En las laderas rocosas de Navas de San Antonio, donde el fuego irrumpió un sábado por la tarde, la naturaleza y la voluntad humana han negociado una tregua provisional. Tras una noche de trabajo sostenido, el incendio muestra señales de ceder, las carreteras han vuelto a abrirse y la comunidad respira con cautela. Sin embargo, el viento que llegará al mediodía recuerda que la tierra no entrega sus secretos fácilmente, y que la vigilancia es la forma más antigua de respeto ante el fuego.