No son atajos milagrosos, sino herramientas médicas que funcionan solo con acompañamiento profesional
En un momento en que la promesa de soluciones rápidas seduce a millones, la endocrinóloga Milena Castillo recuerda que los medicamentos tipo Ozempic no son atajos mágicos, sino herramientas médicas que exigen supervisión, contexto clínico y transformación genuina de hábitos. Su llamado, hecho desde Colombia pero con resonancia universal, invita a reemplazar la desinformación con comprensión: la obesidad es una enfermedad crónica, y tratarla bien requiere tanto ciencia como compromiso humano.
- El auge de los agonistas de GLP-1 ha disparado una ola de automedicación peligrosa, pues muchos los consiguen sin receta como si fueran medicamentos de mostrador.
- Mitos alarmistas sobre pancreatitis, ceguera y el llamado 'efecto rebote' generan miedo injustificado y alejan a pacientes que sí podrían beneficiarse del tratamiento.
- La especialista desmonta cada mito con evidencia clínica: los efectos secundarios son generalmente leves, y el rebote de peso ocurre solo cuando no se acompañan de cambios reales en el estilo de vida.
- En Colombia, el acceso está regulado: solo dos fármacos tienen aval del Invima, su costo mensual puede superar el millón de pesos, y el camino correcto pasa siempre por el médico.
La endocrinóloga Milena Castillo se presenta ante los medios con una misión precisa: deshacer la idea de que Ozempic y sus similares son píldoras milagrosas al alcance de cualquiera. En Colombia, el interés por estos tratamientos ha crecido de forma exponencial, pero con él ha llegado una nube espesa de desinformación.
El primer mito que enfrenta es el más peligroso: creer que estos fármacos se compran libremente. Los agonistas de GLP-1 actúan sobre hormonas que regulan el hambre y la saciedad, modificando las señales que el cerebro recibe sobre el apetito y ralentizando el vaciamiento gástrico. Por eso, su uso debe estar siempre supervisado por un médico con experiencia en obesidad. Están indicados principalmente para personas con diagnóstico de obesidad —hoy reconocida como enfermedad crónica— o con sobrepeso que ya presentan complicaciones como diabetes, hipertensión o apnea del sueño.
Sobre el temido efecto rebote, Castillo es enfática: el tratamiento farmacológico debe ir acompañado de educación nutricional, planes de alimentación personalizados y actividad física regular. Cuando esos cambios se sostienen, el peso perdido se mantiene. Sin ese acompañamiento integral, el fracaso es probable.
Los efectos secundarios existen, pero son generalmente leves: náuseas, estreñimiento, diarrea o leves dolores de cabeza. La llamada 'cara Ozempic' no es un fenómeno exclusivo de estos medicamentos, sino la consecuencia natural de perder grasa en todo el cuerpo, incluida la cara. En cuanto a los mitos más alarmistas —pancreatitis y ceguera—, Castillo los descarta con claridad: los estudios clínicos no pudieron atribuir los escasos casos de pancreatitis al medicamento, y no existe asociación comprobada con la pérdida de visión.
En Colombia, solo dos agonistas de GLP-1 cuentan con aval del Invima: la liraglutida diaria y la semaglutida semanal, con costos que van desde 200.000 hasta más de un millón de pesos mensuales. Para Castillo, el verdadero avance no está en los fármacos en sí, sino en que los pacientes comprendan la obesidad como lo que es: una enfermedad crónica que exige tratamiento serio, no atajos.
Milena Castillo, médica internista y endocrinóloga especializada en obesidad, se sienta frente a los periodistas con una misión clara: desmontar la idea de que Ozempic y sus medicamentos similares son píldoras milagrosas que cualquiera puede comprar en una farmacia. En Colombia, como en el resto del mundo, el interés por estos tratamientos ha crecido exponencialmente, pero con él ha llegado también una nube de desinformación que Castillo se propone dispersar.
El primer mito que ataca es quizás el más peligroso: la creencia de que estos fármacos son de venta libre. "Todo el mundo cree que pueden comprarlos como si fueran acetaminofén", advierte la especialista. La realidad es distinta. Los agonistas de GLP-1 son medicamentos que actúan sobre hormonas cruciales en el control del hambre y la saciedad. Funcionan modificando las señales que el cerebro recibe sobre el apetito, reduciendo la ansiedad por comer y aumentando la sensación de plenitud. Por esta razón, su uso debe estar siempre supervisado por un médico con experiencia en obesidad. En Colombia, el camino es claro: primero consulta con el médico general, luego evaluación de laboratorio, y finalmente derivación a especialistas como endocrinólogos, cardiólogos o internistas, según el caso.
Castillo explica que estos medicamentos están indicados principalmente en personas diagnosticadas con obesidad, ahora reconocida como una enfermedad crónica tratable, especialmente cuando hay riesgo de complicaciones como hipertensión, diabetes, apnea del sueño o alteraciones en los niveles de glucosa. También pueden usarse en personas con sobrepeso que ya padecen alguna de estas condiciones. El mecanismo es doble: actúan en el sistema nervioso central modificando las señales hormonales que facilitan decisiones sobre la alimentación, y simultáneamente ralentizan el vaciamiento gástrico en el estómago, generando mayor sensación de saciedad. Los beneficios van más allá de la pérdida de peso: estos medicamentos también disminuyen la resistencia a la insulina.
Uno de los temores más comunes entre los pacientes es el "efecto rebote": la idea de que recuperarán todo el peso perdido apenas dejen de tomar el medicamento. Castillo es enfática en su respuesta: el tratamiento farmacológico debe acompañarse siempre de cambios reales y sostenibles en los hábitos de vida. Esto significa educación nutricional, planes de alimentación personalizados y actividad física regular. Cuando estos cambios se mantienen en el tiempo, los pacientes logran conservar el peso que perdieron. Sin este acompañamiento integral, el fracaso es probable.
Respecto a los efectos secundarios, la especialista aclara que, como cualquier medicamento, estos agonistas pueden causar eventos adversos, aunque generalmente son leves y manejables: náuseas, sensación de plenitud, dolores de cabeza leves, estreñimiento o diarrea. Un fenómeno que circula en redes sociales es la llamada "cara Ozempic", una apariencia facial que algunos atribuyen exclusivamente a estos medicamentos. Castillo lo desmiente: lo que ocurre es que con la pérdida de peso disminuye el volumen de grasa en todo el cuerpo, incluyendo la cara, un efecto que no es específico de estos fármacos.
La especialista también aborda dos mitos particularmente alarmistas que circulan en internet. El primero vincula estos medicamentos con pancreatitis. "Es un mito", afirma. Los estudios clínicos registraron muy pocos casos y no fue posible atribuirlos al medicamento. El segundo temor es la ceguera. "No hay asociación entre el uso de estos agonistas y la ceguera", aclara. Lo que sí puede ocurrir son alteraciones visuales leves y transitorias cuando la glucosa baja muy rápidamente, pero se resuelven por sí solas.
En Colombia, solo dos agonistas de GLP-1 están autorizados por el Invima para el tratamiento de la obesidad: la liraglutida en dosis diaria de 3 miligramos y la semaglutida de aplicación semanal. El costo varía según la dosis y el medicamento elegido, oscilando entre 200.000 pesos mensuales y más de un millón de pesos. Para Castillo, el verdadero avance no está en la disponibilidad de nuevos fármacos, sino en un cambio fundamental de percepción: que los pacientes entiendan la obesidad como lo que realmente es, una enfermedad crónica tratable con consecuencias graves si se ignora. Su mensaje final es directo: estos medicamentos no son atajos milagrosos, sino herramientas médicas que funcionan solo cuando se usan con criterio profesional y se acompañan de cambios reales en el estilo de vida.
Notable Quotes
Todo el mundo cree que es de venta libre, que los pueden comprar como si fueran acetaminofén, y no es así— Milena Castillo, endocrinóloga especializada en obesidad
El tratamiento farmacológico debe ir acompañado de hábitos y cambios en hábitos de vida saludable. Cuando hay cambios sostenibles en el tiempo, esos pacientes pueden mantener el peso que perdieron— Milena Castillo
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué insiste tanto en que estos medicamentos no son de venta libre? ¿Qué riesgo hay si alguien los compra sin supervisión?
Porque actúan directamente sobre los mecanismos que controlan el hambre. Si alguien los toma sin evaluación médica previa, nadie sabe si tiene contraindicaciones, si está tomando otros medicamentos que interactúen, o si realmente necesita este tratamiento. Además, sin acompañamiento, el efecto rebote es casi seguro.
Entonces el medicamento por sí solo no es suficiente.
No. El medicamento es solo una herramienta. La verdadera transformación ocurre cuando hay cambios sostenibles en la alimentación, actividad física y educación nutricional. Sin eso, es como tener un auto de carreras pero no saber manejar.
¿Cuál es el mito más peligroso que ha escuchado?
Probablemente la idea de que causa ceguera o pancreatitis. Eso asusta a la gente y los aleja de un tratamiento que podría ayudarles. Los estudios no respaldan eso, pero las redes sociales amplifican el miedo más que la evidencia.
¿Y la "cara Ozempic" que todos ven en las redes?
Es pérdida de peso. Cuando pierdes grasa, pierdes grasa en todo el cuerpo, incluyendo la cara. No es un efecto del medicamento, es la consecuencia natural de adelgazar. Pero en redes lo presentan como si fuera una deformidad exclusiva.
¿Qué debería hacer alguien que quiere acceder a estos medicamentos en Colombia?
Consultar primero con su médico general. Ese médico hace la evaluación inicial, ordena los exámenes necesarios y, si es apropiado, lo refiere a un especialista. No hay atajo. El sistema está diseñado así por una razón: proteger al paciente.