España intenta su primer salto al espacio con el lanzamiento del cohete Miura 1

Siempre preferiremos retrasar el lanzamiento que acabar con un cohete despedazado
La filosofía de seguridad de PLD Space ante un lanzamiento histórico para España.

En la costa de Huelva, dos ingenieros que comenzaron con tres mil euros y una idea hace más de una década pusieron a España ante la posibilidad de unirse al pequeño grupo de naciones capaces de alcanzar el espacio por sus propios medios. El Miura 1, cohete recuperable de PLD Space, no era solo una prueba técnica de doce minutos: era el primer eslabón de una cadena que busca dotar a Europa de soberanía espacial en un momento en que los grandes programas del continente acumulan tropiezos. La historia del acceso al espacio siempre ha sido la historia de quienes se atrevieron a intentarlo cuando el resultado era incierto.

  • España se juega su lugar entre los diez países con acceso espacial propio en un lanzamiento que resume más de una década de trabajo con recursos limitados.
  • Retrasos por pruebas extendidas, condiciones atmosféricas adversas y hasta la romería del Rocío pusieron a prueba la paciencia del equipo antes de que el cohete pudiera siquiera intentar despegar.
  • El vuelo de solo doce minutos debe demostrar tecnología crítica —aerofrenos, paracaídas, recuperación del cohete— que determinará si el Miura 5 puede convertirse en un lanzador comercial real para 2025.
  • El fracaso no sería solo de PLD Space: Europa ya acumula fallos recientes en el Vega, el Starship y la sonda lunar Hakuto-R, y un nuevo tropiezo podría profundizar lo que el sector llama un 'invierno aeroespacial'.
  • El éxito abriría financiación y credibilidad para un proyecto que nació en la España periférica —Elche, Teruel, Huelva— y aspira a competir en el mercado global de lanzamiento de satélites pequeños.

El miércoles por la mañana, en la base aeroespacial del INTA frente a la costa de Huelva, España se preparaba para intentar algo que solo nueve países han conseguido: lanzar un cohete propio al espacio. El protagonista era el Miura 1, un cohete recuperable construido por PLD Space, empresa fundada en 2011 por Raúl Torres y Raúl Verdú cuando ambos tenían poco más de veinte años y apenas tres mil euros de capital inicial.

El Miura 1 no era el destino, sino el primer paso. Su misión real era validar la tecnología necesaria para el Miura 5, un lanzador capaz de transportar hasta 540 kilos a órbita, previsto para 2025, en respuesta a la creciente demanda de poner en órbita miles de satélites pequeños durante la próxima década.

El camino hasta ese miércoles estuvo lleno de obstáculos: pruebas que se extendieron más de lo previsto, ventanas de lanzamiento cerradas por el mal tiempo y hasta la romería del Rocío, que obligó a replantear los protocolos de seguridad en los alrededores de la base. Solo cuando la Virgen regresó a su ermita y el cielo despejó, el equipo pudo retomar la cuenta atrás.

Las semanas previas incluyeron un hot test —encendido del motor a pleno rendimiento durante cinco segundos— y un ensayo general que simuló cada fase del lanzamiento real, incluido el protocolo automático de aborto. Torres fue claro: ante cualquier factor de riesgo, preferirían retrasar antes que perder el cohete.

El vuelo duraría doce minutos. El Miura 1 ascendería hasta ochenta kilómetros de altitud, experimentaría las condiciones del espacio exterior y luego descendería asistido por aerofrenos y paracaídas hacia la costa onubense, para ser recuperado y trasladado a Teruel para el análisis de datos.

Más allá de la prueba técnica, el lanzamiento tenía una dimensión estratégica urgente. El cohete europeo Vega había fallado en 2020, el Starship explotó en abril y la sonda lunar Hakuto-R enmudeció antes de alunizar. Europa recordaba el desastre del Ariane 5 en 2002. Ezequiel Sánchez, presidente de PLD Space, advertía que el continente se asomaba a un posible invierno aeroespacial, y que una iniciativa privada como la suya —con un treinta por ciento de financiación pública— podía ser parte de la solución. El miércoles en Huelva, España intentaría demostrar que sí.

El miércoles por la mañana, entre las ocho y las diez, España intentaría algo que solo nueve países en el mundo han logrado: lanzar un cohete propio al espacio. En la base aeroespacial del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial, situada en la costa de Huelva entre Mazagón y Matalascañas, todo estaba listo para el despegue del Miura 1, un cohete recuperable que representaba más de una década de trabajo de dos ingenieros que comenzaron con poco más que una idea y tres mil euros.

Raúl Torres y Raúl Verdú fundaron PLD Space en 2011 cuando tenían apenas veintitrés y veintidós años. Lo que comenzó como un proyecto de dos jóvenes con recursos limitados, financiado por ellos mismos y sus familias, se había convertido en una empresa que buscaba demostrar que España podía tener su propio programa de transporte espacial. El Miura 1 no era el destino final, sino el primer paso. Su verdadero objetivo era validar la tecnología que permitiría construir el Miura 5, un lanzador de satélites capaz de transportar cargas de hasta 540 kilos, previsto para estar operativo en 2025. Ese lanzador respondería a una demanda real del mercado: la necesidad de poner en órbita más de dos mil quinientos satélites pequeños durante la próxima década.

El camino hacia este miércoles no fue directo. El Ministerio de Defensa había otorgado permiso de lanzamiento para los meses de abril y mayo, pero las pruebas previas se extendieron más de lo previsto. Luego llegaron las condiciones atmosféricas adversas que hicieron imposible el despegue durante la última quincena de mayo. Y después, la romería del Rocío, la peregrinación religiosa que se celebra en los alrededores de la base aeroespacial, obligó a retrasar los planes de seguridad. Con la Virgen de regreso en su ermita y el tiempo mejorando, el cohete finalmente estaba listo.

Las semanas previas habían sido de pruebas exhaustivas. A mediados de mayo, el equipo realizó el hot test, un ensayo estático en el que encendieron el motor a pleno rendimiento durante cinco segundos sin abandonar la plataforma, verificando que todos los sistemas de arranque, temperatura y presión funcionaban correctamente. Antes de eso, habían completado el wet dress rehearsal, un ensayo general que simulaba cada paso del lanzamiento real: la carga de propelentes, la presurización de los tanques, incluso el protocolo automático de aborto en los últimos minutos. Raúl Torres, cofundador y director del lanzamiento, fue claro sobre la filosofía de la empresa: si durante el procedimiento se detectaba el mínimo factor de riesgo, abortarían la operación. Siempre preferirían retrasar el lanzamiento que terminar con un cohete despedazado.

El vuelo en sí duraría apenas doce minutos de tensión pura. Tras la ignición, el Miura 1 —bautizado así en honor a la ganadería brava española— realizaría las maniobras de giro para enfilar la trayectoria prevista. Pasados unos minutos alcanzaría la zona de microgravedad a treinta kilómetros de altitud, continuaría ascendiendo hasta el apogeo a ochenta kilómetros, donde experimentaría las condiciones del espacio exterior. Entonces comenzaría el descenso. Los aerofrenos, reformados tras pruebas anteriores en Teruel, y el paracaídas principal permitirían que el cohete descendiera suavemente hacia la costa onubense. Una vez recuperado, sería trasladado al puerto de Mazagón y después a Teruel para analizar todos los datos de la misión.

Pero este lanzamiento significaba algo más que una prueba técnica. Ezequiel Sánchez, presidente ejecutivo de PLD Space, explicó que el verdadero objetivo era obtener la información necesaria para avanzar hacia el Miura 5 y asegurar la financiación para continuar. El camino no terminaba el miércoles; apenas comenzaba. Los logros que buscaban eran múltiples: el tecnológico, desarrollar un cohete desde cero hasta los tornillos; el geográfico, conseguirlo desde la España periférica, con sede en Elche, centro de pruebas en Teruel y base en Huelva; y el estratégico, evitar que Europa cayera en un invierno aeroespacial.

Ese último punto era crucial. El cohete europeo Vega se había desviado de su trayectoria en noviembre de 2020 poco después de lanzarse desde la Guayana Francesa, perdiendo el primer satélite español de observación terrestre. El Starship de Elon Musk, el más potente de la historia y con un presupuesto más de cincuenta veces superior al del Miura 1, había explotado en abril durante el desacoplamiento de sus dos partes. La sonda Hakuto-R, que intentaba ser la primera nave comercial en posarse en la Luna, había dejado de emitir señales cuando estaba a punto de alunizar. Estos fallos recordaban a Europa lo que había sucedido en diciembre de 2002, cuando el Ariane 5 falló en su primer lanzamiento, deteniendo la combustión de sus motores tres minutos después de despegar y perdiendo dos satélites valiosos.

Sánchez subrayaba que Europa vivía un momento crucial. Una iniciativa privada como PLD Space, con un treinta por ciento de financiación pública, buscaba abrirse paso en un mercado emergente que reclamaba sistemas de transporte confiables. El miércoles en Huelva, España intentaría demostrar que podía ser parte de esa solución.

Si durante el procedimiento del lanzamiento se detecta un mínimo factor de riesgo, se abortará la operativa hasta la próxima ventana de vuelo
— Raúl Torres, cofundador y director del lanzamiento de PLD Space
El Miura 1 es un demostrador tecnológico. Lo lanzamos para conseguir la información y seguir avanzando hacia el Miura 5
— Ezequiel Sánchez, presidente ejecutivo de PLD Space
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué importa tanto que sea España específicamente quien lance este cohete?

Model

Porque hasta ahora, solo nueve países en el mundo tienen esa capacidad. Es acceso independiente al espacio, no depender de otros. Y porque demuestra que la innovación espacial no tiene que venir solo de potencias tradicionales.

Inventor

Pero el cohete es pequeño, ¿no? Ochenta kilómetros de altitud, satélites de 540 kilos...

Model

Exacto. El Miura 1 es un demostrador. Lo que importa es que funcione, que demuestres que tu tecnología es confiable. Eso abre puertas para el Miura 5, que es el que realmente cambia el juego en 2025.

Inventor

¿Qué pasa si falla?

Model

Entonces España espera. Pero Europa entera está en un momento frágil. Acaban de fallar el Vega, el Starship de Musk, la sonda lunar japonesa. Si los proyectos siguen fallando, la inversión se congela. Es lo que llaman invierno aeroespacial.

Inventor

¿Cuánto dinero hay en juego aquí?

Model

El mercado necesita poner en órbita más de dos mil quinientos satélites pequeños en la próxima década. Eso es dinero real. PLD Space tiene el treinta por ciento de financiación pública, pero el resto es privado. Si funciona, otros invertirán.

Inventor

Dos chicos con tres mil euros en 2011. ¿Cómo llegaron hasta aquí?

Model

Trabajo. Doce años de trabajo. Pruebas en Teruel, base en Huelva, sede en Elche. Desarrollaron todo desde cero, incluso los tornillos. Eso es lo que Torres subraya: lo hicieron sin depender de tecnología extranjera.

Inventor

¿Y si todo sale bien el miércoles?

Model

Entonces España entra en la decena de países con acceso al espacio. Pero más importante: demuestra que el modelo funciona. Que una empresa privada española puede competir en un mercado global. Eso atrae inversión, talento, más proyectos.

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