En 2003, Jesica Santillán, una joven mexicana de 19 años que había cruzado fronteras en busca de vida, murió en el Hospital de Duke tras recibir órganos de tipo sanguíneo incompatible con el suyo, un error tan elemental que su ocurrencia en uno de los centros médicos más avanzados del mundo sacudió la confianza en la medicina moderna. Su cuerpo rechazó los órganos con una violencia biológica implacable, y cuando llegó una segunda oportunidad, el daño ya era irreversible. La tragedia de Jesica no fue solo la de una familia devastada, sino la de un sistema que olvidó que la grandeza tecnológica
Error fatal en trasplante: le implantaron órganos incompatibles y su cuerpo la destruyó
Jesica Santillán, joven mexicana de 19 años, murió por rechazo hiperagudo tras recibir órganos incompatibles, dejando a su familia devastada.