El monte tiene que gestionarse e intervenirse, porque no hacerlo alimenta incendios terribles
La vegetación sin control y las condiciones climáticas extremas crean un «cóctel» perfecto para incendios de propagación acelerada, según doctora en Ingeniería de Montes. España ha superado 300.000 hectáreas quemadas en 2022 y 2025, cifras no registradas desde finales del siglo XX, con cinco de los diez mayores incendios ocurridos después de 2022.
- Incendio de Los Gallardos: al menos 12 fallecidos en Almería
- España superó 300.000 hectáreas quemadas en 2022 y 2025
- Cinco de los diez mayores incendios desde 1968 ocurrieron después de 2022
- Llamas avanzaron a 100 metros por minuto en Los Gallardos
- Fuegos de 2025 liberaron energía equivalente a un reactor nuclear de 1.000 megavatios
Especialistas en ingeniería forestal alertan de que la falta de gestión territorial y el abandono agrícola han creado condiciones ideales para megaincendios de extrema virulencia en España.
Verónica Rodríguez Vicente, ingeniera de montes con doctorado en gestión forestal, observa el incendio de Los Gallardos con la claridad que da la especialización. Las llamas avanzaron a cien metros por minuto. Eso no fue casualidad. Fue el resultado de tres factores que convergieron: temperaturas extremas, vientos fuertes, humedad baja, y debajo de todo eso, una vegetación que creció sin que nadie la contuviera.
En los últimos años, España ha visto incendios de una virulencia sin precedentes. Rodríguez Vicente señala dos causas principales. Primero, el clima se ha vuelto más extremo. Segundo, los bosques y montes ya no reciben la gestión que necesitan. Las tierras agrícolas y ganaderas han sido abandonadas progresivamente, permitiendo que la vegetación avance sin control sobre extensiones cada vez mayores. Nadie presta atención a esa expansión, lamenta. El resultado es un escenario donde la carga de combustible vegetal crece mientras las condiciones climáticas se vuelven más propicias para el fuego. El cóctel está servido.
La solución, según esta especialista, no es complicada en teoría. Una buena gestión forestal reduce drásticamente la necesidad de intervención en extinción. Eso significa ordenar el territorio de forma que distintos usos forestales interrumpan la continuidad del combustible vegetal, tanto horizontalmente como en vertical. Un pinar denso necesita ser separado por vías o pistas forestales que permitan romper esa continuidad y actuar si es necesario. Pero lo que encuentra Rodríguez Vicente en el terreno es distinto: un territorio forestal que es fruto del abandono, monte que ha avanzado naturalmente sin casi ninguna intervención. Por eso reclama un pacto de Estado en política forestal, no parches a corto plazo que no resuelven nada.
La Real Academia de Ingeniería llegó a conclusiones similares hace poco. El número de incendios en España ha disminuido en años recientes, pero sus dimensiones e intensidad han crecido de forma alarmante. En 2022 y 2025, las llamas consumieron más de 300.000 hectáreas cada año, cifras que no se registraban desde finales del siglo pasado. En 2025 solo, los fuegos liberaron tanta energía como la que genera en un año un reactor nuclear de mil megavatios. Por cada 2.700 hectáreas quemadas, la energía liberada equivale a la potencia de la bomba de Hiroshima. Cinco de los diez mayores incendios registrados en España desde 1968 han ocurrido después de 2022. La Academia habla de una nueva era de megaincendios.
Los rayos son ahora la principal causa de estos megaincendios, aunque la mayoría de los fuegos siguen siendo provocados por humanos. El combustible principal no son los eucaliptales o pinares puros, sino la acumulación de matorrales y vegetación que crece sin control. Pero Fernando Ojeda, catedrático de Botánica en la Universidad de Cádiz, añade un matiz importante. En Los Gallardos y otros incendios recientes, el pino carrasco ha jugado un papel crucial en la propagación. Muchas zonas fueron reforestadas en el siglo pasado para evitar la desertificación, creando formaciones de pino que son visualmente más atractivas que los espartales pero que arden con extrema facilidad.
Ojeda ve en esto una cosecha de lo que se sembró hace décadas. Además del cambio climático global, estamos pagando el precio de una forestación que favorece que el fuego avance rápido y con grandes llamas. Pero su advertencia para el futuro es contundente: un paisaje sin árboles puede ser un ecosistema funcional y saludable. La buena intención de plantar árboles después de un incendio subestima a la naturaleza. Los matorrales no son monte sucio ni vegetación degradada, sino reservorios valiosos de biodiversidad que no deben ser reforestados artificialmente. El fuego es parte de ese ecosistema, no su enemigo absoluto.
El incendio de Los Gallardos ha dejado al menos doce muertos y arrasado extensas zonas en Almería. Pero el problema que exponen estos expertos es más profundo que una tragedia individual. Es sistémico. España necesita una política forestal nacional coherente, no soluciones de corto plazo. Necesita gestionar lo que tiene, no reforestar lo que debería permanecer como matorral. Y necesita entender que el fuego extremo no es una anomalía climática aislada, sino el resultado predecible de décadas de abandono territorial y decisiones forestales que priorizaron la apariencia sobre la ecología.
Citações Notáveis
Si el monte avanza en condiciones extremas con mayor carga de combustible vegetal y se dan las condiciones adecuadas para incendios, el cóctel está servido— Verónica Rodríguez Vicente, doctora en Ingeniería de Montes
Los matorrales no son monte sucio ni etapas degradadas de la vegetación, sino valiosos reservorios de biodiversidad que no deben forestarse artificialmente— Fernando Ojeda, catedrático de Botánica, Universidad de Cádiz
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué los expertos insisten tanto en que esto es un problema de gestión y no solo de clima?
Porque el clima extremo siempre ha existido, pero antes los incendios no alcanzaban estas dimensiones. La diferencia es que ahora hay mucha más vegetación acumulada sin control, y esa vegetación es el combustible. Es como tener una casa llena de gasolina y luego sorprenderse de que un fósforo cause un desastre.
Pero reforestar parece lógico después de un incendio. ¿Por qué Ojeda dice que es un error?
Porque estamos confundiendo recuperación con plantación. Un matorral quemado puede regenerarse naturalmente y ser un ecosistema saludable. Plantar pinos allí crea un combustible más peligroso para el próximo fuego. Es como intentar arreglar un problema con la solución que lo causó.
¿Entonces qué debería hacerse en una zona quemada?
Dejar que la naturaleza trabaje. Los matorrales son valiosos, no son monte sucio. Tienen biodiversidad, retienen agua, y el fuego es parte natural de su ciclo. Lo que necesitamos es gestionar lo que no está quemado: interrumpir la continuidad del combustible con vías forestales, hacer podas, crear espacios que rompan la propagación.
¿Y por qué no se hace eso ya?
Porque requiere inversión sostenida, planificación a largo plazo, y un pacto político que España no tiene. Es más fácil esperar a que ocurra una catástrofe y luego plantar árboles que hacer el trabajo tedioso de gestión forestal año tras año.
¿Cuál es el riesgo si seguimos así?
Que estos megaincendios se conviertan en la norma, no en la excepción. Ya hemos visto cinco de los diez mayores incendios de la historia en los últimos cuatro años. Si no cambia la política forestal, veremos más Los Gallardos.