Estudio revela que las barreras para usar condón y hacerse test de VIH son emocionales, no informativas

Las barreras emocionales y sociales para la prevención del VIH afectan a millones de chilenos, limitando su acceso a protección efectiva y testeo oportuno.
El conocimiento vive en la cabeza. La vergüenza vive en la relación.
La brecha entre saber que el condón previene el VIH y usarlo realmente es emocional, no informativa.

En Chile, más del 85% de la población conoce que el condón previene el VIH, pero menos de una cuarta parte lo usa de forma consistente. Un estudio publicado en Scientific Reports revela que el obstáculo no es la ignorancia, sino una red de emociones, normas relacionales y percepciones culturales que interrumpen el camino entre saber y actuar. Como en tantas dimensiones de la salud pública, el conocimiento resulta ser una condición necesaria pero no suficiente para el cambio de conducta.

  • Chile enfrenta una paradoja inquietante: la información sobre VIH abunda, pero las tasas de uso de condón y testeo permanecen peligrosamente bajas.
  • En parejas estables, el condón se convierte en símbolo de desconfianza, y casi la mitad de los hombres lo rechaza por creer que reduce el placer sexual.
  • El 68,3% de quienes no se testearon el último año lo justificó con una certeza que puede ser falsa: la convicción de que ellos, personalmente, no corren riesgo.
  • La brecha de género es alarmante: mientras el 68,7% de las mujeres consultó a un profesional sobre salud sexual, solo el 24,3% de los hombres lo hizo.
  • El estudio exige un giro radical en las políticas públicas: abandonar las campañas puramente informativas y diseñar intervenciones que hablen el lenguaje de las emociones, las relaciones y la cultura.

Menos de una cuarta parte de los chilenos usa condón de forma consistente, y solo uno de cada seis se hace una prueba de VIH al año. Estas cifras podrían atribuirse a la ignorancia, pero un estudio publicado en marzo de 2026 en Scientific Reports llega a una conclusión más incómoda: la gente sabe qué debería hacer. El problema es que ese conocimiento no alcanza para moverla a actuar.

La investigación, liderada por el Dr. Salvador Chacón-Moscoso de la Universidad Autónoma de Chile, analizó datos de la Encuesta Nacional de Salud, Sexualidad y Género 2022-2023 aplicando modelos de ciencias del comportamiento. Su objetivo era identificar con precisión dónde se quiebra la cadena entre la intención y la acción. Lo que encontraron fue un abismo: el 80% dice que usa condón para prevenir el VIH, pero solo el 17,5% de los hombres reportó hacerlo siempre durante el último año.

Las barreras identificadas no son las habituales. No se trata de falta de acceso ni de desconocimiento. En parejas estables, el condón desaparece porque se asocia a infidelidad o desconfianza. El 41,6% de los hombres cree que reduce el placer, y casi el 30% mostró ambivalencia ante la idea de usarlo en relaciones de largo plazo. En cuanto al testeo, la razón principal para no realizarlo no fue el miedo ni la falta de acceso, sino la percepción —muchas veces equivocada— de no estar en riesgo.

Lo paradójico es que el conocimiento general es alto: más del 85% sabe que el condón previene la transmisión. Pero herramientas como la PrEP son casi desconocidas, con solo un 10,5% de familiaridad. El estudio concluye que las campañas basadas únicamente en información son insuficientes, y propone intervenciones que aborden los determinantes emocionales, sociales y estructurales: reformular la relación entre placer y condón, fortalecer la educación sexual desde la infancia y mejorar el acceso diferenciado por género a los servicios de salud sexual. Chile tiene los datos y sabe qué no funciona. Ahora tiene la oportunidad de empezar de nuevo.

Menos de una cuarta parte de los chilenos usa condón de forma consistente. Solo uno de cada seis se hace una prueba de VIH cada año. Estas cifras, por sí solas, podrían sugerir un problema de ignorancia. Pero un estudio publicado en marzo de 2026 en Scientific Reports —la revista de Nature Portfolio— llega a una conclusión más incómoda: la gente sabe qué hacer. El problema es que el conocimiento no basta para que lo haga.

La investigación, liderada por el Dr. Salvador Chacón-Moscoso de la Universidad Autónoma de Chile junto a un equipo internacional, utilizó datos de la Encuesta Nacional de Salud, Sexualidad y Género del Ministerio de Salud de 2022-2023 y aplicó herramientas de ciencias del comportamiento —específicamente los modelos COM-B y el Marco de Dominios Teóricos— para entender qué está realmente detrás de estas conductas. No fue un ejercicio académico abstracto. Fue un intento de mapear, con precisión, dónde se quiebra la cadena entre la intención y la acción.

Lo que encontraron fue una brecha profunda entre lo que las personas dicen que quieren y lo que realmente hacen. El 80% de los encuestados afirmó que su motivación principal para usar condón es prevenir el VIH o infecciones de transmisión sexual. Pero cuando se mira el comportamiento real, solo el 17,5% de los hombres reportó usarlo siempre durante el último año. La diferencia no es pequeña. Es un abismo.

Las barreras que el estudio identificó no son las que típicamente imaginamos. No es que la gente no tenga acceso a condones o que ignore cómo funcionan. Las barreras son emocionales, relacionales y culturales. En parejas estables, el condón tiende a desaparecer porque se asocia con desconfianza o infidelidad. Casi el 30% de los encuestados mostró ambivalencia frente a la idea de que el condón sea necesario incluso en una relación de largo plazo. Además, el 41,6% de los hombres cree que el condón reduce el placer sexual —una percepción que el estudio clasifica como una barrera moderada pero significativa.

Sobre el testeo de VIH, el panorama es diferente pero igualmente revelador. La principal razón por la que el 68,3% de quienes no se testearon en el último año no lo hizo no fue miedo al resultado ni falta de acceso. Fue la percepción de que no estaban en riesgo. Existe también una brecha de género notable: el 68,7% de las mujeres había consultado a un profesional de salud sobre sexualidad o infecciones de transmisión sexual, mientras que solo el 24,3% de los hombres lo había hecho.

Lo paradójico es que el conocimiento general sobre VIH es alto. Más del 85% sabe que el condón previene la transmisión. Pero cuando se pregunta sobre herramientas biomédicas más nuevas, como la PrEP (profilaxis preexposición), el conocimiento cae a casi nada: solo el 10,5% la conoce. El problema, entonces, no es ignorancia. Es que saber no mueve a la gente a actuar.

Esta conclusión tiene consecuencias directas para la política pública. El Dr. Chacón-Moscoso señala que las estrategias basadas exclusivamente en entregar información probablemente son insuficientes. Lo que se necesita son intervenciones que aborden los determinantes emocionales, sociales y estructurales del comportamiento. El estudio propone un conjunto de estrategias concretas: reformular cómo se comunica la relación entre placer y condón, fortalecer la educación sexual desde la infancia, y mejorar el acceso diferenciado por género a los servicios de salud sexual.

La investigación fue publicada con acceso abierto, lo que significa que está disponible para que otros investigadores, funcionarios de salud pública y diseñadores de políticas puedan consultarla. Los coautores fueron Giuliano Duarte-Anselmi, Susana Sanduvete-Chaves y Daniel López-Arenas. Lo que queda claro es que Chile, como muchos países de América Latina, está en un punto de inflexión: tiene los datos, tiene el conocimiento de qué no funciona, y ahora tiene la oportunidad de rediseñar sus campañas de prevención desde cero.

Hay una brecha clara entre la intención y la conducta real. Las personas quieren protegerse, pero factores emocionales, relacionales y sociales interfieren en el momento de actuar.
— Equipo investigador del estudio
Las estrategias centradas exclusivamente en entregar información probablemente son insuficientes. Se requieren intervenciones que aborden determinantes emocionales, sociales y estructurales del comportamiento.
— Dr. Salvador Chacón-Moscoso
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué el conocimiento no basta? Si el 85% sabe que el condón previene el VIH, ¿qué impide que lo use?

Model

Porque la prevención no es un acto racional. Es un acto emocional y relacional. Usar condón en una pareja estable se siente como una acusación. Como si dijeras: "No confío en ti". El conocimiento vive en la cabeza. La vergüenza, la desconfianza, el placer, viven en el cuerpo y en la relación.

Inventor

Entonces el problema es cultural, no educativo.

Model

Exactamente. Las campañas tradicionales dicen: "Usa condón, previene el VIH". Pero no abordan por qué una persona, sabiendo esto, elige no usarlo en el momento. No hablan del placer, no hablan de la confianza, no hablan de lo que realmente está en juego emocionalmente.

Inventor

¿Y el testeo? ¿Por qué el 68% no se testea si no es por miedo?

Model

Porque no se sienten en riesgo. Y eso es un problema de percepción, no de información. Una persona puede saber todo sobre el VIH y aun así creer que a ella no le va a pasar. Es una ilusión de invulnerabilidad.

Inventor

¿Hay diferencias entre hombres y mujeres?

Model

Sí, y son profundas. Las mujeres consultan a profesionales de salud sobre sexualidad tres veces más que los hombres. Los hombres no hablan de esto. No preguntan. Y eso los deja más vulnerables porque no tienen información ni apoyo emocional.

Inventor

¿Qué cambiaría si las campañas abordaran esto?

Model

Todo. Si dijeras "el condón te permite disfrutar sin miedo" en lugar de "el condón previene enfermedades", estarías hablando el lenguaje de las personas. Si enseñaras educación sexual desde la infancia, normalizarías estas conversaciones. Si hicieras que los hombres se sientan cómodos consultando, los traerías al sistema de salud.

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