Desde hace tiempo la ciencia reconoce que el movimiento nutre el cuerpo infantil, pero un estudio reciente con más de dieciocho mil niños sugiere que no toda actividad física moldea el cerebro de la misma manera. Quienes participaron en deportes grupales durante los primeros años escolares mostraron un desarrollo más robusto del autocontrol, la atención y las funciones ejecutivas, esas capacidades que permiten a un ser humano organizar su conducta y convivir con otros. El hallazgo invita a pensar que el juego colectivo no es solo ejercicio: es también una escuela silenciosa de autorregulación