Más vitaminas no siempre equivalen a más protección
Cada invierno, millones de personas acuden a la farmacia en busca de protección, convencidas de que más vitaminas equivalen a más salud. Lo que pocos saben es que ciertos nutrientes, al combinarse sin criterio, pueden neutralizarse mutuamente o inclinar el cuerpo hacia desequilibrios inesperados. La farmacéutica María José Alonso lleva años observando esta brecha entre la buena intención y el conocimiento real, y su advertencia es tan sencilla como urgente: la nutrición es una cuestión de proporciones y sincronización, no de acumulación.
- Las dosis altas de vitamina C pueden bloquear silenciosamente la absorción de vitamina B12, una interacción que la mayoría de los consumidores desconoce por completo.
- El consumo de multivitamínicos se disparó entre un 40 y un 60% durante la pandemia, y ese hábito de automedicación sin supervisión profesional nunca desapareció.
- Añadir suplementos individuales a un multivitamínico ya formulado no suma beneficios, sino que genera desequilibrios que pueden sabotear la efectividad de los propios nutrientes.
- Las combinaciones problemáticas se multiplican: vitamina D con B12, ácido fólico excesivo con B12, té verde o calcio con hierro — cada mezcla descuidada tiene su propio costo.
- La salida no es abandonar los suplementos, sino usarlos con inteligencia: consultar a un farmacéutico o médico antes de armar un cóctel de píldoras por cuenta propia.
Cuando llega el frío, las farmacias se convierten en escenario de una búsqueda masiva de protección vitamínica. María José Alonso, farmacéutica de la UOC, ha observado durante años lo que ocurre en ese espacio: la gente compra suplementos con las mejores intenciones, pero sin saber que mezclarlos de forma incorrecta puede anular sus beneficios o crear desequilibrios en el organismo.
Su advertencia más concreta apunta a la vitamina C en dosis elevadas: cuando se toma al mismo tiempo que la vitamina B12, reduce significativamente su absorción. Es una interacción invisible para la mayoría, que asume que más vitaminas siempre equivalen a más salud. Los multivitamínicos comerciales ya vienen formulados con proporciones ajustadas; añadir suplementos adicionales por separado no suma, sino que descompensa.
Esta tendencia se intensificó durante la pandemia, cuando el uso de multivitamínicos creció entre un 40 y un 60%, impulsado por el miedo y por consejos de redes sociales. Años después, el hábito persiste sin que la consulta profesional lo acompañe.
Las combinaciones problemáticas van más allá del dúo C y B12. La vitamina D interfiere con B12; el ácido fólico en exceso puede alterar los niveles de B12 en sangre; el té verde y los alimentos ricos en calcio reducen la absorción del hierro. Existe, sin embargo, una excepción positiva: la vitamina C del zumo de naranja potencia el aprovechamiento del hierro.
Alonso no busca demonizar los suplementos, sino promover un uso inteligente. Su mensaje es claro: un multivitamínico bien formulado es más seguro que un cóctel improvisado de píldoras. Y si alguien siente que necesita algo más, el primer paso debería ser siempre una consulta con un profesional de la salud.
Cuando llega el invierno, las farmacias se llenan de personas buscando reforzar sus defensas con suplementos vitamínicos. Pocas se detienen a pensar en cómo esas píldoras interactúan entre sí. María José Alonso, farmacéutica de la UOC, ha pasado años observando esta brecha entre la intención y la realidad: la gente compra vitaminas con la mejor de las intenciones, pero sin entender que mezclarlas de forma incorrecta puede anular sus beneficios o, peor aún, crear desequilibrios en el cuerpo.
La advertencia más clara que Alonso formula es sobre la vitamina C en dosis altas. Cuando se toma en cantidades elevadas al mismo tiempo que la vitamina B12, la primera reduce significativamente la absorción de la segunda. Es una interacción que pasa desapercibida para la mayoría de los consumidores, quienes asumen que más vitaminas siempre equivalen a más protección. La realidad es más compleja. Los preparados comerciales multivitamínicos ya vienen formulados con proporciones cuidadosamente ajustadas de micronutrientes. Cuando alguien decide complementar esos productos tomando vitaminas adicionales por separado, lo que logra es generar desequilibrios. Una dosis aislada y elevada de un nutriente puede sabotear la efectividad de otro.
Esta tendencia de automedicación vitamínica se intensificó durante la pandemia. Entre 2020 y 2021, el uso de multivitamínicos se disparó entre un 40 y un 60 por ciento, y esa pauta de consumo nunca desapareció. Ahora, años después, sigue siendo común que las personas compren suplementos sin consultar a un profesional, guiándose por lo que leen en redes sociales o por recomendaciones de amigos. Alonso subraya que esta práctica requiere extremar la precaución.
Las interacciones problemáticas van mucho más allá de la dupla vitamina C y B12. La vitamina D tomada junto con B12 también genera interferencias. El ácido fólico en exceso, cuando se combina con B12, puede alterar los niveles de este último en la sangre, creando un efecto contrario al deseado. Con el hierro, la situación es igualmente delicada. El té verde y los alimentos ricos en calcio reducen de forma notable su absorción, debido a los taninos y a la competencia mineral que generan. Sin embargo, existe una combinación que sí funciona: la vitamina C presente en un zumo de naranja potencia el aprovechamiento del hierro.
Lo que Alonso intenta comunicar es que la nutrición no es un asunto de cantidades, sino de proporciones y sincronización. Mantener la relación adecuada entre nutrientes como el calcio y el magnesio es clave para una absorción óptima. No se trata de demonizar los suplementos, sino de usarlos con inteligencia. La experta pide que los consumidores entiendan que tomar un multivitamínico bien formulado es generalmente más seguro que armar su propio cóctel de píldoras. Y si alguien siente que necesita complementar su dieta, la recomendación es clara: consultar con un farmacéutico o un médico antes de hacerlo.
Citas Notables
Tomar dosis elevadas de vitamina C al tiempo que la vitamina B12 puede reducir la absorción de la segunda— María José Alonso, farmacéutica de la UOC
Una dosis alta aislada de un nutriente puede reducir el efecto de otro— María José Alonso
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué la vitamina C en dosis altas interfiere específicamente con la B12 y no con otras vitaminas?
Tiene que ver con cómo el cuerpo absorbe y procesa cada nutriente. La B12 requiere un ambiente específico en el estómago para ser absorbida correctamente, y la vitamina C en exceso altera ese equilibrio químico. Es como si la C ocupara el espacio que B12 necesita.
Entonces, ¿alguien que toma un multivitamínico comercial no debería preocuparse?
Exacto. Los multivitamínicos están diseñados con proporciones que ya consideran estas interacciones. El problema surge cuando la gente decide agregar más vitaminas por su cuenta, pensando que más es mejor.
¿Cuándo comenzó a ser común este comportamiento de automedicación?
Se aceleró mucho durante la pandemia. El miedo a enfermarse llevó a que millones de personas compraran suplementos sin asesoramiento profesional. Ese hábito nunca desapareció, incluso ahora que la pandemia pasó.
¿Hay alguna combinación de vitaminas que sí funcione bien juntas?
Sí. La vitamina C con hierro es una buena pareja. La C potencia la absorción del hierro, así que un zumo de naranja con una comida rica en hierro es una combinación inteligente.
¿Qué debería hacer alguien que ya ha estado tomando varias vitaminas por su cuenta?
Lo primero es hablar con un farmacéutico. No es necesario dejar todo de golpe, pero sí revisar qué está tomando y por qué. A menudo descubren que pueden simplificar mucho su régimen sin perder beneficios.