Urólogo advierte sobre cálculos renales silenciosos y medidas de prevención

El cálculo puede estar obstruyendo silenciosamente, degradando la función renal
Advertencia del especialista sobre cómo los cálculos renales pueden causar daño sin producir síntomas visibles.

Silenciosos y frecuentes, los cálculos renales habitan el cuerpo de uno de cada diez personas sin anunciarse. El Dr. Cristóbal Bassa, urólogo de Clínica Colonial, recuerda que el dolor que eventualmente provocan puede ser de los más devastadores que un ser humano experimenta, pero que su verdadero peligro reside en los años que transcurren sin síntoma alguno. En la historia de la salud humana, pocas lecciones son tan persistentes como esta: la ausencia de dolor no es sinónimo de bienestar, y el diagnóstico temprano puede ser la diferencia entre conservar un órgano y perderlo para siempre.

  • Un cálculo renal puede obstruir silenciosamente un riñón durante años, destruyendo su función mientras el paciente vive sin dolor ni sospecha alguna.
  • El Dr. Bassa ve repetidamente en su consulta a pacientes que regresan una década después de un cólico renal y descubren que el órgano afectado ya no funciona.
  • La desaparición del dolor es la trampa más peligrosa: muchos interpretan ese alivio como curación, cuando el cálculo puede seguir ahí causando daño progresivo.
  • Una ecografía o un escáner pueden detectar estas formaciones antes de que provoquen daño irreversible, y hoy existen tratamientos mínimamente invasivos con recuperación rápida.
  • La prevención pasa por beber entre dos y tres litros de agua al día, reducir la sal y la carne roja, y aumentar el consumo de frutas y verduras — cambios simples con impacto comprobado.

Uno de cada diez individuos porta cálculos renales sin saberlo. Estas formaciones minerales crecen en silencio dentro del tracto urinario, a veces durante años, sin producir molestia alguna. Cuando finalmente se desplazan o aumentan de tamaño, el dolor que generan puede ser de los más intensos que una persona experimenta en su vida. El Dr. Cristóbal Bassa, urólogo de Clínica Colonial, advierte que la extracción de cálculos es una de las intervenciones más frecuentes en su especialidad, precisamente porque muchos pacientes llegan cuando la situación ya ha avanzado.

Los cálculos se forman cuando las sales y minerales de la orina se concentran y cristalizan, alojándose en riñones, uréteres o vejiga. Mientras permanecen estáticos, el paciente vive con normalidad. El riesgo real emerge cuando la piedra se desplaza o crece de forma desproporcionada. El Dr. Bassa señala un punto crítico: una persona puede portar un cálculo obstructivo que daña silenciosamente su riñón sin experimentar dolor alguno. Ha visto pacientes que consultan cinco o diez años después de un primer cólico renal y descubren que el órgano ya no funciona. La desaparición del dolor no significa resolución del problema.

Cuando los síntomas sí aparecen — dolor lumbar intenso, infecciones urinarias recurrentes, sangre en la orina — merecen atención inmediata. El especialista evaluará el tamaño y ubicación del cálculo mediante imágenes y determinará si hay compromiso renal. Las opciones de tratamiento actuales son en su mayoría mínimamente invasivas y permiten una recuperación rápida.

La prevención sigue siendo el mejor camino. Consumir entre dos y tres litros de agua diarios es la medida más respaldada por la evidencia. Reducir la sal y la carne roja, e incrementar frutas y verduras, contribuye a mantener un equilibrio saludable en la composición de la orina. Algunos factores de riesgo, como los antecedentes familiares, escapan al control individual, pero los hábitos de vida están completamente en manos de cada persona. Lo que el Dr. Bassa subraya con insistencia es que creer que el problema desapareció porque el dolor se fue es la ilusión que más daño causa. Consultar, hacer una ecografía, saber — esa diferencia puede ser la que preserve un riñón funcional para siempre.

Uno de cada diez individuos porta cálculos renales sin saberlo. Estas formaciones minerales se desarrollan en silencio dentro del tracto urinario, a veces durante años, sin producir molestia alguna. Cuando finalmente se mueven o crecen, el dolor que generan puede ser de los más intensos que una persona experimenta en su vida. Así lo explica el Dr. Cristóbal Bassa, urólogo de Clínica Colonial, quien advierte que la extracción de estos cálculos es una de las intervenciones más frecuentes en su especialidad, precisamente porque muchos pacientes llegan al consultorio cuando la situación ya ha avanzado.

Los cálculos urinarios se forman cuando las sales y minerales disueltos en la orina se concentran y cristalizan, creando estructuras sólidas que pueden alojarse en cualquier punto del sistema: en los riñones, en los uréteres, en la vejiga. Mientras permanecen estáticos, el paciente vive con normalidad. El verdadero riesgo clínico emerge cuando la piedra se desplaza o crece de manera desproporcionada. El Dr. Bassa subraya un punto crítico: muchas personas ignoran que tienen estos cálculos porque simplemente no presentan síntomas. Cuando sí los hay, el dolor lumbar o en los flancos del abdomen es tan severo que resulta inconfundible, aunque a veces se confunde con molestias musculares o problemas menos complejos.

La verdadera trampa está en la ausencia de síntomas. Una persona puede portar un cálculo obstructivo que está dañando silenciosamente su riñón, sin experimentar dolor alguno. El Dr. Bassa advierte sobre un escenario que ve repetidamente en su práctica: pacientes que consultan cinco o diez años después de haber tenido un episodio de cólico renal, cuando descubren que el órgano afectado ya no funciona. La desaparición del dolor no significa resolución del problema. A veces, el cálculo obstruye y deja de doler, pero continúa ahí, causando daño progresivo. Por eso el diagnóstico temprano es fundamental. Una ecografía o un escáner pueden detectar la presencia de estas piedras antes de que causen complicaciones irreversibles.

Los síntomas que sí aparecen merecen atención inmediata. Además del dolor lumbar intenso, algunas personas presentan infecciones urinarias recurrentes, sangre en la orina, o molestias intermitentes en la zona baja de la espalda. Cualquiera de estas señales justifica una consulta urológica. El especialista realizará una evaluación diagnóstica que incluya exámenes de imagen para confirmar la presencia del cálculo, determinar su tamaño y ubicación, y evaluar si hay compromiso de las vías urinarias o del funcionamiento renal. Hoy existen múltiples opciones de tratamiento, muchas de ellas mínimamente invasivas, que permiten resolver el problema con recuperación rápida. La técnica elegida dependerá de las características específicas del cálculo y de la evaluación del especialista.

La prevención, sin embargo, es el mejor camino. El Dr. Bassa es claro en sus recomendaciones: consumir entre dos y tres litros de agua diarios es la medida más importante estudiada para prevenir la formación de cálculos renales. Junto a esto, reducir el consumo de sal, disminuir la ingesta de carne roja, e incrementar el consumo de frutas y verduras ayuda a mantener un equilibrio más saludable en la composición de la orina. Estos cambios no son revolucionarios, pero son efectivos. Algunos factores de riesgo, como los antecedentes familiares, están fuera del control de cada persona, pero los hábitos de vida están completamente en sus manos.

Lo que el Dr. Bassa enfatiza una y otra vez es la importancia de no asumir que el problema desapareció porque el dolor se fue. Esa es la ilusión que más daño causa. Un cálculo puede estar obstruyendo silenciosamente, degradando la función renal, mientras el paciente sigue adelante con su vida, creyendo que todo está bien. Es mejor consultar. Es mejor hacer una ecografía. Es mejor saber. Porque la diferencia entre un diagnóstico temprano y uno tardío puede ser la diferencia entre conservar un riñón funcional y perderlo para siempre.

Muchas personas no tienen ni idea que poseen cálculos renales, a pesar de que uno de cada diez individuos puede tenerlos
— Dr. Cristóbal Bassa, urólogo de Clínica Colonial
Es mejor consultar. A veces, los cálculos obstruyen y dejan de doler, y el paciente consulta 5 a 10 años después con el riñón que ya no sirve
— Dr. Cristóbal Bassa
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué tantas personas no saben que tienen cálculos renales si son tan frecuentes?

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Porque simplemente no duelen. Uno de cada diez los tiene, pero la mayoría vive sin síntomas. El cálculo puede estar ahí, quieto, durante años sin causar molestia alguna.

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¿Y cuándo empiezan los problemas?

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Cuando se mueve o crece. Ahí es cuando el dolor puede ser de los más intensos que experimenta una persona. Pero lo peligroso es que algunos cálculos obstruyen sin doler. Dañan el riñón en silencio.

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¿Cómo alguien se da cuenta entonces?

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Por eso el diagnóstico temprano es crucial. Una ecografía o un escáner pueden detectarlos antes de que causen daño irreversible. Algunos pacientes llegan años después, cuando el riñón ya no funciona.

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¿Qué señales debería vigilar alguien?

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Dolor lumbar intenso, sangre en la orina, infecciones urinarias recurrentes. Cualquiera de eso merece una consulta urológica inmediata.

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¿Se pueden prevenir?

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Sí. Beber dos o tres litros de agua diarios es lo más importante. Reducir sal, disminuir carne roja, aumentar frutas y verduras. Son cambios simples pero efectivos.

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¿Y si el dolor desaparece, significa que está resuelto?

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No. Esa es la trampa más peligrosa. El cálculo puede seguir ahí, obstruyendo. Es mejor no asumir nada y consultar con un especialista.

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