En la mañana del 18 de agosto de 2026, un estudiante de noveno grado llegó armado a su instituto en Zamboanga, al sur de Filipinas, y abrió fuego contra sus compañeros sin provocación aparente, causando la muerte de uno de ellos antes de quitarse la vida. El atacante portaba una cámara corporal que transmitía el tiroteo en directo, convirtiendo un acto de violencia íntima en un espectáculo global. El suceso reaviva una pregunta que muchas sociedades evitan responder: cómo proteger los espacios donde la infancia debería estar a salvo.
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Un estudiante muerto y un agresor suicida en un tiroteo escolar en Zamboanga, Filipinas.