En la madrugada del 5 de agosto de 2026, una etapa desechable del Falcon 9 completó su largo y silencioso peregrinaje por el espacio al estrellarse contra la Luna a más de ocho mil kilómetros por hora, cerca del cráter Einstein. Lo que comenzó como una pieza de ingeniería al servicio de la exploración lunar terminó convirtiéndose en basura espacial y, finalmente, en un accidente con valor científico. El incidente recuerda que cada objeto que lanzamos al cosmos sigue su propia trayectoria, con o sin nuestra intención, y que incluso los residuos pueden enseñarnos algo sobre el mundo que aspiramo