Expertos advierten: el verano puede agravar enfermedades reumáticas sin precauciones

La clave está en la planificación previa, no en la renuncia
Expertos subrayan que el verano es seguro para pacientes reumáticos si se toman precauciones deliberadas antes de partir.

El calor afecta diferente según la enfermedad reumática: beneficioso para artrosis pero perjudicial para lupus, dermatomiositis y otras patologías autoinmunes. Protección solar SPF 50+, medicación en maleta de mano con refrigeración adecuada y planificación previa son esenciales para viajar con seguridad durante vacaciones.

  • El calor beneficia artrosis pero puede activar lupus, dermatomiositis y síndrome de Sjögren
  • Protección solar SPF 50+ renovada cada 2 horas, evitando exposición entre 12 y 17 horas
  • Medicación en maleta de mano con refrigeración 2-8°C para tratamientos biológicos durante 8-12 horas
  • Vacunas inactivadas generalmente seguras; vacunas de virus vivos requieren evaluación individual

Expertos advierten que la exposición solar, deshidratación e interrupción del tratamiento pueden empeorar enfermedades reumáticas en verano, aunque el calor beneficia algunas condiciones musculoesqueléticas.

Cuando llega el verano, millones de personas con enfermedades reumáticas enfrentan una realidad incómoda: las vacaciones que otros disfrutan sin pensar pueden convertirse en un campo minado de complicaciones médicas si no se toman precauciones deliberadas. Cristiana Sieiro, portavoz de la Sociedad Española de Reumatología, ha puesto el dedo en la llaga durante un seminario organizado por la Fundación Española de Reumatología con el apoyo de una veintena de asociaciones de pacientes: la exposición solar sin control, la deshidratación y el abandono casual del tratamiento médico son los tres enemigos principales que acechan durante estos meses.

Pero la realidad es más matizada de lo que parece. El calor no es un villano universal. Para algunas personas —aquellas con artrosis o ciertas artritis inflamatorias— el verano puede ser aliado: el calor relaja los músculos, mejora la circulación y alivia tanto el dolor como la rigidez. Sin embargo, para otros pacientes, especialmente quienes padecen lupus, dermatomiositis, síndrome de Sjögren o vasculitis, el mismo sol que reconforta a sus vecinos puede desencadenar reacciones cutáneas peligrosas y activar un sistema inmunitario ya de por sí descontrolado. La fotosensibilidad en estas enfermedades no es un capricho: es un mecanismo biológico real que puede transformar un día de playa en una crisis médica.

La medicación complica aún más el panorama. Ciertos antibióticos, corticoides y fármacos modificadores de la enfermedad como la sulfasalazina amplifican las reacciones cutáneas al sol. La hidroxicloroquina, por el contrario, funciona como protector: no solo no aumenta la fotosensibilidad de forma significativa, sino que ayuda a prevenir las lesiones cutáneas y los brotes del lupus. Este tipo de detalles —la diferencia entre un fármaco y otro— es exactamente lo que los pacientes necesitan saber antes de empacar la maleta.

Patricia García, enfermera del Servicio de Reumatología del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, ha desgranado las medidas concretas que funcionan. Protector solar con factor SPF 50+, aplicado entre 20 y 30 minutos antes de exponerse al sol y renovado cada dos horas. Evitar la exposición entre las 12 y las 17 horas, cuando el sol es más agresivo. Protección incluso en días nublados, porque los rayos ultravioleta no entienden de nubes. Sombreros y gafas de sol no son accesorios: son escudos. Si a pesar de todo aparece una lesión cutánea, la recomendación es inmediata: abandonar el sol, descansar un día completo sin exposición, aplicar cremas hidratantes o calmantes, vigilar la evolución y consultar con un profesional si la cosa no mejora.

Viajar con una enfermedad reumática requiere un nivel de planificación que la mayoría de los turistas nunca necesitará considerar. La medicación debe viajar en la maleta de mano, no en el equipaje facturado. Debe haber suficiente para todo el viaje más días extra, por si acaso. Los tratamientos biológicos, que requieren temperaturas entre 2 y 8 grados, necesitan neveras portátiles con acumuladores de frío capaces de mantener la cadena de frío durante 8 a 12 horas. Antes de viajar, hay que contactar a la aerolínea para informar sobre la medicación refrigerada. Una vez en el destino, hay que coordinar con el hotel el almacenamiento en frío durante toda la estancia. Un informe médico en inglés del especialista en reumatología, que confirme diagnóstico y tratamiento, es tan importante como el pasaporte. Un seguro médico que cubra el destino. Información sobre hospitales de referencia en la zona.

La vacunación añade otra capa de complejidad. Sieiro subraya la importancia de mantener el calendario vacunal actualizado y, antes de viajar internacionalmente, consultar con el especialista sobre la compatibilidad del tratamiento con vacunas específicas. Las vacunas inactivadas —gripe, COVID-19, neumococo, hepatitis B, virus del papiloma humano, herpes zóster recombinante— generalmente pueden administrarse con seguridad. Las vacunas de virus vivos atenuados, como la triple vírica, varicela, fiebre amarilla o fiebre tifoidea, requieren evaluación individual porque pueden estar contraindicadas en personas que reciben inmunosupresores o terapias biológicas.

Más allá de la logística médica está el asunto de los hábitos cotidianos. Mantener una hidratación adecuada es fundamental: la pérdida de líquidos agrava el cansancio y puede intensificar síntomas como la sequedad de ojos y boca en pacientes con síndrome de Sjögren. Una hidratación insuficiente también puede precipitar crisis de gota, advierte Manuel Romero, jefe del servicio de Reumatología del Hospital Quirónsalud Córdoba. La alimentación debe ser nutritiva pero en porciones más pequeñas distribuidas a lo largo del día. El ejercicio no debe abandonarse, pero sí adaptarse: la natación en piscina es una opción segura. El sueño debe protegerse, especialmente para quienes ya tienen patrones alterados. El alcohol debe moderarse. Las frutas de temporada deben aprovecharse.

Lo que emerge de todas estas recomendaciones no es un mensaje de alarma, sino de realismo práctico. Sieiro lo resume así: la clave está en la planificación previa. No se trata de evitar completamente los riesgos —eso es imposible—, sino de usar sentido común para minimizar las consecuencias. El verano puede ser seguro para las personas con enfermedades reumáticas, pero solo si la enfermedad está controlada y solo si se toman decisiones informadas antes de partir.

Lo fundamental es planificar bien los viajes y no interrumpir el tratamiento médico sin consultar antes con el especialista
— Cristiana Sieiro, portavoz de la Sociedad Española de Reumatología
La fotosensibilidad en enfermedades reumáticas puede provocar reacciones cutáneas y activar el sistema inmunitario en patologías como el lupus, la dermatomiositis y la enfermedad de Sjögren
— Cristiana Sieiro
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué el calor afecta tan diferente a unas personas con artritis que a otras?

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Porque no todas las enfermedades reumáticas son iguales. El calor relaja los músculos y mejora la circulación, lo que alivia el dolor en la artrosis. Pero en enfermedades autoinmunes como el lupus, ese mismo calor puede activar el sistema inmunitario y provocar brotes cutáneos peligrosos.

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Entonces, ¿una persona con lupus debería evitar el verano completamente?

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No. Debería evitar la exposición solar descontrolada. Con protección solar SPF 50+, ropa protectora y evitando las horas pico de radiación, puede disfrutar del verano. La clave es la planificación, no la renuncia.

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¿Qué pasa si alguien olvida su medicación en casa durante un viaje?

Model

Por eso la medicación debe viajar en la maleta de mano, no en el equipaje facturado. Y debe haber suficiente para todo el viaje más días extra. Un olvido puede desencadenar un brote o una crisis médica en un lugar donde quizá no haya especialistas disponibles.

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¿Los tratamientos biológicos son especialmente complicados de transportar?

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Sí. Requieren temperaturas entre 2 y 8 grados, así que necesitan neveras portátiles con acumuladores de frío. Hay que contactar a la aerolínea antes de viajar y coordinar el almacenamiento en frío en el hotel. Es logística, pero es manejable si se planifica.

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¿Hay algo que la mayoría de los pacientes no sabe sobre vacunas y enfermedades reumáticas?

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Que no todas las vacunas son seguras para ellos. Las vacunas inactivadas generalmente sí, pero las de virus vivos pueden estar contraindicadas si reciben inmunosupresores. Hay que consultar con el especialista antes de viajar a un país donde ciertas vacunas son obligatorias.

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¿Cuál es el error más común que cometen?

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Interrumpir el tratamiento sin consultar al especialista. Algunos piensan que de vacaciones pueden dejar de tomar la medicación. Es el error más peligroso que pueden cometer.

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