Las contraseñas son la puerta de entrada a demasiados aspectos de nuestra vida privada
En un mundo donde lo digital y lo cotidiano se han vuelto inseparables, el exdirector de la Agencia Nacional de Ciberseguridad de Chile, Daniel Álvarez, recuerda a las familias que la seguridad en línea no es un asunto técnico sino humano. Desde plataformas de videojuegos hasta llamadas telefónicas fraudulentas, los riesgos que enfrentan los menores no esperan a que los adultos estén listos. Su advertencia es antigua en su esencia: la ilusión de control puede ser más peligrosa que la amenaza misma.
- Los menores chilenos navegan espacios digitales donde el control parental visible no alcanza, incluyendo rincones privados dentro de plataformas como Roblox donde depredadores y estafadores pueden operar sin ser detectados.
- Las estafas telefónicas y por correo electrónico explotan la urgencia y la apariencia de legitimidad para engañar a personas de todas las edades, y ninguna institución financiera real jamás pedirá códigos o contraseñas.
- Álvarez propone medidas concretas y alcanzables: contraseñas robustas combinadas con autenticación de doble factor pueden reducir el riesgo de compromiso de cuentas hasta en un 80 por ciento.
- La recomendación más incómoda pero necesaria es prohibir ciertas aplicaciones para menores de 14 años, reconociendo que la supervisión parental tiene límites reales que las familias aún no han asumido del todo.
- La conducta de confianza cero ante cualquier contacto inesperado no es paranoia sino una respuesta racional a un entorno digital donde la apariencia de legitimidad es fácil de falsificar.
Daniel Álvarez dedicó años a la Agencia Nacional de Ciberseguridad de Chile y hoy recorre espacios públicos advirtiendo a las familias sobre amenazas que no son teóricas sino diarias. En una conversación reciente en el programa Tecnociencia, fue directo: los peligros digitales afectan a millones de personas, y los niños y adolescentes son los más expuestos.
Comenzó por las contraseñas, que para él representan mucho más que un código: son la puerta que protege la vida digital entera. Recomendó que sean robustas, que jamás se compartan, y que siempre vayan acompañadas de autenticación de doble factor. Esas dos medidas juntas, explicó, pueden reducir el riesgo de compromiso de cuenta hasta en un 80 por ciento.
Sobre las estafas fue tajante: si alguien llama pidiendo códigos o contraseñas, es fraude sin excepción. Ningún banco ni institución legítima lo haría. Sin embargo, muchas personas caen porque la voz suena oficial y el mensaje parece urgente. Por eso insiste en una regla que suena fría pero funciona: confianza cero ante cualquier contacto inesperado.
El problema se vuelve más grave con los menores. Las familias instalan controles parentales y creen tener la situación bajo control, pero Álvarez señala una realidad incómoda: los adolescentes encuentran formas de comunicarse fuera de los canales que los adultos pueden ver. Plataformas como Roblox contienen espacios privados donde ocurren conversaciones que ningún padre o tutor puede monitorear, y es ahí donde prosperan el fraude y el contacto con depredadores.
Su conclusión no es radical sino práctica: algunas aplicaciones deberían estar prohibidas para menores de 14 años, y las familias deben aceptar que la supervisión digital tiene límites reales. La ilusión de control, advierte, puede ser más peligrosa que la amenaza misma.
Daniel Álvarez pasó años en la Agencia Nacional de Ciberseguridad antes de dejar el cargo, y ahora dedica su tiempo a advertir a las familias chilenas sobre los riesgos que acechan en internet. En una conversación reciente con Andrea Obaid en el programa Tecnociencia, el exdirector fue directo: los peligros digitales no son abstracciones teóricas sino amenazas cotidianas que afectan a millones de personas, especialmente a niños y adolescentes.
Álvarez comenzó por lo fundamental: las contraseñas. Para él, son mucho más que un código de acceso. Son la puerta que protege casi todo lo que importa en la vida digital de una persona. Recomendó que sean robustas, que nunca se compartan ni siquiera con amigos cercanos, y que se acompañen siempre con autenticación de doble factor. Esas dos medidas juntas, explicó, pueden reducir el riesgo de compromiso de cuenta hasta en un 80 por ciento. No es un número menor. Es la diferencia entre una puerta con cerradura y una puerta sin nada.
Luego pasó a las estafas más directas: las llamadas, los mensajes, los correos que llegan pidiendo códigos o contraseñas. Álvarez fue tajante. Si alguien te llama pidiendo eso, es estafa. Punto. Ningún banco real, ninguna institución financiera legítima, ninguna organización seria lo haría. Pero muchas personas caen porque la voz al otro lado del teléfono suena oficial, el mensaje parece urgente, el correo tiene el logo correcto. Por eso Álvarez insiste en una regla que suena fría pero funciona: conducta de confianza cero frente a cualquier contacto inesperado.
El problema se agudiza cuando se trata de menores. Las familias creen tener control parental. Instalan aplicaciones, configuran restricciones, vigilan pantallas. Pero Álvarez señala una realidad incómoda: los adolescentes encuentran formas de comunicarse fuera de los canales que los adultos pueden ver. Es como si el control parental fuera un espejo que refleja solo lo que quiere reflejar.
En particular, Álvarez fue crítico con plataformas de videojuegos que contienen espacios privados difíciles de supervisar. Mencionó a Roblox como ejemplo de una aplicación donde los menores pueden interactuar en áreas que escapan al monitoreo de padres y tutores. Estos espacios privados son donde ocurren conversaciones que nadie más ve, donde pueden ocurrir cosas que nadie más sabe. Es en esos rincones donde prospera el fraude, donde depredadores pueden operar sin ser vistos.
Lo que Álvarez está diciendo, sin rodeos, es que la ilusión de control es peligrosa. Las familias necesitan entender que la supervisión parental tiene límites reales, que las aplicaciones populares no siempre priorizan la seguridad de los menores, y que algunas deberían estar prohibidas para niños menores de 14 años. No es una posición radical. Es una conclusión que surge de años observando cómo funciona realmente internet, no cómo creemos que funciona.
Citas Notables
Si alguien le llama para pedirle un código o una contraseña, siempre es estafa— Daniel Álvarez, exdirector de la ANCI
Con una buena contraseña y doble factor de autenticación, se puede reducir el riesgo hasta en un 80%— Daniel Álvarez
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué insiste tanto en que las contraseñas no se compartan ni siquiera con amigos cercanos? Parece excesivo.
Porque la confianza personal no es lo mismo que la seguridad digital. Un amigo puede ser completamente honesto y aun así tener su teléfono robado, o su cuenta hackeada. Una vez que alguien tiene tu contraseña, puede hacer cosas en tu nombre sin que lo sepas.
Pero entonces, ¿cómo confían las personas en nada en internet?
No se trata de no confiar. Se trata de no confiar en la transmisión de información sensible. Puedes confiar en alguien y aun así no darle acceso a tus cuentas. Son dos cosas distintas.
Mencionó que los adolescentes encuentran formas de comunicarse fuera de los canales visibles. ¿Qué quiso decir exactamente?
Que los controles parentales son como una valla. Los menores simplemente la rodean. Usan aplicaciones secundarias, cuentas ocultas, espacios privados dentro de plataformas que los padres no saben que existen. El control parental da una falsa sensación de seguridad.
¿Y Roblox específicamente? ¿Qué la hace diferente a otros videojuegos?
Roblox tiene espacios privados integrados donde los menores pueden comunicarse sin que los adultos vean. No es un juego donde juegas y punto. Es una plataforma social donde ocurren conversaciones que nadie más puede monitorear.
¿Entonces la solución es prohibir estas aplicaciones?
Para menores de 14 años, sí. A esa edad, el desarrollo cognitivo aún no permite evaluar riesgos como lo hace un adulto. La prohibición no es censura. Es protección.