Durante más de dos milenios, el cielo ha guardado un secreto silencioso: la Tierra gira cada vez más despacio. Un estudio que reconstruyó 2.700 años de registros astronómicos confirma que nuestros días se alargan a razón de 1.8 milisegundos por siglo, impulsados principalmente por la fricción gravitacional de la Luna sobre los océanos. El horizonte de consecuencias visibles —un día de 25 horas— se extiende 200 millones de años hacia el futuro, pero las huellas de este proceso ya tocan el presente en los sistemas que guían nuestra vida moderna.