Era muy poco para mantener a tres familias
El sistema dry lot confina vacas en piquetes a cielo abierto con alimentación suministrada, reduciendo gasto energético y aumentando producción individual significativamente. La empresa familiar integra producción lechera con cultivos de granos en 800 hectáreas, alcanzando índices de 38 litros promedio anual con máximos de 42-43 litros por vaca diaria.
- Familia Monzoni opera 800 hectáreas en Porteña, Córdoba, con 620 vacas en sistema dry lot
- Producción promedio de 38 litros diarios por vaca, máximos de 42-43 litros entre julio y septiembre
- Sistema dry lot confina vacas en piquetes de 70-80 m² por animal con alimentación suministrada
- Tres ordeños diarios aumentaron producción 15% con solo 7% más consumo de alimento
- Empresa integra producción lechera con cultivos de maíz y soja en 800 hectáreas
La familia Monzoni en Córdoba reconvirtió su explotación lechera tradicional al sistema dry lot, aumentando producción de 38 a 42 litros diarios por vaca mediante confinamiento controlado y alimentación especializada.
En el noreste de Córdoba, donde la familia Monzoni ha ordeñado vacas durante más de un siglo, Marcos y Fabio tomaron una decisión que cambió todo. A mediados de los años 2000, cuando sus padres se separaron, los hermanos heredaron un tambo que funcionaba como había funcionado durante generaciones: vacas en pasturas, ritmo lento, producción limitada. Cien veinte animales en cien hectáreas no alcanzaban para sostener a tres familias. Fue entonces cuando comenzaron a preguntarse si había otra forma.
La historia de los Monzoni en la ganadería lechera arranca en 1889, cuando su tatarabuelo llegó desde Lombardía y plantó las primeras vacas en el departamento San Justo. Cada generación continuó el oficio, pero sin cuestionarlo demasiado. Cuando Marcos y Fabio regresaron al campo en 2007, después de trabajar fuera durante años, vieron lo que sus antepasados no habían visto: que el sistema pastoril tenía un techo, y ese techo era bajo. Empezaron a experimentar. Agregaron alimentos concentrados a las pasturas. Incorporaron semen sexado para acelerar el crecimiento de las vaquillonas. Pero estos ajustes fueron apenas el prólogo.
El salto definitivo llegó cuando decidieron adoptar el sistema dry lot, un modelo que invierte la lógica tradicional. En lugar de que las vacas busquen su alimento en el campo, permanecen confinadas en piquetes a cielo abierto durante todo el año, excepto en los momentos de ordeño. La alimentación les llega a ellas. Parece simple, pero requiere precisión obsesiva. Los corrales deben tener pendiente para que el agua escurra, entre 70 y 80 metros cuadrados por vaca, acceso fácil al alimento y al agua, y zonas de descanso. Tres veces por semana pasan un rabasto para limpiar y acumular las deyecciones en camas sobreelevadas. Fabio explica que esto no es lujo: las superficies blandas mejoran el descanso, y el descanso mejora la producción de leche.
Hoy, los Monzoni operan ochocientas hectáreas divididas en dos campos. Mantienen aproximadamente seiscientas veinte vacas, de las cuales alrededor de quinientas veinte están en ordeño. Los piquetes albergan entre cien y ciento diez animales cada uno, un número cuidadosamente calibrado para evitar estrés social. La dieta es uniforme para todas las categorías: silos de alfalfa y maíz como base, grano de maíz producido en el establecimiento, harina de soja, un subproducto con suero de leche adquirido en una planta cercana, pellet de cártamo y semilla de algodón. Los comederos son caños petroleros cortados y recubiertos con goma de cintas transportadoras, diseñados para levantarse y desplazarse sin dejar barro. La ración se distribuye con mixers.
Los números hablan. Con el sistema pastoril, la producción rondaba los treinta litros diarios por vaca. Ahora, con tres ordeños diarios, alcanzan un promedio anual de treinta y ocho litros, con máximos de cuarenta y dos a cuarenta y tres litros entre julio y septiembre. En veranos secos baja a treinta y dos litros, en veranos muy húmedos a veinticuatro o veinticinco. El incremento de tres ordeños diarios aumentó la producción en quince por ciento con apenas siete por ciento más de consumo. Pero Fabio es claro: la alimentación sola no alcanza. Desde 2010 trabajan con Select Debernardi en selección genética, buscando vientres de menor tamaño, bajo consumo de alimento, alta producción de leche, larga vida útil y buenos índices reproductivos. Ahora ponen énfasis en la fortaleza de patas y ubre para evitar infecciones.
La empresa integra la producción lechera con cultivos de granos. El maíz y la soja que cosechan alimentan a las vacas y generan ingresos por venta. Los efluentes líquidos se distribuyen en los potreros agrícolas. Los residuos sólidos de los piquetes se utilizan como material de cama, y cuando hay exceso se amontona, se estabiliza y se distribuye en las pasturas. Los terneros machos reciben monitoreo intenso en las primeras semanas y luego se recrian en un feedlot propio hasta los trescientos cincuenta kilos, cuando se venden a matarifes que reconocen precio diferencial por calidad. Las hembras se crían con dieta menos intensa para evitar exceso de engrasamiento en la ubre.
Pero el sistema no es sin fricciones. En períodos de lluvias intensas, los corrales acumulan barro, lo que aumenta mastitis y afecciones podales que terminan en descarte de animales. Fabio lo advierte sin eufemismos. Además, la empresa tiene veinticuatro empleados, y no todos están preparados para trabajar en entornos de alta interacción. Marcos admite que esto los llevó a contratar un equipo de coaching para mejorar relaciones interpersonales y clima laboral. Mirando adelante, los Monzoni anticipan cambios en los sistemas de pago, que podrían dejar de basarse en el precio por litro para considerar sólidos de leche. Ya están usando herramientas genómicas para acelerar esa adaptación. Lo que comenzó como una necesidad de supervivencia en 2007 se convirtió en un modelo de intensificación y eficiencia que ha transformado el patrimonio de la familia.
Citas Notables
Era muy poco para mantener a tres familias y eso nos llevó a buscar nuevos sistemas que permitieran incrementar la facturación— Marcos Monzoni
No es posible alcanzar objetivos productivos ambiciosos solamente con la alimentación— Fabio Monzoni
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué el dry lot funciona mejor que dejar que las vacas pasten?
Porque la vaca que busca alimento en el campo gasta energía en caminar. Esa energía podría convertirse en leche. En el dry lot, le traes el alimento. Ella descansa más, produce más.
Pero eso suena a confinamiento. ¿No sufren las vacas?
Es confinamiento, sí, pero controlado. Necesitas espacio suficiente, sombra, drenaje, camas blandas. Si lo haces mal, se enferman. Si lo haces bien, descansan mejor que en el campo.
¿Cuál fue el momento en que los Monzoni supieron que tenían que cambiar?
Cuando volvieron en 2007 y vieron que cien vacas en cien hectáreas no alimentaban a tres familias. No era un fracaso del sistema pastoril. Era que el sistema pastoril tiene un techo, y ellos necesitaban crecer.
¿Qué es lo más difícil de mantener un dry lot?
La gestión de las deyecciones. En lluvia, se convierte en barro, y el barro trae mastitis, problemas en las patas. Tienes que raspar los pisos constantemente, hacer camas elevadas, drenar bien. Es trabajo constante.
¿Y qué pasa con los empleados? ¿Aceptan trabajar así?
No automáticamente. Marcos dice que necesitaron coaching. Veinticuatro personas trabajando en espacios cerrados, con vacas estresadas si algo falla, con ritmo intenso. Eso genera tensión. Tuvieron que aprender a trabajar juntos.
¿Hacia dónde va esto? ¿Es el futuro de la lechería?
Para quienes pueden invertir, sí. Pero requiere capital, conocimiento, disciplina. Los Monzoni ya están pensando en cambios de pago basados en calidad de leche, no solo volumen. El próximo paso es siempre más complejo que el anterior.