Durante quince años, cuatrocientos mil personas en el Reino Unido han sido testigos involuntarios de una verdad antigua que la ciencia moderna apenas comienza a cuantificar: la naturaleza que nos rodea moldea silenciosamente nuestra biología. Un estudio publicado en BMC Public Health revela que la simple proximidad a jardines y parques reduce el riesgo de diabetes tipo 2 hasta en un 6,8 por ciento, independientemente del tabaquismo, la genética o el alcohol. Lo que durante siglos fue intuición —que vivir entre árboles hace bien— se convierte hoy en argumento de salud pública con implicaciones