En el espacio íntimo donde dos personas comparten sus experiencias, la humanidad revela una de sus inclinaciones más silenciosas: cuando alguien confiesa un fracaso, el impulso natural no es presumir el propio éxito, sino tender un puente de vulnerabilidad compartida. Un estudio con más de ocho mil participantes, realizado por investigadores de cuatro universidades internacionales, documenta que compartimos nuestros fracasos con mucho mayor frecuencia que nuestros logros cuando el otro atraviesa una situación similar. Lo que mueve esta conducta no es la vanidad ni la vergüenza, sino algo más a