Desde antes del primer aliento, el cerebro ya lleva inscrita la historia de lo que su madre pudo o no pudo comer. Investigadores de la Universidad de Chile han documentado que la restricción calórica durante el embarazo reprograma los genes que protegen la barrera hematoencefálica, dejando en la descendencia una huella molecular que persiste hasta la adultez y que los hace responder de manera distinta —y más vulnerable— ante el estrés posterior. El hallazgo no solo amplía nuestra comprensión del origen biológico de los trastornos neurológicos, sino que recuerda que la salud mental tiene raíces