Enfrentamientos violentos entre Policía israelí y palestinos en mezquita de Al-Aqsa

Al menos 59 palestinos heridos fueron hospitalizados según la Media Luna Roja; tres policías israelíes sufrieron heridas leves.
El ciclo de represalias continúa sin resolución a la vista
Los enfrentamientos en Al-Aqsa reflejan una escalada más amplia de violencia entre israelíes y palestinos.

En el corazón de Jerusalén, donde lo sagrado y lo político se entrelazan desde hace siglos, la madrugada del viernes volvió a convertir la explanada de Al-Aqsa en escenario de violencia. Decenas de jóvenes palestinos y fuerzas de seguridad israelíes se enfrentaron durante el Ramadán, dejando al menos 59 heridos palestinos y reavivando el eterno interrogante sobre si este ciclo de represalia y escalada tiene salida. El incidente no es un hecho aislado, sino un eslabón más en una cadena de tensiones que amenaza con repetir los errores del pasado.

  • A las cuatro de la mañana, mientras miles de fieles rezaban en Al-Aqsa, decenas de jóvenes irrumpieron con banderas de Hamás lanzando piedras y fuegos artificiales, incluso hacia el Muro de los Lamentos.
  • La respuesta israelí con gases lacrimógenos y granadas aturdidoras convirtió el recinto sagrado en campo de batalla, con imágenes de palestinos buscando refugio dentro de la propia mezquita.
  • La Media Luna Roja Palestina denunció que las ambulancias fueron obstaculizadas durante la evacuación, agravando el costo humano de al menos 59 heridos hospitalizados.
  • Un fotoperiodista fue agredido durante los enfrentamientos, mientras Israel y fuentes palestinas ofrecían versiones contradictorias sobre si las fuerzas de seguridad ingresaron al interior del templo.
  • El episodio se inscribe en una espiral de violencia previa: catorce israelíes muertos en semanas recientes y operaciones de arresto en Cisjordania que ya habían cobrado vidas palestinas.
  • Los paralelismos con el Ramadán de 2021 —que desembocó en once días de conflicto abierto— sitúan estos enfrentamientos como una señal de alarma sin resolución visible en el horizonte.

En la madrugada del viernes, mientras miles de fieles se encontraban en oración dentro de la mezquita de Al-Aqsa, decenas de jóvenes palestinos marcharon hacia el complejo portando banderas de Hamás y de la Autoridad Nacional Palestina. Alrededor de las cuatro de la mañana comenzaron a lanzar piedras y fuegos artificiales en el área, con proyectiles dirigidos incluso hacia el Muro de los Lamentos. La escalada fue rápida.

Las fuerzas de seguridad israelíes respondieron con gases lacrimógenos y granadas aturdidoras. Videos en redes sociales mostraban a palestinos arrojando piedras contra los uniformados mientras otros buscaban refugio dentro del templo. Israel aseguró que sus agentes no ingresaron al interior de la mezquita, aunque versiones iniciales apuntaban lo contrario. Tres policías israelíes resultaron levemente heridos.

El saldo fue mucho más grave del lado palestino: al menos 59 heridos hospitalizados según la Media Luna Roja, organización que además denunció que las fuerzas israelíes obstaculizaban el trabajo de las ambulancias. Entre los afectados se encontraba el fotoperiodista Rami Al-Khatib, agredido durante el asalto al complejo.

Los hechos no surgieron de la nada. Catorce israelíes habían muerto en ataques atribuidos a palestinos durante las semanas previas, y las operaciones de seguridad israelíes en Cisjordania habían derivado en más muertes palestinas. La tensión acumulada encontró en Al-Aqsa, durante el Ramadán, su punto de ignición, evocando los enfrentamientos de 2021 que escalaron hacia once días de conflicto abierto. El ciclo de represalias continúa sin señales de resolución.

En la madrugada del viernes, mientras miles de fieles se encontraban dentro de la mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén, decenas de jóvenes palestinos marcharon hacia el complejo religioso portando banderas de Hamás y de la Autoridad Nacional Palestina. Según reportes de la Policía israelí, alrededor de las cuatro de la mañana comenzaron a lanzar piedras y fuegos artificiales en el área, incluyendo proyectiles dirigidos hacia el Muro de los Lamentos. Lo que sucedió después fue una escalada rápida de violencia que dejaría decenas de heridos y reavivería las tensiones que caracterizan a esta región.

Las fuerzas de seguridad israelíes respondieron con gases lacrimógenos y granadas aturdidoras. Videos que circulaban en redes sociales mostraban a palestinos arrojando piedras contra los uniformados, mientras otros buscaban refugio dentro de la mezquita. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel publicó material que aseguraba que los agentes policiales no ingresaron al interior del templo, contrario a lo que algunos reportes iniciales indicaban. Tres policías israelíes resultaron con heridas leves, dos de los cuales recibieron atención médica en el lugar.

El costo humano fue considerablemente mayor del lado palestino. La Media Luna Roja Palestina reportó al menos 59 heridos hospitalizados como resultado de los enfrentamientos. La organización también señaló que las fuerzas de seguridad israelíes obstaculizaban el trabajo de las ambulancias, complicando los esfuerzos de evacuación y atención médica. Entre los afectados estaba el fotoperiodista Rami Al-Khatib, quien fue agredido por soldados durante el asalto al complejo de Al-Aqsa.

Estos enfrentamientos no ocurrieron en el vacío. Sucedieron en el contexto de una escalada de violencia más amplia: catorce israelíes habían muerto en ataques que las autoridades atribuyen a palestinos durante las semanas previas. En respuesta, las fuerzas de seguridad israelíes llevaron a cabo una serie de arrestos en Cisjordania que desembocaron en más violencia, resultando en la muerte de varios palestinos. La tensión acumulada en la región había alcanzado un punto crítico.

Lo que sucedió en Al-Aqsa el viernes por la mañana evocó los eventos del Ramadán del año anterior, cuando la ciudad sagrada fue escenario de protestas y enfrentamientos que escalaron hacia un conflicto de once días entre las milicias de Hamás e Israel. Entonces, como ahora, el mes sagrado musulmán y la presencia de miles de fieles en los lugares de culto creaban un escenario volátil donde cualquier chispa podía encender un fuego más grande. Los enfrentamientos de esta madrugada sugieren que esa volatilidad persiste, y que el ciclo de represalias y escalada continúa sin resolución a la vista.

Hombres enmascarados lanzan piedras y fuegos artificiales, profanando la mezquita de Al-Aqsa. Contrariamente a los informes falsos, las fuerzas policiales no entraron en la mezquita
— Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué sucedió esto precisamente en ese momento, a las cuatro de la mañana?

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Porque es cuando menos gente está en las calles, cuando los movimientos pueden ocurrir con menos visibilidad. Pero también porque miles de fieles ya estaban dentro de la mezquita para las oraciones matutinas. El timing lo convierte en un acto deliberado, no accidental.

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¿Quién exactamente marchó hacia Al-Aqsa? ¿Fue una protesta organizada o algo espontáneo?

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Los reportes hablan de decenas de jóvenes enmascarados portando banderas de Hamás y de la Autoridad Nacional Palestina. Eso sugiere cierta coordinación, cierta intención política. No era simplemente gente que pasaba por ahí.

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La Policía israelí dice que no entró en la mezquita. ¿Es eso creíble?

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Publicaron videos para demostrarlo. Pero la realidad es que usaron gases lacrimógenos y granadas aturdidoras en el complejo, lo que significa que el enfrentamiento ocurrió en espacios donde los fieles estaban rezando. Entrar o no entrar en el edificio es casi una cuestión semántica cuando hay armas químicas siendo usadas afuera.

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¿Cuál es el contexto más amplio aquí? ¿Por qué esto importa ahora?

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Porque catorce israelíes murieron en ataques en las semanas previas. Israel respondió con arrestos masivos en Cisjordania. Eso generó más muertes palestinas. Cada acción genera una reacción. Al-Aqsa se convierte en el punto de ignición donde toda esa tensión acumulada explota.

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¿Esto es diferente a lo que pasó el Ramadán pasado?

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No, es el mismo patrón. El Ramadán pasado llevó a once días de conflicto entre Hamás e Israel. Ahora estamos viendo los mismos ingredientes: un lugar sagrado, miles de fieles, jóvenes palestinos confrontacionales, fuerzas de seguridad israelíes respondiendo con fuerza. La pregunta es si esto se queda como un enfrentamiento aislado o si se convierte en algo más grande.

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