negligencia, es que el virus nos sorprendió a todos.

Inventor

¿Entonces los medidores de CO2 habrían cambiado todo?

Model

Habrían dado visibilidad. Habrían permitido ver en tiempo real dónde era seguro estar y dónde no. Es una herramienta simple que sigue sin instalarse en hospitales ni escuelas.

Inventor

¿Quién es responsable de que no esté implementado?

Model

Todos. Los gobiernos no lo priorizan, las instituciones no lo exigen, la sociedad no lo demanda. Es más fácil vivir como si el riesgo no existiera.

Inventor

¿Qué pasaría si mañana apareciera otra pandemia?

Model

Estaríamos igual de desprevenidos. Tendríamos que aprender las mismas lecciones de nuevo, mientras millones de personas sufren las consecuencias.

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