Cuando el calor se instala en las ciudades, no solo afecta al cuerpo que suda sino a la mente que razona. Un equipo de investigadores de Harvard documentó en Boston, durante el verano de 2016, que adultos jóvenes y sanos que dormían sin climatización durante una ola de calor llegaban a la mañana siguiente con una capacidad cognitiva measurablemente mermada. El hallazgo desplaza el debate del confort individual hacia una cuestión colectiva: si el calor nocturno erosiona la atención y la memoria incluso en quienes se consideran invulnerables, el diseño de nuestros edificios y ciudades se convier