En la quietud de la madrugada del 15 de agosto, la tierra recordó su propia inquietud bajo los pies de Andalucía. Un terremoto de magnitud 5,2 sacudió las proximidades de Otura, Granada, a apenas diez kilómetros de profundidad, en una región que convive desde siempre con la memoria tectónica del planeta. Como tantas veces en la historia de esta tierra, el movimiento llegó sin aviso y dejó tras de sí la pregunta que siempre sigue: ¿qué vendrá después?