Experto desmonta mitos: dieta y ejercicio no siempre resuelven la diabetes tipo 2

Millones de personas con diabetes tipo 2 sufren culpabilización innecesaria por mensajes que responsabilizan individualmente de una enfermedad multifactorial.
Seguimos vendiendo que dieta y ejercicio van a resolver la enfermedad
Murillo critica el mensaje simplista que persiste sobre cómo controlar la diabetes tipo 2.

Durante décadas, la diabetes tipo 2 ha sido presentada como una consecuencia de la falta de voluntad, pero el especialista Serafín Murillo recuerda que la enfermedad lleva entre diez y quince años gestándose en silencio antes de que aparezca cualquier síntoma. En su libro Más allá de la glucosa, Murillo desafía el relato simplista que responsabiliza al individuo de una enfermedad profundamente multifactorial, donde la genética, el entorno y el tiempo pesan tanto como los hábitos. Su llamado no es a rendirse, sino a reemplazar la culpa con comprensión, y las soluciones absolutas con cambios que una persona pueda sostener a lo largo de una vida real.

  • Millones de personas con diabetes tipo 2 cargan con una culpa que no les pertenece del todo: el mensaje de que basta con comer bien y moverse más ignora décadas de proceso biológico silencioso.
  • Las redes sociales y la inteligencia artificial amplifican mitos peligrosos, desde el miedo a la fruta hasta la obsesión con sensores de glucosa que convierten la ansiedad en pseudociencia.
  • Los estudios de los años 2000 con miles de personas en prediabetes ya demostraron que los cambios de estilo de vida pueden retrasar la enfermedad, pero rara vez eliminarla de forma permanente.
  • Murillo propone abandonar las restricciones extremas y las reglas rígidas sobre horarios de comida, apostando por cambios sostenibles que incluyan también las celebraciones y la vida social.
  • El verdadero giro que pide el especialista no es dietético sino filosófico: entender la diabetes tipo 2 como el resultado de un proceso complejo, no como un fracaso de carácter.

Serafín Murillo, dietista-nutricionista y doctor especializado en educación diabética, lleva años viendo cómo la diabetes tipo 2 se vende al público como un problema de disciplina personal. En su libro Más allá de la glucosa, desmonta esa narrativa con una incomodidad necesaria: la mayoría de quienes intentan frenar la enfermedad con dieta y ejercicio no logran mantener esos cambios a largo plazo, y aun así seguimos diciéndoles que deberían poder hacerlo.

Lo que el diagnóstico no revela es que la enfermedad ya lleva entre diez y quince años en marcha cuando aparece en un análisis de sangre. Durante todo ese tiempo el cuerpo cambia en silencio: la grasa se acumula, el movimiento disminuye, el sueño se deteriora, y los genes predispuestos hacen su trabajo sin dar señales visibles. La glucosa elevada es solo la punta de un proceso mucho más antiguo y complejo.

Detrás de esa glucosa hay genética que no se puede cambiar, edad que no se puede detener, y una red de factores modificables que la ciencia aún está desentrañando. Sin embargo, el mensaje público sigue siendo el mismo de siempre. Murillo lo señala como un error fundamental: seguimos prometiendo que la dieta y el ejercicio resolverán la diabetes, sabiendo que en la mayoría de los casos eso no ocurrirá. El resultado es que millones de personas viven con una culpa que no merecen.

Los mitos proliferan, especialmente en redes sociales. Algunos son clásicos, como el miedo a la fruta o la creencia de que el azúcar causa directamente la enfermedad. Otros son más nuevos: personas con glucosa completamente normal se obsesionan con sensores continuos, convencidas de que cualquier fluctuación explica su hambre, su cansancio o su peso. Es ansiedad disfrazada de ciencia.

Lo que Murillo propone no es una dieta nueva sino una perspectiva distinta. Cambios sostenibles porque no son extremos: más alimentos vegetales, cereales integrales, menos ultraprocesados. Pero también: olvidarse de reglas rígidas sobre horarios, abandonar la obsesión con el número de comidas, y reconocer que las celebraciones y las comidas sociales son parte legítima de la salud. La diabetes tipo 2 no es un fracaso personal. Es el resultado de un viaje largo y complejo donde la responsabilidad individual es solo una parte de la historia.

Serafín Murillo, dietista-nutricionista y doctor en Medicina especializado en educación diabética, ha pasado años observando cómo la diabetes tipo 2 se presenta al público como un problema que debería resolverse con voluntad y disciplina. En su libro reciente, Más allá de la glucosa, desafía esa narrativa simplista. Lo que descubre es incómodo: la mayoría de las personas que intentan frenar la enfermedad mediante dieta y ejercicio no logran mantener esos cambios a largo plazo, y sin embargo seguimos diciéndoles que deberían hacerlo.

La enfermedad misma es más antigua de lo que creemos. Cuando alguien recibe un diagnóstico de diabetes tipo 2, el proceso ya lleva entre diez y quince años en marcha. Durante todo ese tiempo no hay síntomas visibles, no hay señales de alerta. El cuerpo está cambiando en silencio: la grasa se acumula en el abdomen, el movimiento disminuye, el sueño se deteriora, los genes predispuestos van haciendo su trabajo. Luego, un día, un análisis de sangre muestra la glucosa elevada, y de repente la persona se entera de que ha estado enferma todo ese tiempo sin saberlo.

Murillo subraya que la glucosa alta es solo la punta visible de algo mucho más complejo. Detrás hay genética que no se puede cambiar, edad que no se puede detener, y una red de factores modificables que incluyen dónde se acumula la grasa corporal, cuánto se mueve el cuerpo, qué se come y cómo se duerme. Todos estos elementos interactúan de formas que la ciencia aún está desentrañando. Pero el mensaje público sigue siendo el mismo: come mejor, muévete más, y la diabetes desaparecerá. Los estudios realizados a principios de los años 2000 con miles de personas en prediabetes ya mostraron que ese mensaje es incompleto. Sí, se puede retrasar la enfermedad. No, no se puede eliminar por completo y para siempre en la mayoría de los casos.

Esta brecha entre lo que decimos y lo que sucede realmente tiene consecuencias. Millones de personas viven con la culpa de no haber hecho suficiente, de no haber sido lo bastante disciplinadas. Murillo ve esto como un error fundamental en cómo hablamos de la enfermedad. Seguimos vendiendo la idea de que la dieta y el ejercicio van a resolver la diabetes, sabiendo que en la mayoría de los casos eso no ocurrirá. Es un mensaje que culpabiliza sin necesidad.

Los mitos sobre la diabetes proliferan, especialmente en redes sociales donde la inteligencia artificial amplifica las ideas simplificadas. Hay mitos clásicos: que la fruta es peligrosa, que el azúcar causa diabetes. Pero hay otros más nuevos y más insidiosos. Personas con glucosa normal se obsesionan con sensores que miden sus niveles de glucosa continuamente, convencidas de que pequeñas fluctuaciones son la razón por la que tienen hambre, no pueden perder peso o se sienten cansadas. Siguen dietas que eliminan alimentos que causan cualquier cambio en esos números. Es una forma de ansiedad disfrazada de ciencia.

Murillo propone algo diferente: cambios que sean sostenibles porque no son extremos. Aumentar alimentos de origen vegetal. Elegir pan, arroz y pasta integrales, y legumbres. Reducir alimentos ultraprocesados. Pero también: olvidarse de reglas sobre cuándo comer, de la idea de que el desayuno es la comida más importante, de la obsesión con cinco comidas al día. Las comidas sociales, las celebraciones, las fiestas, son parte fundamental de la salud. Muchas veces no se tiene en cuenta que una persona también necesita vivir, no solo controlar números.

Lo que Murillo está pidiendo es un cambio en cómo entendemos la enfermedad y a las personas que la padecen. No es un cambio de dieta. Es un cambio de perspectiva. La diabetes tipo 2 no es un fracaso personal. Es el resultado de un viaje largo y complejo donde muchas cosas están en juego, y donde la responsabilidad individual es solo una parte de la historia.

La aparición de diabetes tipo 2 es el resultado de un largo viaje que empieza unos 10 o 15 años antes de que la glucosa empiece a aparecer elevada en la analítica
— Serafín Murillo, especialista en educación en diabetes
Las comidas sociales, celebraciones y fiestas son parte fundamental de la salud social, algo que muchas veces no se tiene en cuenta
— Serafín Murillo
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué cree que el mensaje de «dieta y ejercicio lo resuelven todo» sigue siendo tan dominante si los estudios ya demostraron que no funciona así?

Model

Porque es simple, tranquilizador y responsabiliza al individuo. Si la diabetes es culpa de tu falta de disciplina, entonces el sistema de salud no tiene que cambiar, la industria alimentaria no tiene que cambiar. Es un mensaje cómodo para todos excepto para la persona que lo recibe.

Inventor

Usted menciona que el proceso comienza 10 o 15 años antes de que aparezca la glucosa elevada. ¿Cómo se supone que alguien previene algo que no puede ver ni sentir?

Model

Esa es exactamente la pregunta incómoda. No se puede prevenir lo que no se ve. Lo que sí se puede hacer es crear condiciones de vida que reduzcan el riesgo general: movimiento regular, sueño de calidad, alimentos menos procesados. Pero no como una obsesión. Como una forma de vivir.

Inventor

¿Qué pasa con esas personas que usan sensores de glucosa continuamente y se obsesionan con cada fluctuación?

Model

Están buscando control en un lugar donde el control es ilusorio. Una pequeña subida de glucosa no es una catástrofe. Pero si te pasas el día mirando esos números, la ansiedad se convierte en el verdadero problema. Es como vivir bajo vigilancia de ti mismo.

Inventor

En su libro habla de que las comidas sociales son parte fundamental de la salud. ¿Cómo se reconcilia eso con el consejo médico tradicional?

Model

No se reconcilia fácilmente. Pero la salud no es solo un número en un análisis. Es también poder cenar con amigos sin sentir que estás haciendo algo malo. Si la prevención de la diabetes te aísla socialmente, entonces la prevención se convierte en su propio problema.

Inventor

¿Qué debería cambiar en cómo los médicos hablan de la diabetes tipo 2?

Model

Deberíamos empezar diciendo la verdad: esto es complicado, no hay una solución mágica, y no es tu culpa. Luego podemos hablar de qué cambios pequeños y sostenibles podrían ayudarte. Pero primero, hay que dejar de culpabilizar.

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