En los consultorios de medicina antienvejecimiento, un patrón silencioso se repite: quienes logran perder peso rápidamente con los nuevos medicamentos para la obesidad llegan satisfechos por la báscula, pero perturbados por el espejo. El rostro, privado de su tejido graso de manera acelerada, acusa el cambio con mejillas hundidas y una fatiga que la cifra en la balanza no anticipaba. La especialista María Alejandra Velandia advierte que este fenómeno no es una enfermedad ni el capricho de un fármaco específico, sino la consecuencia predecible de transformar el cuerpo sin acompañar al rostro, y