Cada martes y viernes, nueve naciones europeas suspenden el aliento ante un mismo ritual: la extracción de bolas en París que decide quién accede a una fortuna improbable. El 11 de agosto, con 17 millones de euros en juego y una probabilidad de éxito de una entre casi 140 millones, el Euromillones volvió a recordarnos que la esperanza colectiva tiene un precio de 2,50 euros y una vida útil de apenas unos minutos. Mientras tanto, Madrid ya celebraba su propio millonario gracias a El Millón, el sorteo paralelo que España reserva para sus propios jugadores.