EE.UU. e Irán: la guerra asimétrica que ningún bando logró ganar

Irán estimó pérdidas de 230.000 millones de euros (57% del PIB) y la pérdida de al menos una docena de altos mandos militares durante el conflicto.
Es más caro derribarlo que hacerlo volar
La ecuación económica que explica cómo Irán compensó su inferioridad militar mediante drones de bajo costo.

Irán utilizó drones de bajo coste, misiles balísticos y ataques a infraestructuras energéticas para saturar las defensas estadounidenses, paralizando el 17% del gas natural catarí. Estados Unidos agotó la mitad de sus inventarios de misiles Patriot y THAAD, requiriendo entre uno y cuatro años para reabastecerse, presionando al Pentágono.

  • Irán paralizó el 17% del gas natural catarí, causando pérdidas de 15.000 millones de euros
  • Estados Unidos agotó la mitad de sus inventarios de misiles Patriot y THAAD
  • Irán mantiene 2.500 a 4.400 misiles y 80.000 drones disponibles tras el conflicto
  • Pérdidas iraníes estimadas en 230.000 millones de euros, el 57% del PIB
  • 39 días de conflicto con alto el fuego alcanzado el 8 de abril

Estados Unidos e Irán libraron una guerra de fuerzas desiguales donde Teherán compensó su inferioridad militar con tácticas asimétricas y ataques a objetivos civiles, logrando un equilibrio estratégico sin victoria definitiva.

Un dron iraní vuela hacia instalaciones de gas en Qatar. Su costo: entre 17.000 y 43.000 euros. Un misil interceptor estadounidense Patriot sale a su encuentro. Su costo: 3,2 millones de euros. Generalmente se lanzan dos. La relación es de uno a diez a favor del dron. Es más caro derribarlo que hacerlo volar. Este cálculo simple resume lo que sucedió durante 39 días de conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán: una guerra de fuerzas radicalmente desiguales donde el bando más débil logró mantenerse en pie mediante una estrategia que ninguno de los contendientes pudo ganar completamente.

Irán enfrentaba una tarea titánica. Su ejército era más pequeño, menos avanzado, menos equipado que el de sus adversarios. Pero comprendió rápidamente que luchar en los términos estadounidenses significaba derrota catastrófica. Así que Teherán activó una estrategia descentralizada de toma de decisiones militares, diseñada dos décadas atrás por el general Mohammad Jafari, para compensar la muerte de mandos y ejecutar ofensivas múltiples simultáneamente. Misiles balísticos de precisión. Drones de ataque de bajo costo. Terror en aguas del Golfo a través de la Guardia Revolucionaria. Un manual de guerra asimétrica que otras contiendas podrían usar como referencia.

Las fuerzas armadas iraníes sometieron a gran estrés las capacidades estadounidenses desplegadas en la región. Era la primera vez que sistemas de defensa antiaérea estadounidenses en países aliados del Golfo sufrían ataques en enjambre: ofensivas combinadas de drones y misiles diseñadas para saturar los escudos de protección de Kuwait, Baréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí. Estados Unidos utilizó entre 3.710 y 4.510 unidades de sus misiles más preciados. En cuatro modelos de proyectiles, el Pentágono agotó la mitad de su inventario. Los interceptores Patriot y THAAD, tan codiciados por aliados como Ucrania, desaparecieron de los almacenes. Reabastecerse llevaría entre uno y cuatro años. La presión dentro del Pentágono fue creciente desde las primeras semanas. La Administración Trump, buscando aumentar el gasto militar un 40 por ciento hasta 1,3 billones de euros, instó a los fabricantes de armas a trabajar más rápido y más barato.

Pero la verdadera genialidad de Irán no fue solo militar. Fue psicológica. Teherán ejecutó una escalada horizontal: extendió el conflicto lejos del campo de batalla hacia el sector energético internacional y el control del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz. Los ataques iraníes paralizaron el 17 por ciento de los envíos de gas natural licuado catarí, es decir, cerca de 15.000 millones de euros en ingresos perdidos. Bordeó las reglas de la guerra redactadas tras la Segunda Guerra Mundial para poner en su mira objetivos civiles: instalaciones energéticas, aeropuertos, plantas desalinizadoras. Acertó el tiro. Causó pánico entre los aliados árabes de Estados Unidos, que se sintieron desprotegidos. El tráfico marítimo se paralizó ante la amenaza de minas —Irán guardaba entre 5.000 y 6.000 unidades— o impactos de drones.

Estados Unidos desplegó su mayor fuerza desde la invasión de Irak hace más de dos décadas. Envió cerca del 40 por ciento de sus barcos operativos a Oriente Próximo. Una fuerza suficiente, con soldados de élite y buques anfibios, para poner pies en territorio iraní. Pero ese nunca fue el plan. Trump nunca convenció a sus seguidores de la necesidad de la guerra. El riesgo de una invasión terrestre que se estancara y provocara numerosas bajas estadounidenses era políticamente inaceptable. Sin pisar suelo enemigo, es difícil garantizar posiciones militares y declarar victoria plena.

Se abrió entonces una guerra de desgaste. Estados Unidos cifra en 13.000 los objetivos alcanzados con sus misiles, drones y bombas guiadas. Irán lanzó en torno a 1.300 proyectiles y 4.400 drones de ataque contra Israel, vecinos de la región y barcos en el Golfo. El contendiente más pequeño fue el que más perdió en el campo de batalla. Teherán calcula pérdidas de 230.000 millones de euros, el 57 por ciento de su PIB. Perdió al menos una docena de altos mandos militares. El mando central estadounidense ha reiterado que aniquiló gran parte del aparato misílístico iraní. Pero no hay evidencias de que fuera definitivo.

A principios de mayo, The New York Times informó, citando fuentes de inteligencia estadounidenses, que Irán había restablecido acceso operativo a 30 de sus 33 bases de misiles a lo largo del estrecho de Ormuz, así como el 90 por ciento de sus instalaciones subterráneas de almacenamiento y lanzamiento. En el memorando de paz alcanzado el 8 de abril no hay rastro del programa de misiles balísticos iraní, objetivo de guerra para Estados Unidos e Israel. Es y seguirá siendo innegociable para Teherán. Irán mantiene un stock estimado de entre 2.500 y 4.400 misiles. Suficientes para mantener capacidad de tiro. Antes de la guerra, disponía de alrededor de 80.000 drones de ataque en sus almacenes. La fabricación iraní sigue siendo a gran escala, aún capaz de surtir al aliado ruso. Ningún bando logró ganar. Pero Irán aprovechó el costo psicológico de la guerra de manera vigorosa y exitosa, estableciendo una narrativa global de que Estados Unidos no estaba cumpliendo sus objetivos y abriendo un camino para que Irán esperara y se conformara con un mejor acuerdo.

Irán se enfrentaba a una tarea titánica frente a un ejército mucho más grande y avanzado. Rápidamente comprendió que luchar en los términos de Estados Unidos o Israel lo llevaría a una derrota catastrófica.
— Steven Feldstein, Carnegie Endowment for International Peace
Irán aprovechó el costo psicológico de la guerra de manera vigorosa y exitosa. La estrategia fue efectiva; estableció una narrativa de que Estados Unidos no estaba cumpliendo sus objetivos.
— Steven Feldstein, Carnegie Endowment for International Peace
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué un dron de 30.000 euros puede derrotar a un misil de 3,2 millones?

Model

No lo derrota. Lo obliga a gastar recursos desproporcionados. Irán entendió que no podía ganar en el campo de batalla, así que cambió las reglas del juego.

Inventor

¿Cómo se cambian las reglas en una guerra?

Model

Atacando lo que el enemigo no puede defender fácilmente. No solo bases militares, sino puertos, plantas de gas, barcos civiles. Obligas al adversario a protegerlo todo.

Inventor

¿Y eso funcionó?

Model

Funcionó psicológicamente. Paralizó el 17 por ciento del gas catarí. Los aliados árabes de Estados Unidos se sintieron abandonados. La narrativa global fue que Washington no estaba ganando.

Inventor

Pero Estados Unidos tiene más poder de fuego.

Model

Sí, pero ese poder de fuego es caro de usar. Agotaron la mitad de sus misiles Patriot. Necesitarán años para reabastecerse. Irán, mientras tanto, tiene 80.000 drones listos.

Inventor

¿Entonces Irán ganó?

Model

Nadie ganó. Pero Irán no perdió, y eso es una victoria cuando te enfrentas a la primera potencia militar del mundo.

Inventor

¿Qué sucede ahora?

Model

Irán mantiene su programa de misiles intacto. No cedió en eso. Estados Unidos está presionado para rearmarse rápido y barato. La próxima ronda será diferente.

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