Miami está dentro del alcance de los drones que cooperan con el régimen
A noventa millas de las costas de Florida, la pregunta sobre qué armas guarda Cuba se ha vuelto lo suficientemente urgente como para reunir a políticos bipartidistas alrededor de una réplica de dron iraní en un hotel de lujo en Coral Gables. La organización UANI alertó en julio de 2026 sobre reportes de inteligencia que señalan la adquisición cubana de más de trescientos drones Shahed-136 —el mismo modelo que Rusia ha desplegado en Ucrania— con un alcance que, desde la isla, podría llegar hasta Nueva York. El evento no solo reveló la geometría de una amenaza geográfica, sino también la tensión más profunda entre la vigilancia necesaria y el riesgo de convertir la incertidumbre en pánico.
- Reportes de inteligencia filtrados en mayo indicaron que funcionarios cubanos discutieron usar drones contra la Base Naval de Guantánamo, buques militares y Cayo Hueso, encendiendo alarmas en Washington.
- El director de la CIA viajó en secreto a La Habana y el jefe del Comando Sur se reunió con militares cubanos cerca de Guantánamo, señales de que la preocupación estadounidense va mucho más allá de la retórica política.
- El congresista Giménez advirtió que el Shahed-136 puede recorrer 2,500 km desde Cuba, poniendo a Miami y Nueva York dentro de su radio de acción teórico.
- El analista Andy Gómez matizó la alarma: un ataque directo cubano sería suicida para el régimen, y la presión diplomática —no militar— sigue siendo la respuesta más viable.
- El secretario Rubio encuadró el problema en términos más amplios: con o sin drones, un Estado fallido a noventa millas de Estados Unidos ya es, por sí mismo, una amenaza de seguridad nacional.
A mediados de julio de 2026, en un hotel de Coral Gables, políticos estadounidenses se congregaron en torno a una réplica del dron Shahed-136 —el arma iraní que Rusia ha usado masivamente en Ucrania— para advertir sobre lo que describían como una amenaza emergente a solo noventa millas de Florida. El evento fue organizado por UANI, coalición bipartidista que agrupa a figuras como Jeb Bush, el congresista Carlos Giménez y el embajador Mark Wallace.
Según reportes de inteligencia citados por la organización, Cuba habría adquirido más de trescientos de estos drones desde 2023, provenientes de Rusia e Irán. Giménez subrayó que el Shahed-136 tiene un alcance de 2,500 kilómetros, suficiente para alcanzar Nueva York desde la isla. Wallace fue directo: Miami ya está dentro del radio de estas aeronaves. La alarma no era nueva —en mayo, Axios había revelado que funcionarios cubanos discutieron usar drones contra Guantánamo, buques militares y Cayo Hueso—, pero el evento le dio rostro público y urgencia política.
La respuesta diplomática había sido inusualmente activa: el director de la CIA visitó La Habana sin anuncio previo el 14 de mayo, y semanas después el jefe del Comando Sur se reunió con militares cubanos cerca de Guantánamo. El régimen cubano no confirmó ni negó los reportes, invocando su derecho soberano a armarse.
No todos compartieron el mismo nivel de alarma. El analista Andy Gómez reconoció la gravedad de la situación pero consideró improbable un ataque directo: las consecuencias para el régimen serían devastadoras. Apostó por la presión política y diplomática, y señaló indicios de un posible deterioro interno en Cuba. El secretario Marco Rubio ofreció quizás la síntesis más reveladora: con o sin drones, un Estado fallido a noventa millas al sur ya representa una amenaza para la seguridad nacional.
En el salón de un hotel de lujo en Coral Gables, a mediados de julio, un grupo de políticos estadounidenses se reunió alrededor de una réplica de un dron de fabricación iraní para advertir a la nación sobre lo que describían como una amenaza creciente a solo noventa millas de la costa de Florida. El dron Shahed-136, un arma que Rusia ha utilizado extensamente en su guerra contra Ucrania, fue el centro de un evento organizado por Unidos contra el Irán Nuclear (UANI), una coalición bipartidista que reúne a figuras como el expresidente de Florida Jeb Bush, el congresista republicano Carlos Giménez y el embajador Mark Wallace.
La exhibición respondía a reportes de inteligencia estadounidense que, según la organización, indicaban que el régimen cubano había adquirido más de trescientos de estos drones desde 2023, obtenidos tanto de Rusia como de Irán. Los alcances de estas aeronaves no tripuladas son considerables: Giménez señaló que el Shahed-136 puede viajar hasta dos mil quinientos kilómetros, lo que significa que desde Cuba podría alcanzar Nueva York. Wallace fue directo en su mensaje: Miami, dijo, está dentro del rango de fuego de estas máquinas que cooperan con La Habana. La alianza entre Cuba e Irán, argumentó, no es nueva, pero su profundización militar representa un riesgo particular dado que la isla se encuentra en las proximidades de instalaciones estratégicas estadounidenses en el Caribe.
El origen de esta alarma pública se remonta a mayo, cuando la publicación Axios reveló información de inteligencia según la cual funcionarios cubanos habían discutido planes para emplear estos drones contra objetivos específicos: la Base Naval de Guantánamo, buques militares estadounidenses e incluso la ciudad de Cayo Hueso. El régimen cubano no confirmó ni negó estas acusaciones, limitándose a afirmar su derecho soberano a adquirir los medios que considerara necesarios para su defensa. Sin embargo, la revelación desencadenó una actividad diplomática y militar inusual. El director de la CIA realizó una visita no anunciada a La Habana el catorce de mayo para reunirse con altos funcionarios cubanos. Dos semanas después, el jefe del Comando Sur de Estados Unidos se encontró con militares cubanos en las cercanías de Guantánamo, un contacto que subrayaba la seriedad con la que Washington tomaba la situación.
En el evento del Biltmore, Bush enfatizó que los reportes sobre trescientos drones en Cuba constituían un riesgo que debería preocupar a la nación, aunque reconoció que Estados Unidos tenía la capacidad de protegerse. Giménez fue más contundente, describiendo el dron como un arma de ataque y afirmando que, si los informes de inteligencia eran correctos, la situación revistía gravedad. En redes sociales, el congresista escribió que la dictadura mantenía una amenaza real a solo noventa millas de las costas estadounidenses.
Pero no todos los presentes compartieron el mismo nivel de alarma. Andy Gómez, analista político, reconoció que la existencia de estos drones merecía atención, pero consideró poco probable que Cuba los utilizara directamente contra territorio estadounidense. Su razonamiento era pragmático: las consecuencias para el régimen serían catastróficas. Gómez descartó una intervención militar como solución y abogó por mantener la presión política y diplomática. Más aún, percibía señales de un posible deterioro interno del régimen cubano, lo que sugería que las dinámicas en la isla podrían cambiar desde adentro. El secretario de Estado Marco Rubio había resumido la posición del gobierno con una frase que capturaba la preocupación más amplia: con o sin drones, un Estado fallido a noventa millas al sur de Estados Unidos representa una amenaza para la seguridad nacional.
Notable Quotes
Si Cuba tiene 300 de estas aeronaves, representa una amenaza para Estados Unidos, sin duda— Congresista Carlos Giménez
No me preocupa demasiado que Cuba lance un dron contra Estados Unidos, porque lo que vendría después, para ellos, sería el caos— Analista Andy Gómez
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué decidieron exhibir una réplica física del dron en lugar de simplemente presentar los datos de inteligencia?
Porque ver el objeto, entender su tamaño, su alcance en un mapa, hace que la amenaza sea tangible. No es un número abstracto. Es algo que la gente puede tocar, visualizar.
¿Cree que Cuba realmente tiene trescientos de estos drones, o es una cifra inflada para justificar una postura más dura?
Los reportes provienen de inteligencia estadounidense, no de UANI. Pero es cierto que nadie ha visto estos drones públicamente. Cuba no los ha mostrado, no los ha confirmado. Hay un vacío entre lo que se afirma y lo que se puede verificar.
Gómez dijo que Cuba no atacaría directamente. ¿Entonces cuál es el verdadero riesgo?
Quizás no es un ataque directo. Quizás es la capacidad, el cambio en el equilibrio de poder, la señal de que Cuba está armándose con tecnología más sofisticada. O quizás es que estos drones podrían ser transferidos a otros actores en la región.
¿Por qué la CIA visitó La Habana en mayo si la situación era tan grave?
Eso es lo interesante. Sugiere que había comunicación, negociación, algo más que confrontación pura. No sabemos qué se dijo en esa reunión, pero el hecho de que ocurriera indica que ambos lados estaban buscando entender la situación.
¿Qué pasa si Gómez tiene razón y el régimen se está desmoronando desde adentro?
Entonces estos drones podrían ser un síntoma de desesperación, no de fortaleza. Un régimen que se siente amenazado busca armarse. Pero también significa que la presión política y diplomática podría ser más efectiva que cualquier otra cosa.